“La pérdida de un hijo va en contra del orden natural de la vida. Gracias por su entereza, su presencia, su testimonio y su colaboración con la Justicia”.
Con esas palabras despidió este martes el presidente del Tribunal Oral Federal de Santa Cruz, Mario Reynaldi, al último de los más de 90 testigos que pasaron desde marzo por la ciudad de Río Gallegos, en el marco del juicio por el hundimiento del submarino ARA San Juan (SUSJ), que busca determinar si existieron conductas en la cadena de mando de la Armada que pudieran haber desembocado en la gran tragedia.
El último testigo fue el capitán de navío retirado Jorge Rolando Bergallo, considerado un testimonio “de privilegio” en los términos de una de las defensas por tener una condición que ningún otro tuvo: fue, por un lado, uno de los miembros de la Comisión Asesora del Ministerio de Defensa, encargada de investigar los sucesos previos y las causas que podrían haber ocasionado el naufragio; y por el otro, es padre de uno de los 44 tripulantes que iban a bordo del buque que naufragó a unos 500 kilómetros de Comodoro Rivadavia.
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Durante su declaración, Bergallo recordó que fue convocado para integrar ese cuerpo por el entonces ministro de Defensa, Oscar Aguad, pocas semanas después de la desaparición del submarino. Según relató, en una primera comunicación telefónica rechazó el ofrecimiento debido a su situación personal. “Me excusé por mis circunstancias particulares”, explicó. Sin embargo, Aguad volvió a contactarlo en dos oportunidades más. En una de ellas incluso le propuso que confeccionara una lista de almirantes retirados para elegir quiénes lo acompañarían en la tarea investigativa.
El marino retirado señaló que recién aceptó tras analizar la situación y conversar con colegas y compañeros de la Armada. Al explicar los motivos de la insistencia oficial, contó que el entonces ministro le transmitió que su incorporación podría aportar confianza a los allegados de los tripulantes desaparecidos. “El ministro me comentó que el hecho de que yo integrara la comisión iba a darle más tranquilidad a los familiares, por el hecho de que yo siendo familiar también integrara la comisión”, recordó.
El padre del capitán de corbeta Jorge Ignacio Bergallo, quien con 42 años recién cumplidos se desempeñaba como segundo comandante del San Juan durante la última navegación, se sentó en el medio de la sala de audiencias a responder como testigo a pedido de todas las partes del proceso. Así, uno por uno, defensores, fiscalía y querellantes fueron saludándolo y transmitiéndole su respeto y agradecimiento por asistir de manera presencial al tribunal.
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Submarinista al igual que su hijo -o más bien viceversa-, como parte de su extensa trayectoria en la carrera naval relató que había sido comandante del propio ARA San Juan en el año 1993 y de la Fragata Libertad pocos años antes de retirarse en 2004. Acaso por eso fue que su último comentario en la audiencia lo destinó a “remarcar el momento de la toma de decisión del comandante, que no es un momento fácil”.
“No solo no es fácil sino que es terriblemente complicado”, dijo en relación al capitán del San Juan, Pedro Martín Fernández, y a su curso de acción a la hora de enfrentar la avería aquel fatídico 15 de noviembre de 2017 -el principio de incendio en el tanque de baterías por ingreso de agua de mar-, en medio de una meteorología hostil en el Atlántico Sur.
“A la presión de las circunstancias, en este caso de la avería y de tener que salir a superficie con el temporal, etc., se le sumó al comandante -me imagino- el asesoramiento que haya recibido por parte de algún miembro de la Plana Mayor. (...) La toma de decisión en un momento de emergencia, como en tantas otras profesiones, no solo en la militar, en particular en la naval y mucho más en la de submarinos: hay muchas profesiones en las cuales la decisión en el momento de la emergencia tiene que ser casi inmediata“, explicó Bergallo.
