En el marco del Día Mundial de la Salud y el Día de la Actividad Física, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) advirtió sobre los riesgos del estrés crónico y su impacto en la salud física y mental. Médicos y especialistas coinciden en que el estrés, lejos de ser solo una molestia pasajera, actúa como un enemigo silencioso que puede desencadenar enfermedades graves si no se controla a tiempo.
El estrés: una reacción útil que puede convertirse en amenaza
El estrés es una respuesta natural del cuerpo para adaptarse a situaciones de cambio, presión o amenaza. Cuando estas demandas son puntuales, ayudan a enfocar la atención y a superar retos. Sin embargo, cuando la tensión se vuelve constante y supera la capacidad de adaptación, el estrés deja de ser funcional y puede afectar negativamente a todos los sistemas del organismo.
Cómo afecta el estrés al cuerpo y la mente
El estrés crónico activa la liberación de hormonas como la adrenalina y el cortisol. En pequeñas dosis, estas hormonas preparan al cuerpo para actuar. Pero, si la exposición al estrés se mantiene, el exceso de cortisol altera el metabolismo, debilita el sistema inmune y perjudica el funcionamiento de órganos como el aparato digestivo y el reproductor.
Los síntomas físicos más comunes incluyen dolores de cabeza, tensión muscular, fatiga, malestares gastrointestinales y problemas para dormir.
Investigaciones de la UNAM señalan que el estrés sostenido también provoca cambios en el cerebro. El hipocampo, encargado de la memoria; la corteza prefrontal, responsable de la toma de decisiones; y la amígdala, relacionada con las emociones, sufren una disminución en su tamaño y funcionamiento.
Esto afecta la concentración, el aprendizaje y la capacidad de juicio. Además, puede aumentar el riesgo de enfermedades neurológicas y accidentes cerebrovasculares.
Factores que incrementan el riesgo
La vida en grandes ciudades multiplica la exposición al estrés. El ruido, la contaminación, el tráfico y la sobrecarga de estímulos mantienen al organismo en estado de alerta constante.
Además, el entorno laboral, con la presión de cumplir objetivos, la carga de tareas y la falta de descanso, puede desencadenar un desgaste físico y mental profundo conocido como burnout.
Cambios sistémicos y alteraciones en el sueño
El estrés también altera el sistema circadiano, el metabolismo y el ciclo del sueño, lo que puede provocar insomnio, somnolencia diurna y desequilibrios hormonales.
La energía del cuerpo se redistribuye en función de la supervivencia, y las funciones consideradas no esenciales quedan relegadas, lo que debilita aún más la salud general.
Estrategias para reducir el impacto del estrés
Expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han señalado la importancia de adoptar hábitos de autocuidado para protegerse del impacto del estrés.
Por su parte, la Mayo Clinic destaca que la combinación de actividad física, técnicas de relajación y la búsqueda de apoyo social ayuda a regular los niveles hormonales y a disminuir el riesgo de enfermedades asociadas al estrés crónico.
Entre las principales acciones recomendadas se incluyen:
- Realizar actividad física diaria: caminar, correr, andar en bicicleta o nadar.
- Incorporar actividades lúdicas en la rutina.
- Socializar con amigos y familiares.
- Buscar apoyo profesional en salud mental si el estrés sobrepasa la capacidad de adaptación.
- Practicar técnicas de relajación, como respiración profunda, meditación, yoga y masajes.
- Mantener pasatiempos y cuidar la alimentación.
- Recibir entre cuatro y ocho abrazos diarios para reducir el cortisol, estimular la serotonina y dopamina, y fortalecer el sistema inmune.
El autocuidado y la prevención, la mejor defensa
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) subrayan que más del 60 % del éxito en el control de enfermedades crónicas depende de la prevención y el autocuidado. Recomiendan realizar chequeos médicos anuales desde los veinte años, vigilar el estado nutricional y detectar oportunamente alteraciones metabólicas relacionadas con el estrés.
El estrés crónico puede pasar inadvertido, pero sus efectos se acumulan y dañan las funciones vitales del organismo. Detectarlo a tiempo y adoptar rutinas saludables es fundamental para proteger tanto el cuerpo como la mente y evitar consecuencias irreversibles.