
A día de hoy, Imagine Dragons se ha convertido en una de las agrupaciones pop rock más queridas del planeta. A pesar de que su trayectoria no es tan extensa como la de Coldplay o The Killers, el público rápidamente respondió a su música con un amor desmedido y una pasión que se asemeja a la de su vocalista, el querido “Danielito de Las Vegas Nevada”.
Por ello, no parece ilógico que 60 mil personas se congregaron la noche del 5 de septiembre en el Estadio GNP Seguros, a pesar de la lluvia y la amenaza de una tormenta más potente, para repasar junto con la banda ese cúmulo de éxitos que ha hecho de Imagine Dragons una agrupación icónica.
La primera de dos noches en Ciudad de México dejó una huella potente con un espectáculo que fusionó entrega musical, despliegue visual y emociones intensas en cada rincón del recinto capitalino. La banda llevó a cabo un concierto donde la energía y la conexión con el público mexicano nunca decayó.

Desde el inicio, la expectativa dominó el ambiente. Minutos después de las 21:30 horas, las luces se apagaron y el estruendo de “Fire in Hills” emergió con fuerza para rodear a los fans en el mundo de Imagine Dragons: niebla azul y rosa, juegos de luz y un sonido nítido que, desde el primer acorde, caló hondo en cabezas, oídos y hasta estómagos.
Dan Reynolds, vocalista y figura central, tomó el escenario para presentar “Thunder” y “Bones” en rápida sucesión, activando al público que respondió desde el primer momento con saltos, coros y esa ola incansable que recorre los estadios mexicanos. El carisma del cantante quedó de manifiesto cuando, en español y con una cercanía auténtica, se presentó como “Danielito de Las Vegas Nevada”.
“Hola mi amigos, me llamo Danielito de las Vegas Nevada. ‘Yo soy un hombre sincero de donde nace la palma, y antes de morirme quiero echar mis versos del alma”, dijo en medio de los gritos de miles.

La banda mantuvo el ritmo con “Take Me to Beach”, tema que se acompañó de pelotas gigantes que rebotaron entre la multitud, y una versión remezclada de “Shots” que subió el ánimo aún más.
El solo de guitarra de Wayne Sermon en “I’m So Sorry” fue uno de los puntos altos sobre el escenario principal, desplegando riffs que evidencian la capacidad rockera del grupo más allá de las etiquetas pop. La batería y el bajo de Ben McKee se amalgamaron con el entusiasmo del público, destacando en “Whatever It Takes” y manteniendo la tensión antes del bloque acústico.
En un movimiento que transformó la atmósfera en algo más íntimo y bohemio, Imagine Dragons se trasladó al escenario B, ubicado frente a la pasarela, para interpretar “Waves”, “Next to Me” y “Bet My Life”. El público acompañó encendiendo las linternas de sus teléfonos para crear un mar de luces que contrastó con la potencia inicial del espectáculo. Para Reynolds, éste fue el momento perfecto para ondear la bandera mexicana y para recorrer la valla para interactuar con las primeras filas.

“Hoy estamos aquí, pero mañana quizás no”, dijo el artista. Su reflexión solo elevó el ánimo de la noche. Varios de los alrededores se unieron en una sola consigan: disfrutar al máximo el show como si fuera la última noche de sus vidas.
El ambiente de la gente fue ideal para un tramo final sucesivo de puros éxitos: “Nice To Meet You”, “Wake Up” y la explosiva “Radioactive” —con su duelo de baterías y la participación total de la audiencia— se grabaron en catarsis y una magia increíble en el Estadio GNP Seguros.
El momento al piano con “Demons” sumo emociones y piel chinita, mientras que el clásico “Natural” y la balada “Walking the Wire” mantuvieron en alto los ánimos. El despliegue se completó con juegos pirotécnicos, confeti y efectos visuales que acompañaron a “Sharks”, donde incluso una botarga de tiburón se sumó a la fiesta.

“No tengo palabras para describir lo afortunados que somos por estar aquí. Gracias por seguir con nosotros todos estos años”, decía Reynolds a cada momento, en las ocasiones en donde la felicidad y el amor colectivo era “casi” palpable para todos.
Esa sensación de comunión entre la banda y sus fans que se sostuvo durante todo el Loom World Tour. El público devolvió el gesto coreando cada línea de “Enemy”, “Eyes Closed”, “In Your Corner” y “Birds”, antes de que llegara “Believer”, la emblemática canción que dio cierre a una noche tan intensa como emocional.
Así Imagine Dragons se paró ante el cielo nebuloso de la Ciudad de México y una congregación de fanáticos que dejaron en claro que jamás los dejarán morir, sin importar los años. A muchos quizás no les guste su música, pero la banda confirmó su estatus como una de esas agrupaciones que saben llenar estadios. Por si una noche de cierre en el Corona Capital, no lo hubiera dejado en claro.
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