El Gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, opinó a modo de advertencia a la población que, ante una posible derrota del oficialismo en las próximas elecciones, la oposición quiere “imponer orden por medio del fuego y del derramamiento de sangre”.
Axel Kicillof no se quedó atrás y sostuvo que “la derecha” está dispuesta a “asesinar gente”, aseverando que “…la derecha tiene muchos candidatos pero un solo proyecto, el proyecto del ajuste. Y si para llevar adelante el ajuste tienen que ir a reprimir, a asesinar, (...), a violar los derechos humanos, están dispuestos a hacerlo”.
Estas declaraciones no aportan al debate público ni robustecen el sistema democrático. Son imprudentes e irresponsables porque Argentina tiene un pasado trágico, cargado de violencia, intolerancia y mesianismo, que a 40 años de la recuperación democrática aún arroja sombras sobre el presente. La violencia como instrumento político es el fracaso de una sociedad madura, civilizada, moderna y, expresa no solamente la negación por las ideas ajenas sino la escasa confianza en las propias.
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Nadie puede negar, la importancia que reviste para una sociedad democrática el pleno y libre ejercicio de la libertad de expresión, por cuanto, por medio de ella, las personas tienen a su alcance la herramienta esencial para defender sus derechos. Así, el derecho a la libertad de expresión, como derecho humano fundamental esta reconocido y garantizado por nuestra Constitución histórica y los instrumentos internacional de derechos humanos con jerarquía constitucional.
Necesitamos más y mejor debate público con propuestas e ideas de cada uno de los sectores políticos porque lo que estamos discutiendo en este proceso electoral es nada más y nada menos que el futuro y el modelo de país en el que los argentinos vamos a vivir los próximos años.
El Profesor de la Universidad de Yale, Owen Fiss decía que ”…permitimos a las personas que hablen para que otras puedan votar. La expresión de opiniones permite a las personas votar inteligente y libremente, conociendo todas las opciones y poseyendo toda la información relevante”. Aquí esta el núcleo de estas declaraciones, por cuanto, nuestra dirigencia debe expresarse, emitir sus opiniones que permitan forman una idea libre al ciudadano a la hora de votar.

La sociedad tiene el derecho a escuchar las opiniones, información y opciones de forma libre, respetando el pluralismo, mediante la tolerancia y con un espíritu de apertura, que debe robustecer una mejor convivencia y una sociedad democrática. Amenazar, infundir miedo o incitar a la violencia desnuda mejor que nada a quien lo hace porque, como bien lo expresaba el escritor Isaac Asimov, “la violencia es el último recurso del incompetente”.
Las palabras comunican, expresan una actitud, una intención y un significado, por eso debemos demandar a los candidatos transparencia y responsabilidad en sus opiniones. La banalización de la palabra, la violencia en las mismas afectan el sistema democrático, por ello es fundamental que nuestra clase dirigente comprenda el efecto social de la utilización de las palabras, sin degradar o alterar su esencia, y tal vez ésta sea una buena oportunidad para recuperar otras como respeto, tolerancia, consenso, transparencia y responsabilidad, porque con ellas se imponen “valores” y se construye ciudadanía.
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