
Osiel Cárdenas Guillén, quien en los 90 fue líder del Cártel del Golfo, decidió ofrecerle ingresar al grupo criminal a un joven de nombre Arturo Guzmán Decena, a quien bautizó con el alias de ‘El Z-1′, al ser el fundador del hoy desarticulado brazo armado.
Arturo desde su arribo le dieron la encomienda de contratar a más jóvenes, en especial a militares, debido a que ellos podrían consolidar una poderosa banda para hacer frente a sus rivales, que para aquellos años era el Cártel de Sinaloa.
Guzmán aceptó el ingresar al cártel debido a que las ganancias de los capos en un mes, eran casi similares a lo que percibía en un año, por lo que dejó de lado su preparación a su corta edad y decidió comenzar a operar para ‘El Matamigos’, a quien ya tenía tiempo aceptándole sobornos.
“Los soldados consideraban los sobornos como una especie de beneficio indirecto por su trabajo, pero Guzmán hizo trizas este modelo, dejó el cuartel definitivamente y apareció como narcomercenario, que impulsó a Guzmán a dar un paso tan particular en su carrera castrense, se ha dicho a modo de explicación que se sintió tentado por el dinero que ganaban las gánsteres”, se lee en el libro ‘El Narco’.

Luego de ingresar al grupo criminal, Cárdenas Guillén le solicitó al joven de entonces 23 años de edad que organizara una compañía de sicarios, pero lo único que le ponía como requisito es que supieran disparar, por lo que se trajo a muchos exmilitares, inconformes por su entonces sueldo.
“Cuando Osiel Cárdenas contrató a Guzmán, no quería un pistolero más, Cárdenas pidió a su nuevo empleado que organizara la compañía de sicarios más feroz que encontrara, Cárdenas era un intrigante y tenía imaginación de sobra para conseguir lo que podía ser una banda de matones por instrucción militar, pero gran parte de la iniciativa para organizar la fuerza paramilitar en toda regla procedió de propia regla por Guzmán”, se lee en el libro ‘El Narco’, de Ioan Grillo.

Cárdenas Guillén colocó mensajes en la calle para reclutar a jóvenes
El entonces líder del Cártel de Golfo quería crear su brazo armado a la brevedad posible, por lo que decidió colocar algunos mensajes en las calles en los que mostraban las atractivas prestaciones que tenían.
“Para estimularlos, el verdugo tuvo la audacia de publicar anuncios ofreciendo trabajo, sus hombres los escribían en mantas y colgaban estas de los puentes, el grupo operativo de Los Zetas se llama ‘Soldado exsoldado’, decía un rótulo ‘ofrecemos buen salario, comida y atención a su familia, nunca más pasará hambre, ni tendrá malos tratos’”, según el libro El Narco.
Incluso decían tener seguro de vida, así como darle casa y comida a los familiares de los jóvenes que quisieran ingresar en sus filas, lo que habría hecho que muchos quisieran incorporarse.
“‘Únanse a las filas del Cártel del Golfo, ofrecemos beneficios, seguro de vida, casa para sus familias e hijos, dejen de vivir en barriadas y de viajar en autobús, un coche o camiones nuevos, eligen ustedes’”, se lee en la obra de Ioan Grillo.
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