Lo que trajeron los Reyes Magos: un recorrido por los juguetes a través del tiempo en México

Aunque los materiales y formas cambien, cada generación conserva la ilusión de irse a dormir temprano para despertar con una sorpresa

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Cómo han cambiado los regalos
Cómo han cambiado los regalos del Día de Reyes en México a través del tiempo. Foto: (Jesús Tovar Sosa/Infobae)

Cada 6 de enero, México despierta con una emoción especial. El Día de Reyes no solo celebra la ilusión de la infancia, sino también la memoria colectiva de generaciones que han encontrado, año tras año, un juguete al pie del árbol. A través del tiempo, los juguetes han cambiado de forma, materiales y tecnología, pero el asombro que provocan sigue siendo el mismo.

Durante gran parte del siglo XX, los juguetes tradicionales eran los protagonistas indiscutibles del Día de Reyes. El trompo, el balero, las canicas y el yoyo no requerían pilas ni pantallas: bastaban la imaginación y la destreza. Estos juguetes, muchas veces elaborados en madera o metal, se compartían en patios y calles, con los amigos y compañeros de la cuadra. Las muñecas de trapo, las marionetas y los carritos de lámina también ocupaban un lugar especial, reflejando oficios, sueños y escenas de la vida cotidiana.

En las décadas de los 70 y 80, la llegada de la televisión a más hogares mexicanos transformó los deseos infantiles. Los juguetes comenzaron a estar ligados a personajes icónicos de caricaturas y series. Figuras de acción, como luchadores, vaqueros o superhéroes, se volvieron infaltables. Al mismo tiempo, juegos de mesa como Serpientes y Escaleras, Turista o Maratón se consolidaron como regalos ideales para reunir a toda la familia después de partir la tradicional rosca.

La tradición de escribir una
La tradición de escribir una carta para recibir un regalo en Día de Reyes se sigue manteniendo viva en las infancias. Foto: (iStock)

Los años 90 trajeron consigo una revolución marcada por la globalización. Barbie, Hot Wheels, Tortugas Ninja y Power Rangers dominaron las cartas a los Reyes Magos. Las consolas de videojuegos empezaron a aparecer tímidamente en algunos hogares, convirtiéndose en el regalo más codiciado. El Día de Reyes comenzaba a combinar el juego físico con el digital, sin perder del todo la esencia de la sorpresa.

Juguetes como el Patín del Diablo y la Avalancha: una tabla con llantas y un volante, eran el motivo de un juego casi eterno que duraba todo el día.

Las Tortugas Ninja, los Power Rangers, los Caballeros del Zodiaco y Pokémon se apoderaron de las cartas dirigidas a Melchor, Gaspar y Baltasar. Muchos niños despertaron emocionados al encontrar su primer Game Boy, Nintendo o Super Nintendo, iniciando una relación duradera con los videojuegos. Aun así, la calle seguía siendo un espacio importante: los tazos, las bicicletas y los patines también formaron parte esencial de esa infancia noventera.

Con la llegada del nuevo milenio, la tecnología tomó un papel central. Videojuegos portátiles, muñecos interactivos y juguetes electrónicos, como el Terreneitor o la perfección del Microhornito se convirtieron en sinónimo de modernidad.

Aunque los juguetes han cambiado,
Aunque los juguetes han cambiado, no están peleados entre sí, pues aún es posible encontrar aquellos que fueron la felicidad de muchas generaciones. Foto: (iStock)

Más recientemente, tablets, drones y videojuegos en línea forman parte de los regalos más populares. Sin embargo, también ha surgido un renovado interés por juguetes educativos, rompecabezas, juegos de construcción y opciones que estimulan la creatividad y el aprendizaje.

Hoy, el Día de Reyes en México es un reflejo de su diversidad cultural y generacional. En muchas casas conviven los juguetes de última generación con los clásicos que nunca pasan de moda. Un niño puede recibir una consola moderna y, al mismo tiempo, aprender a hacer girar un trompo que perteneció a su padre o abuelo. Esa mezcla es precisamente lo que hace entrañable esta tradición.

Más allá del juguete en sí, el verdadero regalo del Día de Reyes sigue siendo la ilusión. La emoción de escribir una carta, la expectativa al irse a dormir temprano y la alegría de despertar con la sorpresa esperada son experiencias que trascienden épocas. Los juguetes cambian, pero el recuerdo de ese momento mágico permanece intacto en el corazón de quienes lo han vivido.