La relación que la ciudadanía tiene con la comunicación gubernamental es cotidiana y atraviesa su vida por completo. Sin embargo, esa relación tiene momentos muy diversos: la comunicación de los planes y de las políticas en el “vamos a aumentar la inversión”; de los resultados en “la economía creció 10% en 2021″; la explicación de los sucesos en el “hemos puesto todas nuestras fuerzas para ayudar”.
El 1° de marzo es el momento de “parar la pelota”, poner una pausa a la acción y tomarse un respiro para entender cómo estamos y hacia dónde vamos como Nación. La Constitución atribuye al Presidente tres tareas: la apertura de las sesiones del Congreso, la explicación sobre el estado de la Nación y la recomendación de medidas para el año legislativo que se inicia. Por eso, el informe sobre el estado de la Nación es un momento estratégico para hacer público los resultados alcanzados y fijar las prioridades de políticas que orientarán la acción de gobierno. Contribuyen con la transparencia y la comunicación del Gobierno.
Los informes hacen a la calidad institucional de la democracia por tres aspectos. En primer lugar, otorgan relevancia política a los mecanismos de rendición de cuentas. En segundo, funcionan como una instancia de determinación de objetivos y propuestas que guían la acción pública. Finalmente, permiten observar la calidad de la información disponible en la toma de decisiones (validez, accesibilidad, apertura y publicidad). El informe es un recurso para establecer un posicionamiento político, marcar el tono de gobierno en cuanto al contenido y foco de las políticas públicas, y transmitir sus prioridades de gobierno tanto como las características de la gestión.
Además, es una oportunidad para llegar al conjunto de la ciudadanía con una comunicación directa. Por eso, la estructura, el lenguaje y los datos que se presentan son importantes para lograr una difusión amplia del mensaje que se busca pasar. Una comunicación está en lenguaje claro si la lengua, la estructura y el diseño son tan claros que el público al que está destinada puede encontrar fácilmente lo que necesita, comprende lo que encuentra y usa esa información.
La claridad es un derecho de la ciudadanía. CIPPEC revisó los últimos 26 informes sobre el estado de la Nación, de acuerdo a la escala INFLESZ de legibilidad de un texto y encontró que el 52% de los informes tuvieron un grado de complejidad “algo difícil” (Fernández, Kirchner, Duhalde y Menem), mientras que el 44% tuvo una complejidad “normal” (Macri, Cristina Fernández de Kirchner y De la Rúa) y, finalmente, solo un informe resultó “bastante fácil”. La escala mide la facilidad de leer un texto a partir de categorías que dan cuenta de la claridad de la comunicación desde algunas observaciones, como el total de sílabas, la utilización de oraciones cortas y palabras sencillas.
Para acortar la distancia entre la ciudadanía y un instrumento tan valioso como el informe proponemos más estructura, menos palabras y más datos. Claro que esto implica contar con un plan de gobierno sobre el que se pueda rendir cuentas y datos abiertos que avalen el logro de los resultados.
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