¿Por qué dejamos todo para después? Claves para entender la procrastinación

Este término describe la práctica de aplazar una actividad importante al sustituirla por otra menos relevante o más placentera

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Afectaciones de la procrastinación. (Crédito:
Afectaciones de la procrastinación. (Crédito: Freepik)

Posponer tareas y proyectos o pensar que “todavía hay tiempo” puede parecer una acción inofensiva, pero detrás de ese hábito se esconde un fenómeno más complejo llamado procrastinación.

Este término describe la práctica de aplazar una actividad importante al sustituirla por otra menos relevante o más placentera, lo que provoca una sensación momentánea de alivio, pero con efectos negativos a largo plazo, según explica Karla Paola Colin Mendiola, de la Clínica de Salud Mental del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM.

En el contexto universitario, la postergación puede afectar seriamente el rendimiento académico, ya que incrementa el estrés, la ansiedad, sentimientos de culpa y la percepción de poca autoeficacia. Estos efectos prolongados, advierte la especialista, incluso podrían contribuir a la deserción escolar si no se atienden adecuadamente.

Señales de procrastinación

Entre los pensamientos más comunes de quienes procrastinan están frases como “después lo hago”, “todavía tengo tiempo” o “primero hago otra cosa”. Estas ideas suelen acompañarse de conductas en las que se busca realizar actividades secundarias que solo postergan lo verdaderamente importante.

La procrastinación no puede relacionarse
La procrastinación no puede relacionarse solo con la pereza. (especial)

Aunque a corto plazo puede parecer que disminuir la ansiedad o el estrés al evitar una tarea es positivo, Colin Mendiola aclara que este alivio no es beneficioso porque simplemente retrasa el malestar y reforza el ciclo de postergación.

Es crucial distinguir el descanso de la procrastinación. Cuando una persona descansa, lo hace con un propósito claro y, al terminar, siente relajación y menos estrés. En cambio, al procrastinar, la mente sigue enfocada en la tarea pendiente, y las actividades sustitutas no son disfrutadas plenamente porque existe la sensación de culpa por no avanzar en lo importante.

Tipos de procrastinación

De acuerdo con la institución universitaria, existen tres tipos de procrastinación:

  • Procrastinación por evasión: cuando se evita una tarea por miedo al fracaso.
  • Procrastinación por activación: la persona deja todo hasta que la presión del tiempo la obliga a actuar.
  • Procrastinación por indecisión: hay dudas sobre cómo o cuándo comenzar la actividad.

Estrategias y herramientas

La UNAM dio a conocer una serie de herramientas para gestionar el tiempo y la regulación emocional. Entre ellas están ejercicios de respiración diafragmática, técnicas de relajación muscular progresiva, y métodos como la matriz de Eisenhower para priorizar tareas según su urgencia e importancia. También se enseñó el método Pomodoro, que divide el trabajo en bloques de 25 minutos intercalados con breves descansos, favoreciendo una planificación más eficaz.

La doctora Colin enfatiza que, aunque la procrastinación puede afectar diversas áreas de la vida académica y emocional, es un hábito que se puede modificar si se identifica y se abordan conscientemente los desencadenantes.

Aprender a organizar tareas, reconocer pensamientos que fomentan la postergación y buscar apoyo son pasos clave para recuperar el control, mejorar el rendimiento académico y el bienestar general.