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Luego dio un ejemplo: “Si me permiten, recuerden la película Sully, del avión que tiene que amerizar en el río Hudson, donde después el comandante es sometido a una Corte de la Aviación. Ahí el actor se explaya muy bien en la toma de decisión que tuvo que llevar adelante en ese momento. Todos los que hemos estado en la Armada y hemos ejercido el comando más de una vez con toda seguridad hemos pasado esos momentos de tensión. Entonces, a veces cuando me preguntan ‘¿usted se hubiera quedado en superficie o hubiera ido a inmersión?’ Mi respuesta hasta ahora y en el Consejo de Guerra fue la misma: no sé, depende. No sé en ese momento cuánta gente se había golpeado, aunque el mensaje naval dijera ‘personal sin novedad’“.
Y, en esa línea, volvió a plantear: "Yo quiero remarcar el proceso de toma de decisión del capitán Fernández, porque debe haber sido muy difícil. Y esto va concatenado con las tomas de decisiones desde el comandante del submarino San Juan hacia arriba en la cadena de comando. Por ejemplo: el comandante de Adiestramiento y Alistamiento, ¿hubiera enviado un buque? ¿Y para qué? (...) A lo mejor sí, a lo mejor no: pero son todas suposiciones, conjeturas“.
Para el capitán Bergallo, integrante de la Comisión investigadora junto a los contralmirantes Gustavo Trama (RE) y Alejandro Kenny (RE), por pedido del entonces ministro de Defensa Oscar Aguad, “si alguien se equivocó” en la adopción de decisiones durante los momentos críticos que involucraron al submarino “tendrá un determinado nivel de responsabilidad, pero el proceso es muy difícil y por eso en especial quiero remarcar lo hecho por el capitán Fernández, por el momento que vivió“.
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Al respecto, completó: “Además tuvo, si se puede decir así, la virtud del cuidado de no generar más inquietud en su comando superior -el entonces titular de la Fuerza de Submarinos Claudio Villamide, hoy imputado-“.
El testimonio de Bergallo estuvo cargado de emociones. La querellante Lorena Arias, al saludarlo públicamente, le dijo que 2017 había sido “un año muy duro para los dos, y usted ha sido siempre para mí una fuente de ejemplo y yo le agradezco por eso”. Arias representa a distintas familias de tripulantes del ARA San Juan junto a la abogada Valeria Carreras y, además, es familiar de Horacio Airala, jefe de máquinas del pesquero El Repunte, hundido en junio de 2017 frente a las costas de Chubut.
Por su parte, el abogado Luis Tagliapietra, también querellante y padre del teniente de corbeta Alejandro Tagliapietra, alumno submarinista a bordo del SUSJ, al tomar la palabra le expresó al testigo: “Sabe que compartimos el sentimiento”.
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Luego le preguntó: “¿Lo llegó a conocer personalmente al comandante Fernández?”.
“No, no tuve la oportunidad de estar destinado con ninguno de los tripulantes, y ni siquiera en un destino cercano, porque yo me fui del área de submarinos antes”, respondió el ex oficial superior, quien además posee una licenciatura en Historia, una maestría en Relaciones Internacionales y un doctorado en Ciencia Política.
Consultado sobre las conversaciones que mantenía con su hijo y la imagen que este tenía del comandante Pedro Martín Fernández, Bergallo aseguró que nunca recibió comentarios específicos sobre él ni sobre otros integrantes de la tripulación. Explicó que su hijo era “muy reglamentario” y hasta “ético” en referencia a su respeto por las jerarquías y las normas de la fuerza. Por ese motivo, señaló que jamás le formuló apreciaciones personales sobre su superior ni sobre otros miembros de la dotación.
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El ex comandante del submarino siniestrado recordó que ambos hablaban con frecuencia sobre las navegaciones, los ejercicios y el nivel de instrucción de la tripulación. “Yo le preguntaba en las primeras navegaciones cómo le había ido, cómo eran los zafarranchos, las diferentes actividades para adquirir el nivel de instrucción en técnicas y tácticas. Lo conversábamos mucho. A veces me da la sensación de que yo era molesto”, relató. Y agregó que disfrutaba de esas charlas no solo desde el plano familiar, sino también porque le permitían seguir conectado con la actividad submarinista. “Era una manera de seguir navegando”, admitió.
