
Si viajáramos en el tiempo al pasado y nos encontrásemos con el joven Javier Milei bajo los tres palos de Chacarita la sola idea de escuchar la frase “ni un gol” sería recibida como un enorme elogio por aquel temperamental arquero. Si lo pensamos como la falta de eficacia, eficiencia o resultados frente al arco adversario ya estamos en problemas. Si la situación se extiende en el tiempo, los futboleros sabemos que la permanencia del técnico al frente del equipo corre peligro.
Esto, que parece una metáfora, no lo es tanto cuando vemos la falta de logros del gobierno en el primer semestre por un lado y las declaraciones desopilantes del propio Milei al sitio estadounidense “Free Press”, donde efectivamente se reconoce viajero del tiempo, pero del futuro. Se autocalifica como un “Terminator” que viene “de un futuro apocalíptico para evitarlo”. De paso, se define como un topo dentro del Estado con el objetivo de destruirlo.
Lo cierto es que para reflexionar sobre estos seis meses de MiIei en el gobierno resulta necesario hacerlo desde cuatro aspectos que, a mi entender, son inseparables. El primero de ellos es el carácter del Presidente, su estilo, su talante y mesianismo. El segundo es la ausencia de gestión del Estado. El tercero, los problemas de funcionamiento de la economía en los niveles macro y micro. Y el cuarto, la política exterior; aunque suene raro con los otros tres elementos conjugados nos ayudan a sacar las conclusiones que preocupan.
1. Se debate sobre la personalidad de Milei. Su talante, su violencia verbal, su pedagogía de la crueldad, ya son un sello. Pareciera que el goce del sufrimiento, la indolencia, la descalificación permanente, más allá de ser aspectos a analizar por la psicología, claramente resultan bienvenidos para un sector de la sociedad rendida al odio y la frustración. Al mismo tiempo, son festejadas por un sector del periodismo que antes se decía republicano o defensor de la democracia. Esa democracia que hoy sufre. Pero no, se reivindica la crueldad. Este talante se traslada a la ausencia de gestión en el Estado: “Soy un topo vine a destruirlo desde adentro”, “si no llegan a fin de mes estarían muertos” o viendo su indiferencia y comentarios mientras se desmayan a su lado alumnos del secundario. Los valores de empatía, amor, solidaridad y cooperación que tiene que transmitir un líder a su sociedad están ausentes. ¿Dejarías a tus hijos al cuidado de Milei? Dice la encuesta. Sólo el 15% dijo que sí. La excentricidad y la megalomanía pueden ser características llamativas para un “influencer”, no para un Jefe de Estado.
2. La ausencia de gestión del Estado. “No se puede gestionar bien algo que se desprecia”, dijo un ex funcionario. Vengo sosteniendo que la caracterización del Estado como una organización criminal y la negación en clave terraplanista de los roles determinantes que ha ocupado el Estado para construir sociedades de bienestar o de buen vivir a nivel global u “occidental” -palabra que desempolvó el gobierno del arcón de la Guerra Fría-, ha derivado en la inoperancia en la gestión. El desapego a temas extraeconómicos, el abandono de funciones esenciales y la improvisación trajo como consecuencia hasta ahora, más de 40 funcionarios renunciados. Una sucesión de escándalos con el papelón del gas, la mega marcha de las universidades, el choque de trenes, la canallesca situación con alimentos, el affaire de los contratos truchos. Ministerios armados para no gestionar. Capítulo aparte para el proyecto de “ley Bases” que entre la delegación de facultades y el régimen RIGI pone a la Argentina en un camino de horror y entrega. Todo un experimento con fuerza destructora que va a costar mucho recomponer.
3. Los problemas de la economía son el tercer punto a analizar esta realidad. Las medidas tendientes a lograr el loable objetivo que deseamos todos de bajar la inflación y equilibrar las cuentas fiscales, generó con la devaluación provocada y la desregulación de precios de alimentos, servicios, prepagas, mas inflación. Este impacto en el bolsillo de los argentinos que vieron licuados salarios y jubilaciones, fulminó a la clase media y generó un aumento de la pobreza. El costo de intentar ordenar la macroeconomía con un plan financiero, no económico, destruyó la actividad. La caída de la actividad industrial, de la construcción, de las ventas y el aumento del desempleo muestran que el gobierno no tiene plan para esto. Los números recientes muestran el derrumbe de la economía real. Vamos a un país con una economía reprimarizada, un modelo neocolonial. Esto no es sustentable para un país de 47 millones de habitantes. Casualmente en estos días el mismo FMI advirtió acerca del impacto del ajuste para que la carga del mismo no recaiga sobre los pobres y las familias trabajadoras, así como la necesidad de que las reformas macroeconómicas sean sustentables y el apoyo político mayor, algo que Milei se ocupa en dinamitar.
4. Con respecto a la política exterior, que debería ser la política en su más alta versión, la sucesión de viajes privados, sin agenda de Estado, se transforma en un ejercicio de “diplomacia privada o personal” tendiente a encontrar validación personal y autolecebrarse. Por eso digo que los cuatro ejes se vinculan entre sí. No puede entenderse la forma que tiene Argentina de relacionarse con el mundo sin vincularlo con la personalidad de Milei. Sus insultos y agresiones recurrentes a otros jefes de Estado o países ¿hablan de los agredidos o de quien insulta? Para pensarlo.
Por otro lado, su obsesión con los tecnomagnates Altman, Zuckerberg o Musk nos hace preguntarnos: ¿realmente debe estar en ese lugar la defensa del interés nacional de Argentina? Su dogmatismo político religioso nos ha colocado en un lugar bastante indeseable hoy en la comunidad internacional. Todo esto sin ningún beneficio para el país. Ni Malvinas, ni el multilateralismo, ni la mirada regional y mucho menos la tradicional política de Derechos Humanos de Argentina forman parte de la agenda de Milei. Eso sí, hoy es un referente de la ultraderecha global, pero muy particular. Es el único antinacional y (neo)liberal. Todos son proteccionistas y nacionalistas.
Milei fue votado para resolver problemas que tenía Argentina. Hasta ahora no sólo no lo hizo. Los está agravando. Todas las variables económicas, sociales y humanas dicen eso. Hoy es un profeta sin gestión. A veces todo parece un desquicio. Hacer silencio o fingir demencia no es el camino. Marcar errores, proponer ideas y propuestas alternativas es el desafío para una Argentina que estaba mal y está peor, pero que necesita otra agenda. Sin inflación, con cuentas sanas, con un Estado reformado pero inteligente, una industria diversa, modernizada y una dirigencia renovada sin distinciones sectarias ni partidarias.
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