
La salsa roja es el corazón de unos buenos chilaquiles y esta versión destaca por su intensidad sin necesidad de chile guajillo. La receta apuesta por el jitomate como base principal y permite ajustar el picor al gusto con chile serrano opcional.
Ideal para quienes buscan un sabor auténtico, esta preparación combina técnicas básicas con un toque tradicional. El resultado es una salsa espesa, aromática y perfecta para tortillas fritas, totopos o incluso huevos.
Además de ser fácil de preparar, conserva un perfil casero que conecta con la cocina tradicional.
Ingredientes y preparación paso a paso

Ingredientes:
- 6 jitomates saladet
- 1/4 de cebolla blanca
- 1 diente de ajo
- 1/2 cucharada de sal
- 1 pizca de pimienta
- 1 pizca de orégano
- 3 hojas de epazote (opcional)
- Chile serrano al gusto (opcional)
- 1/2 taza de caldo de pollo
- Aceite vegetal
Preparación:
- Hervir los jitomates, la cebolla y el ajo durante aproximadamente 10 minutos
- Retirar del fuego y dejar reposar otros 10 minutos.
- Licuar primero el ajo y la cebolla cocidos con el caldo de pollo y el orégano
- Añadir los jitomates y volver a moler hasta obtener una mezcla homogénea
- En un sartén a fuego bajo, calentar aceite y sofreír cebolla fileteada hasta dorar ligeramente; retirar la cebolla
- Agregar la salsa al sartén, incorporar el epazote, la sal y la pimienta
- Cocinar a fuego bajo por 10 minutos, retirar el epazote y calentar 5 minutos más
El secreto del sabor sin guajillo

La clave de esta receta está en la cocción pausada y en el equilibrio de condimentos. El jitomate bien hervido aporta dulzor natural que se potencia al freír la salsa.
El epazote, aunque opcional, añade un aroma profundo que remite a la cocina tradicional. Al retirarlo antes de finalizar, deja solo su esencia sin dominar el platillo.
El chile serrano es completamente opcional, lo que permite adaptar la receta a distintos paladares sin perder carácter.
Una salsa versátil para la mesa diaria

Aunque está pensada para chilaquiles, esta salsa roja funciona también como acompañamiento de carnes, huevos o antojitos mexicanos. Su textura permite que se adhiera bien a los alimentos.
El proceso sencillo la convierte en una opción recurrente para el hogar.
Así, esta receta demuestra que no se necesitan ingredientes complejos para lograr un sabor intenso y auténtico en la cocina mexicana.
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