En ese contexto, sostuvo que su hijo le solía comentar que el ARA San Juan se encontraba en condiciones de operar y que la tripulación estaba correctamente entrenada. “Lo que siempre me transmitió era que estaban bien, que no solo el buque estaba bien sino que ellos estaban adiestrados”, declaró.
También relató que mantuvo contacto con el teniente Bergallo durante la escala en Ushuaia y antes de la última zarpada, oportunidad en la que su hijo le comentó que permanecerían un día más en puerto tras una autorización solicitada por el comandante al titular de la Fuerza de Submarinos. Según aseveró, en esos intercambios nunca percibió señales de preocupación o inconvenientes a bordo. “La sensación que él me transmitía es que no había ningún inconveniente, por lo cual, yo asumo que no debería haber ocurrido nada particular”, concluyó.
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“No había ningún inconveniente ni ningún riesgo”
Otro de los intercambios relevantes se produjo durante el interrogatorio del abogado defensor Juan Pablo Vigliero, representante de Claudio Javier Villamide, capitán de navío destituido y ex comandante de la Fuerza de Submarinos. Villamide integra el grupo de cuatro ex oficiales de la Armada que llegaron a juicio oral por el hundimiento del ARA San Juan, junto al contralmirante Luis Enrique López Mazzeo, el capitán de navío Héctor Alonso y el capitán de fragata Hugo Correa.
Las preguntas giraron en torno a las conclusiones de la comisión asesora que integró Bergallo. Ese cuerpo fue creado para analizar la documentación vinculada al estado material del submarino desde su salida de la reparación de media vida hasta sus últimas navegaciones, incluyendo la zarpada desde Mar del Plata el 25 de octubre de 2017 y la posterior partida desde la Base Naval Ushuaia el 8 de noviembre de 2017. El trabajo también incluyó la recopilación de información mediante entrevistas a personal considerado de interés para la investigación.
A partir de ese análisis, Bergallo indicó que el ARA San Juan reunía las condiciones de seguridad necesarias para haber zarpado. “Sí, reunía todas las condiciones de seguridad náutica”, expresó. También consideró que el submarino se encontraba en condiciones de cumplir con la misión que le había sido asignada, aunque aclaró que su apreciación estaba referida específicamente a la etapa de mar que debía desarrollar durante aquella navegación.
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Vigliero luego le preguntó si, con la perspectiva que da el paso del tiempo y en su doble condición de submarinista y padre del segundo comandante del buque, entendía que su hijo se sentía seguro navegando en el ARA San Juan.
Bergallo explicó que nunca recibió de su parte comentarios que le generaran preocupación respecto del estado material del submarino ni sobre el desempeño de la tripulación o de sus superiores. “Nunca me hizo algún comentario que a mí me generara alguna preocupación, ni desde el punto de vista del material ni desde el punto de vista del personal, e incluyo acá con todo respeto al comandante. Nunca me hizo ningún comentario que me transmitiera inquietud o me la generara a mí”, relató.
El testigo agregó que conserva fotografías tomadas durante la navegación en las que puede verse a su hijo junto a otros tripulantes y oficiales. Si bien aclaró que no se trata de un elemento técnico de análisis, entendió que esas imágenes reflejaban el clima que existía a bordo. “No es un dato científico, pero están todos sonriendo. Incluso en las fotos de la tripulación ninguno transmite dudas”, comentó.
Sobre el final de su respuesta, Bergallo resumió la percepción que obtuvo tanto de sus conversaciones con su hijo como de la información que conoció posteriormente sobre la navegación. “Toda la información que dispongo y los indicios, no sé si decirles humanos, me indican que no había ningún inconveniente y ningún riesgo”, señaló.
