Las arrugas son pliegues que aparecen principalmente en la cara, el cuello y las extremidades.
La UNAM señala que reflejan tanto el envejecimiento como el daño solar acumulado, gestos repetitivos o enfermedades como la diabetes.
La Harvard Medical School indica que estos cambios, que incluyen pérdida de volumen en las mejillas y alteraciones en la textura de la piel, suelen hacerse visibles a partir de los 40 años.
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La exposición solar y el tabaquismo aceleran el proceso. Con el tiempo, la grasa facial desciende y se redistribuye, lo que genera hendiduras profundas en el entrecejo y la frente, así como pérdida progresiva de colágeno y elastina, factores que originan arrugas finas y manchas, explica la Universidad.
Por qué salen las arrugas
La dermatóloga Rosa María Ponce Olivera, de la Facultad de Medicina de la UNAM, indica que las zonas con mayor movimiento muscular —boca, ojos y frente— son las más propensas a contar con la aparición de arrugas.
Entre las más frecuentes están las “patas de gallo”, líneas finas debajo de los ojos; las arrugas peribucales o “código de barras”, pliegues verticales sobre la boca; y las “líneas de marioneta”, que van de las comisuras bucales a la barbilla.
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Después de los 50 años, manchas, arrugas y bolsas bajo los ojos se intensifican.
Las manchas solares —planas y de color café, negro o gris— aparecen en rostro, manos y hombros. Si presentan irregularidades en forma, color o tamaño, requieren atención médica, ya que pueden advertir cáncer de piel.
Las líneas de expresión profundas se forman por la acción constante de los músculos faciales y la pérdida de soporte graso.
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Las arrugas finas y manchas se relacionan principalmente con el daño solar, el tabaquismo y la reducción paulatina de colágeno y elastina, de acuerdo con la dermatóloga de la UNAM.
Cómo tratar las arrugas y cuidar la piel madura
La Universidad de Harvard indica que proteger el rostro del sol es la medida más eficaz para preservar una piel sana.
El uso diario de bloqueador solar con FPS mínimo de 30 —que proteja contra rayos UVA y UVB— y sombrero de ala ancha constituyen la base de cualquier rutina de cuidado.
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Las cremas hidratantes disminuyen la resequedad y mejoran temporalmente la apariencia de arrugas superficiales; los productos con glicerina favorecen la retención de agua, mientras que los exfoliantes facilitan la eliminación de células muertas, un proceso que se vuelve más lento con la edad.
Entre los tratamientos no quirúrgicos, los medicamentos de prescripción más utilizados son los derivados de la vitamina A, como la tretinoína y tazaroteno, que, según la Universidad, estimulan la producción de colágeno y regulan la melanina responsable de las manchas.
Las inyecciones de toxina botulínica suavizan líneas de expresión en la frente y el entrecejo sin eliminar surcos profundos.
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Los rellenos dérmicos con ácido hialurónico restauran volumen en pliegues nasolabiales y “líneas de marioneta” por tiempo determinado.
Las terapias con láser y los peelings químicos actúan en capas superficiales o profundas para tratar manchas, capilares rotos y arrugas.
Algunas técnicas eliminan capas superficiales de la piel para tratar daños solares y cicatrices, mientras que otras actúan en capas profundas para estimular colágeno.
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El lifting facial (procedimiento quirúrgico) elimina el exceso de tejido y reposiciona la piel flácida en la parte baja del rostro, aunque implica costos elevados y, en ocasiones, intervenciones adicionales.
La dermatóloga Ponce Olivera y la Harvard Medical School coinciden en que no existen soluciones milagrosas para eliminar arrugas: solo procedimientos quirúrgicos con valoración dermatológica previa pueden minimizar su apariencia en ciertos casos.
La especialista advierte que no se deben generar falsas expectativas con productos cosméticos o intervenciones superficiales, y recomienda acudir con un dermatólogo para evaluar el daño y determinar el tratamiento adecuado.
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