Argentina frente al futuro del trabajo

La digitalización, la inteligencia artificial, la robótica y las nuevas tecnologías para automatizar los procesos de producción y comercialización están transformando el mercado laboral como nunca en la historia

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Seis de cada diez personas que están leyendo esta nota trabajan en profesiones que corren riesgo de ser reemplazadas por máquinas en tan sólo ocho años. La estadística no es inventada ni a ojo. Corresponde a un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hecho en base a las características propias del mercado laboral argentino. ¿Tenemos que preocuparnos?

Mientras giramos en torno a la discusión sobre si está bien seguir aumentando los planes sociales o si deberíamos en realidad crear más puestos de trabajo en la industria tradicional, el futuro tiene otros planes. O pone otros factores sobre la mesa de debate.

La digitalización, la inteligencia artificial, la robótica y las nuevas tecnologías para automatizar los procesos de producción y comercialización están transformando el mercado laboral como nunca en la historia. Y no. Esto no está ocurriendo sólo en Corea del Sur, en Estados Unidos o Israel, sino que lo vemos día a día, permanentemente, en todo el mundo.

Lo vemos cuando configuramos el GPS para ir al trabajo y un sistema de inteligencia artificial nos recomienda la mejor ruta. Lo vemos cuando vamos a comprar el almuerzo a los minimarket 100% automatizados que se empezaron a instalar recientemente en el microcentro. Lo vemos también si nos toca ir a comprar un medicamento a una de las más de 50 farmacias que, en todo el país, incorporaron robots para administrar y gestionar stock y despacho de productos. Y lo vemos, por supuesto, cuando un sistema de machine learning que llevamos con nosotros en nuestro bolsillo nos recomienda ver una película que – casualmente – coincide con nuestros gustos, de los cuales viene aprendiendo hace años. Estamos hablando de Netflix.

El futuro llegó hace rato… como dicen. Pero parecería que no nos enteramos del todo. La imagen de un cajero que nos cobra, como la de un trabajador de peaje, o incluso, aunque parezca increíble, la de un contador o un asistente legal poco a poco están quedando en la historia. De acuerdo con el sitio willrobotstakemyjob.com estas últimas dos profesiones tienen más de 90% de posibilidad de ser reemplazadas por máquinas. Compruébelo usted mismo.

¿Nos van a reemplazar las máquinas?

Sí pero no. Según un informe del Foro Económico Mundial, para 2025 la nueva división del trabajo va a eliminar 85 millones de empleos pero, al mismo tiempo, se van a crear más de 97 millones nuevos. El saldo es positivo. Pero nos obliga a reconvertirnos y a repensarnos. A nivel individual y también colectivo.

Todavía no sabemos con exactitud cuáles van a ser los empleos del futuro, pero sí que se sabe que estarán relacionados a tecnología y a habilidades blandas o humanísticas, como el pensamiento crítico, la empatía, el trabajo en equipo y la creatividad.

Como legislador me toca entonces preguntarme, ¿Nuestro sistema educativo está preparando a más jóvenes para los trabajos del mañana? ¿Nuestro esquema de incentivos a la producción, tiene en cuenta que las fábricas del futuro son los cerebros de los trabajadores? La respuesta no los sorprenderá.

Argentina corre con una ventaja: tiene un capital humano altamente calificado para las industrias que se vienen, y organizaciones muy pujantes. El ecosistema de la industria del conocimiento es dinámico y prometedor. Pero si no empezamos a poner estos temas en el centro de la discusión, corremos el riesgo de que nos pasen por encima.

Para un servidor público mirar al futuro no es una opción. Es una obligación.

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