Ace Combat 8: Wings of Theve - Exagerar no es el problema

La franquicia Ace Combat vuelve con una nueva entrega que respeta la identidad de la serie

Ace Combat 8: Wings of Theve, de Bandai Namco.
Ace Combat 8: Wings of Theve, de Bandai Namco.
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Tengo bastante más paciencia para una historia que se pasa de intensidad que para una que parece avergonzada de sus propias ideas. Si vas a enfrentarme a un acorazado terrestre mientras un escuadrón enemigo anuncia su llegada con música por radio, comprometete con la propuesta. Ace Combat 8: Wings of Theve entiende eso: su extravagancia es parte de su identidad, no algo que necesite disimular. Mi interés está en lo que consigue construir debajo de semejante espectáculo.

La premisa tiene una malicia atractiva: heredamos la identidad de un héroe cuya reputación fue fabricada para mantener viva la esperanza durante una guerra. Primero llega la leyenda; después tenemos que estar a su altura. Me gusta pensar la fama como una deuda y no como una recompensa, aunque el planteo encuentra una salida demasiado cómoda cuando nuestros derribos convierten esa mentira en realidad. La propaganda pierde parte de su incomodidad si el supuesto salvador termina siendo exactamente eso. Ahí veo una oportunidad desaprovechada: mencionar manipulación y desinformación no equivale a explorar sus consecuencias.

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Ace Combat 8: Wings of Theve, de Bandai Namco.
Ace Combat 8: Wings of Theve, de Bandai Namco.

Por eso me convence más la dimensión humana que la ambición política. Tasha, una piloto civil extraordinaria que se resiste a matar, o Coster, cuyo entusiasmo por la música atraviesa su personalidad, tienen algo más para ofrecer que instrucciones de combate. Los encuentros a bordo del Endurance también acercan a los pilotos y a los civiles refugiados allí, aunque permitan pocas interacciones. No necesito que cada charla habilite una decisión trascendental: conocer a quienes están alrededor puede alcanzar para que regresar deje de ser apenas el trámite que separa dos misiones.

La radio conecta esas relaciones con lo que ocurre en el aire. Hay pedidos de ayuda, reproches, miedo y enemigos que reaccionan a sus propias pérdidas. Mientras tanto, las misiones cambian y obligan a decidir qué amenaza atender o cuándo mandar al escuadrón a apoyar a otros. Esa combinación me parece más interesante que cualquier discurso sobre el heroísmo: disfrutar de un derribo y escuchar lo que significa para alguien del otro lado produce una contradicción que vale la pena sostener. El combate puede ser emocionante sin que todas sus consecuencias merezcan una celebración.

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Ace Combat 8: Wings of Theve, de Capcom
Ace Combat 8: Wings of Theve, de Capcom

También hay algo saludable en que Ace Combat 8: Wings of Theve no confunda evolucionar con abandonar su identidad arcade. Los aviones transmiten más peso, los enemigos recurren a maniobras evasivas y las nubes sirven para romper la fijación de misiles, además de embellecer el paisaje. Son cambios concretos dentro de una fórmula conocida. No le pediría convertirse en un simulador ni reinventarse por obligación: prefiero que encuentre nuevas decisiones en el acto de volar antes que sumar complejidad solamente para parecer más ambicioso.

Mi límite aparece cuando la abundancia empieza a jugar contra el ritmo. La campaña tiene treinta misiones y variedad de situaciones, pero algunos objetivos rutinarios frenan el impulso de sus enfrentamientos más dramáticos. Entiendo la necesidad de bajar un cambio; no toda pausa, sin embargo, construye expectativa. A veces simplemente estira el recorrido. Una propuesta tan apoyada en la emoción también necesita saber cuándo cortar: tener más contenido no garantiza que cada tramo aporte algo que merezca quedarse.

Ace Combat 8: Wings of Theve, de Bandai Namco
Ace Combat 8: Wings of Theve, de Bandai Namco

El multijugador abre otra discusión con el Ace Pass, cuyos niveles gratuitos y premium incluyen mejoras, consumibles y elementos cosméticos. Eso merece atención, aunque es difícil afirmar que pagar otorgue una ventaja injusta. Mi reparo está precisamente en esa incertidumbre: cuando hay competencia, el equilibrio no debería quedar como una pregunta secundaria. Que la campaña tenga personalidad y momentos extraordinarios no es motivo para dejar de mirar cómo se pretende monetizar el resto.

Al final, no le pediría a Ace Combat 8: Wings of Theve menos melodrama, menos rarezas ni menos convicción. Le pediría que sostenga sus preguntas incómodas, ajuste sus tiempos y no confunda sumar sistemas con mejorar la experiencia. Me interesa esa voluntad de encontrar algo humano dentro de una fantasía de destrucción, incluso cuando sus respuestas resultan demasiado sencillas. El exceso no es lo que hay que corregir: lo importante es que, debajo de todo ese ruido, siga habiendo alguien a quien escuchar.

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