Hace mucho tiempo el legendario dirigente telefónico Julio Guillán me dijo: "Las conquistas no se agradecen, se disfrutan". Esto último debiese ser tenido en cuenta por el presidente Mauricio Macri. El proyecto de despenalización del aborto que obtuvo media sanción en Diputados, con alguno votos que, al decir de Elisa Carrió: "En la madrugada del jueves mostraron lo peor de la política mediocre y corrupta", tuvo un efecto de poca duración si desde ese punto de vista se lo analiza, dado que seis horas más tarde el valor del dólar le quitó protagonismo.
La carencia de un plan económico y de un rumbo claro puede más que cualquier proyecto caratulado como progresista. De ser cierto que fue convicción presidencial el tratamiento de este proyecto, más allá de su postura contraria, de convertirse en ley el Presidente debiese vetarla. De lo contrario, faltaría a la coherencia que hasta hoy tuvo cuando disintió con la decisión del Congreso de la Nación. Así ocurrió con la ley antidespidos. Así ocurrió con la ley previsional. Entonces, ¿por qué en esta ocasión, si piensa lo contrario, convalidará lo que expresaría el Congreso y no haría valer su convicción? ¿Cuál es la diferencia entre los dos ejemplos anteriores y este caso?
Insisto, descreo que le sume votos a Cambiemos. Es probable se los retacee. De aprobarse el proyecto, que tendría además sus serios reparos constitucionales, el rédito político real será para los sectores de izquierda que siempre han tenido como bandera la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. Lamentable el papel de Cristina de Kirchner, quien durante su gobierno nunca reparó en la inequidad social de las mujeres que mueren por aborto, pero ante la inevitable ola verde no repara en cambiar de postura juntos a los integrantes de su bloque, que hasta hace dos meses juraban que el proyecto no pasaría Diputados y, de hacerlo, no lo aprobarían en el Senado.
Cada vez más se observa el unitarismo en el Gobierno del presidente Macri, y lo más triste es que se gobierna por y para el centralismo. La toma de colegios ocurrió en Buenos Aires. En el despacho del ministro Dietrich no hay un mapa de la República Argentina y su infraestructura, sino una maqueta del costosísimo Metrobús a construir en Buenos Aires. Mientras todo ello ocurre, de la General Paz para adentro, el interior tiene dos puntos más de inflación que en Buenos Aires. El interior tiene más pobreza que Capital Federal y Buenos Aires, que fueron especialmente blindadas con miles de millones de pesos. En el caso de la provincia de Buenos Aires, refrendado por un pacto fiscal hecho a medida de María Eugenia Vidal. El interior está comenzando a desbastarse. Sus economías crujen. Los despidos y las suspensiones son la geografía que limitan con las luces de Capital Federal.
Hace dos años y medio que el Gobierno se ejerce con prueba y error, dado que la política no es del agrado del Presidente. A esta altura es honesto decir que el PRO surge ante el fracaso de los partidos tradicionales de Argentina: radicalismo y peronismo. En estos dos años y medio la herencia para el resto de los argentinos es hasta este momento de 120 mil millones de dólares. También se puede concluir que los CEO no pueden reemplazar a los ministros políticos. Tampoco los ministerios deberían estar en manos de lobbistas. El problema es cómo solicitarle política y actitudes políticas a un gobierno que fue aceptado como tal, es decir, con la simplicidad de las buenas ondas y el negocio de los CEO.
Macri no es un dirigente político, ejerce como puede un cargo político. Han pasado muy pocos meses desde que la ciudadanía argentina mayoritariamente lo ratificó como tal. ¿Cómo pedirle a un presidente que no cree y reniega de la política que pase a ser un militante de ella? El gobierno de una nación no es una empresa. ¿Cuál es el país del mundo que haya reemplazado dirigentes políticos por CEO?
La semana concluyó con el pedido de renuncia al presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, y a dos de sus ministros, Juan José Aranguren y Francisco Cabrera. Se esperan más movimientos, ministerios que pasarían al rango de secretarías. El nuevo ministro de la Producción, Sica, fue bien recibido incluso por el arco opositor. Pero el grave problema es la ausencia de políticas, de convicciones firmes y de un proyecto creíble. Ni lo peor ya pasó, como el Presidente anunció en marzo, ni los brotes verdes germinaron, todo indican que abortaron. La pobreza lejos está de disminuir; la inflación parece que a latigazos, o sea, con recesión, podría cerrar el 2018 en un treinta por ciento.
Reitero, es cierto que el PRO es un emergente del fracaso del peronismo y la UCR, y surge por la rebeldía y el hartazgo que la mala praxis de los gobiernos anteriores generó en la población. La UCR se olvidó de sus valores insignias, aquellos que debían doblarse pero no quebrarse. El peronismo tristemente representado por el cristinismo olvidó sus valores iniciales fundados en los dogmas cristianos. Los jóvenes peronistas del 45 tenían apego a la vida y desde ella luchaban por la justicia social. Hoy quieren hacer creer, con convicciones acomodaticias y livianas, que el peronismo es abortista.
A 100 años de la reforma universitaria, conquista radical para una sociedad más democratizante, a 70 años que el peronismo conculcó los derechos de los trabajadores permitiendo el ascenso social de estos a través del ingreso a la universidad; como dice Abel Posse, tenemos una masa enorme de compatriotas en grave situación alimentaria y hemos quebrado el equilibrio entre el capital y el trabajo. Es decir, desconocemos lo que fue logrado en el siglo pasado: la cultura de la educación, la cultura del trabajo y con ambas, la cultura de la alegría. ¡Cuánto hemos retrocedido!