Las observaciones sobre la prueba realizada con la válvula E19
La fiscal de Investigaciones Administrativas, María Andrea Garmendia Orueta, centró parte de su interrogatorio en una serie de antecedentes registrados durante la navegación que el ARA San Juan realizó entre el 1 y el 19 de julio de 2017, y que fueron posteriormente analizados por la comisión asesora.
Según surge de un informe elaborado por el entonces comandante del submarino, Pedro Martín Fernández, el 6 de julio se registró un ingreso de agua en la voluta del ventilador de baterías del tanque N.º 3 mientras la unidad navegaba utilizando snorkel. Se trata del mismo sector donde, durante la noche del 14 de noviembre de 2017, fue reportado el principio de incendio que precedió a la desaparición del buque.
De acuerdo con las conclusiones técnicas incorporadas a la investigación, el único punto por el que esa agua pudo haber ingresado al sistema era el flap o válvula E19, perteneciente al sistema de ventilación del submarino.
Una semana después, el 13 de julio, Fernández dispuso una prueba de control de atmósfera que implicó modificar la configuración habitual de ese sistema mediante la manipulación de la válvula E19 y otros componentes asociados. El objetivo era evaluar alternativas para prolongar el tiempo de permanencia en inmersión mediante una mayor recirculación del aire interno y una menor utilización de los canisters de cal sodada, empleados para absorber el dióxido de carbono generado por la tripulación.
Tanto el ingreso de agua reportado el 6 de julio como aquella prueba realizada el día 13 fueron incluidos entre las cuestiones que la comisión consideró necesario esclarecer. En su informe final, el cuerpo recomendó determinar por qué, tras ambos episodios, no se impulsó una investigación técnica exhaustiva ni se adoptaron medidas específicas destinadas a reducir la posibilidad de que una situación similar pudiera repetirse durante la navegación de noviembre.
Consultado sobre esos antecedentes, Bergallo explicó que el episodio llamó la atención de los tres integrantes del equipo investigador. “A mí, igual que a los otros dos integrantes de esta Comisión, nos sorprendió que se hubiera hecho esta maniobra”, manifestó.
El ex comandante del ARA San Juan aclaró, sin embargo, que una evaluación definitiva dependía de las condiciones concretas en las que se hubiera desarrollado la prueba. Según explicó, una maniobra de esas características podría resultar admisible si estuviera cuidadosamente planificada, supervisada y ejecutada con personal desplegado en distintos sectores para detectar de inmediato cualquier anomalía. “Excepto que fuera algo muy bien controlado, supervisado a bordo con todo el personal disponible para ubicarse en diferentes lugares y en todo caso alertar que estaba pasando agua. Pero en la normalidad, en lo habitual, esto no se hace. O no se hacía. Por eso nos sorprendió”, señaló.
Bergallo añadió que otro aspecto que le resultó llamativo fue no haber escuchado nunca referencias a ese episodio por parte de su hijo, el capitán de corbeta Jorge Ignacio Bergallo, quien se desempeñaba como segundo comandante del submarino y fue ascendido al grado inmediato superior post mortem.
“Yo con el segundo comandante hablaba muy seguido, muy muy seguido de muchos temas, y en particular en ese último año. Y lo que me sorprendió es que nunca me hizo ningún comentario sobre esta maniobra, sobre este ensayo o este experimento”, comentó.
La fiscal también le preguntó cuál habría sido, desde su experiencia como comandante y segundo comandante de submarinos, el procedimiento adecuado para llevar adelante una prueba que se apartara de las prácticas habituales de navegación.
Aunque indicó que no recordaba una reglamentación específica sobre ese supuesto, el capitán Bergallo describió cuál habría sido su criterio profesional. “Yo lo que hubiera hecho es avisarle al comandante de la Fuerza -mi comandante superior-: ‘voy a hacer este ensayo, esta prueba, con tal objetivo’. Y el comandante superior me hubiera dicho sí o no, o hágalo con cuidado", consideró.
Y remató: “Pero como mínimo, si voy a hacer algo fuera de lo previsto, por supuesto que avisaría. Y más aún, pediría autorización”.