En México, más del 60% de los adultos mexicanos padece algún grado de hígado graso, cifra reportada por la Secretaría de Salud y el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
Además, el hígado graso no alcohólico afecta a más de la mitad de los adultos con diabetes tipo 2 del mundo, y avanza sin síntomas hasta etapas irreversibles, según una investigación del Instituto Nacional para la Excelencia en la Salud y la Atención del Reino Unido (NICE).
Quienes padecen esta condición, en la mayoría de los casos, no sienten nada.
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No hay dolor, no hay señales visibles, no hay razón aparente para buscar atención médica.
Esa ausencia de síntomas es, precisamente, lo que permite que la enfermedad avance durante años sin que nadie intervenga, de acuerdo con los especialistas.
Una enfermedad silenciosa que afecta a millones sin saberlo
El silencio clínico complica aún más el panorama. Incluso cuando se realizan análisis de sangre hepáticos o un ultrasonido abdominal por otro motivo, gran parte de la población con esta enfermedad obtiene resultados rutinarios normales, de acuerdo con la investigación.
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El hígado puede estar deteriorándose sin que ninguna prueba estándar lo revele. El estándar de referencia para diagnosticar la enfermedad es la biopsia de hígado.
El NICE la considera inviable a gran escala por su carácter invasivo, sus riesgos y su costo.
Las técnicas basadas en resonancia magnética tienen alta precisión diagnóstica, pero los expertos la califican como poco prácticas y demasiado costosas para detectar casos en grandes volúmenes de población.
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La prueba no invasiva identificada como la más útil en términos clínicos y de costo, llamada FLI, se sustentó en pocos ensayos y con escaso número de participantes, lo que generó una gran incertidumbre sobre su especificidad.
Incluso actualmente no existen pruebas no invasivas totalmente confiables para diagnosticar la enfermedad en el entorno comunitario, de acuerdo con los especialistas.
En niños y adolescentes, la enfermedad hepática crónica ya es común
La institución documenta que el hígado graso no alcohólico se convirtió en la enfermedad hepática crónica más frecuente en niñas, niños y jóvenes de países industrializados, principalmente por la obesidad.
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En esta población el espectro de la enfermedad puede presentarse sin ninguna alteración en las pruebas hepáticas, lo que dificulta aún más la detección temprana.
Algunos menores diagnosticados con esta enfermedad progresan a fibrosis avanzada, según estudios observacionales citados en la investigación.
Tampoco hay tratamientos farmacológicos con evidencia sólida para tratar a esta población: sustancias como la metformina, vitamina E y pioglitazona no cuentan aún con respaldo suficiente para recomendarse con firmeza, de acuerdo con la investigación.
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Por qué el hígado graso puede avanzar a fibrosis, cirrosis y cáncer si no se detecta a tiempo
Cuando la enfermedad no se identifica ni se trata, sigue este recorrido documentado por el NICE: de la esteatosis simple, que es la acumulación de grasa en el hígado, avanza a esteatohepatitis (condición más grave del hígado graso) y luego a fibrosis, que es una enfermedad que provoca inflamación y aumento de tejidos.
Si se sigue sin detectar o no se trata correctamente, de la fibrosis se puede llegar a la cirrosis , que es una fase avanzada del hígado dañado, en donde ya se presenta cicatrización, y, en los casos más graves, a cáncer hepatocelular.
Cada etapa representa un daño mayor y una ventana terapéutica más estrecha.
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La detección temprana tiene valor precisamente porque abre la posibilidad de intervenir antes de que el daño sea irreversible, de acuerdo con los expertos.
Sin un diagnóstico oportuno, la enfermedad progresa en silencio hasta etapas en las que las opciones de tratamiento se reducen de forma considerable, advierte la investigación.