
El cine además de entretenimiento es fotografía de una época, y también -a través de la ciencia ficción- a la visión del futuro de la sociedad en esa época. El estreno de Resistencia (The Creator, 2023) pone nuevamente de manifiesto esta idea con una historia que se desarrolla en un futuro donde la Inteligencia Artificial llegó al punto de tener conciencia y sentido espiritual.
Estados Unidos recibe un ataque nuclear en el corazón de su nación, crea un arma de proporciones bíblicas pero tiene un solo temor: las máquinas (asentadas en Oriente) parecen tener otra arma capaz de exterminar la suya. Mandan a soldados a infiltrarse y encuentran el objeto: una niña robot con capacidades de crecimiento y control electrónico.
Existen otras películas que adelantaron posibles finales del mundo como lo conocemos: La llegada (Arrival, 2016) dirigida por Denis Villeneuve, trae una respuesta a la posibilidad del encuentro con razas extraterrestres. El ritmo lento y pausado del director marida a la perfección con un estudio casi filosófico sobre las palabras y la comunicación. Por el lado de los extraterrestres podemos encontrar Sector 9 (District 9, 2009), dirigida por Neill Blomkamp en donde los aliens llegaron al planeta y se asentaron en Sudáfrica en una suerte de favelas, una crítica sobre la xenofobia disfrazada de ciencia ficción.

El precio del mañana (In time, 2011) es de esas películas más escondidas que sorprenden al ser vistas. Dirigida por Andrew Niccol (el de Gattaca) y protagonizada por Justin Timberlake y Amanda Seyfried pone de manifiesto una de las grandes preguntas de la actualidad: ¿y si en lugar de pagar con dinero, pagáramos con tiempo? Los ricos viven mucho mientras que los pobres sufren… la vida misma.
Niños del hombre (Children of Men, 2006), dirigida por Alfonso Cuarón es otro ejemplo de cómo se puede hablar sobre problemas del presente desde el futuro: por alguna cuestión extraña, hace más de una decena de años que no nacen niños nuevos. Una mujer queda milagrosamente embarazada, y un cínico burócrata (interpretado por Clive Owen) debe atravesar un largo tramo para que pueda parir en paz.

¿Futuros distópicos oscuros? Toda la saga de Mad Max, con su última iteración Mad Max: furia en el camino (Mad Max: Fury Road, 2015) en un mundo sin agua ni combustible; El expreso del miedo (Snowpiecer, 2013) en donde la sociedad vive arriba de un tren en constante movimiento y un mundo exterior inhabitable, claro que los vicios de la humanidad se replican sobre los rieles; Brazil (1985) dirigida por Terry Gilliam (el mismo de Doce Monos, otra película distópica) muestra una sociedad sumida en un futuro contaminado, hiperconsumista, burocrático y autoritario… cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.
Y para cerrar con la Inteligencia Artificial: Ex-Máquina (Ex Machina, 2014) de Alex Garland, Sentencia previa (Minority Report, 2002) de Steven Spielberg y 2001: odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, 1968), en los tres casos la IA toma control de la situación y cambia para siempre el rumbo de la humanidad.
¿Por qué no podemos imaginarnos futuros más brillantes?
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