
Dámaso López Serrano, El Mini Lic, fue uno de los operadores jóvenes más cercanos a la cúpula del Cártel de Sinaloa y hoy cumple una nueva condena en Estados Unidos por tráfico de fentanilo. Hijo de Dámaso López Núñez, exfuncionario penitenciario y aliado de Joaquín “El Chapo” Guzmán, su incorporación al narcotráfico no respondió a la necesidad económica, sino a una decisión tomada desde el privilegio.
En una entrevista concedida al periodista Luis Chaparro tras su primera detención en Estados Unidos, Dámaso López Serrano aseguró que tenía contemplada una vida distinta, pues uno de sus objetivos con los que soñaba era el convertirse en piloto.
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¿Por qué no pudo ser piloto?

Según relató el propio López Serrano en sendas entrevistas con los periodistas Luis Chaparro y Anabel Hernández, respectivamente, su infancia no estuvo marcada por la pobreza ni la marginación, sino por una vida acomodada en Culiacán, rodeado de figuras de poder en el narcotráfico.
Su abuelo, Dámaso López García, llegó a ser síndico de Eldorado, y fue señalado por vínculos con el crimen organizado; el Ejército aseguró propiedades familiares en 2008, año en que el abuelo murió de un infarto.
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Desde niño, López Serrano vivió entre patrullas y helicópteros, experiencias que despertaron su fascinación por la aviación. En la primaria, relató, fue la envidia de sus compañeros cuando su padre, entonces comandante, lo llevó a volar en una aeronave.

A los catorce años, el escape de El Chapo Guzmán —facilitado por su padre desde su puesto en Puente Grande— cambió el destino de toda la familia y lo puso en el centro de una vida de riesgo y restricciones.
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A pesar de los intentos de su madre por alejarlo del narcotráfico —llegó a enviarlo a Canadá para que estudiara y se apartara del entorno familiar—, Dámaso López Serrano regresó a México al poco tiempo.
Intentó estudiar Comercio Internacional en la universidad, pero abandonó la carrera a los pocos meses. Su adolescencia también estuvo marcada por un accidente automovilístico en el que murieron dos de sus primos y él fue el único sobreviviente.
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Durante ese periodo, López Serrano manifestó interés en dedicarse a actividades legales. Practicó maniobras de vuelo y buscó obtener una licencia de piloto, pero cuando intentó formalizar el trámite ante la autoridad militar, su padre —Dámaso López Núñez, entonces mano derecha de “El Chapo” Guzmán— se lo prohibió argumentando riesgos para su seguridad.

Frente a la negativa, su padre le propuso invertir en un restaurante o un bar, siempre y cuando él no figurara públicamente. En la entrevista con Luis Chaparro, afirmó que él quiso “sostener algo con mis propios pies, hacer algo realmente mío y levantarlo desde abajo”.
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La periodista Anabel Hernández, quien también entrevistó a El Mini Lic en 2023, confirmó que su madre y su primera esposa intentaron alejarlo del entorno criminal y que nunca vivió carencias materiales. Sin embargo, la presión y la lógica familiar lo llevaron a optar por el camino del narcotráfico.
De la vida familiar a la cúpula criminal
Después de dejar la universidad y con el sueño de la aviación frustrado, López Serrano se integró al Cártel de Sinaloa a los 18 años. Su entrada no fue motivada por la necesidad económica, sino por el atractivo del mundo criminal, el poder y la pertenencia a una élite. “Parecía un trabajo de oficina, pero con mucho dinero”, expresó en entrevista con Anabel Hernández.
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Rápido en aprender y adaptarse, El Mini Lic ascendió en la estructura del cártel, llegando a tener bajo su mando a más de 700 personas, entre pilotos, cocineros y sicarios. La gente se acercaba a él para ofrecerle laboratorios, cargamentos y nuevos negocios ilícitos.
Sus lazos con los hijos de El Chapo Guzmán, conocidos como “Los Chapitos”, se fortalecieron a través de una amistad de años, llegando a ser considerado ahijado del propio Guzmán Loera.
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En la vida personal, la turbulencia también estuvo presente. López Serrano contó a Anabel Hernández que dejó a una novia embarazada para casarse a escondidas con otra joven, cuya familia terminó denunciando a sus propios parientes ante las autoridades para alejarla del entorno criminal. Años después, formó otra familia y se dedicó de lleno al tráfico de drogas, asumiendo cada vez más responsabilidades dentro de la organización.
De la cima criminal a la caída y la actualidad
El entorno de poder y lealtades mutó con la recaptura y extradición de El Chapo Guzmán en 2017. La disputa interna en el cártel, entre los Dámaso y Los Chapitos, escaló hasta convertirse en una guerra.
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Según el propio López Serrano, su padre se negó a ordenar la muerte de los hijos de Guzmán Loera por lealtad al capo, lo que los dejó en desventaja frente a sus rivales. La pérdida de la mayor parte de su patrimonio y la persecución interna marcaron el declive de su facción.
Tras la detención de su padre en 2017, El Mini Lic optó por entregarse a las autoridades de Estados Unidos, buscando protección ante la amenaza de muerte que representaban Los Chapitos.
Su colaboración con el Departamento de Justicia estadounidense fue determinante: entregó información clave sobre la estructura del cártel y facilitó la cooperación de otros miembros. Su objetivo, según declaró a Anabel Hernández, no era solo reducir su propia condena, sino también proteger a su madre, su hermana, su hermano, su pareja y su hijo.
Sentenciado inicialmente por tráfico de drogas, su condena se redujo por su papel de testigo colaborador. Tras pasar cinco años en prisión, obtuvo libertad supervisada.

Sin embargo, el capo decidió volver al negocio, esta vez en medio de la guerra interna entre Los Chapitos y La Mayiza, desencadenada tras la traición de los Guzmán a Ismael El Mayo Zambada.
En diciembre de 2024, fue arrestado de nuevo en Virginia por intentar traficar fentanilo; e mayo de 2025, se declaró culpable para evitar ir a juicio y finalmente este 4 de febrero fue sentenciado a cinco años de prisión.
López Serrano mantiene cuentas pendientes con la justicia mexicana. Las autoridades lo señalan como presunto autor intelectual del asesinato del periodista Javier Valdez, ocurrido en 2017 en Culiacán. Aunque actualmente cumple una condena en Estados Unidos por delitos de narcotráfico, la Fiscalía General de la República mantiene activa una solicitud de extradición.
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