“El horror de una guerra es el dolor y el olor a muerte”. Así recuerda Malvinas Alicia Reynoso, enfermera y excombatiente. En Infobae en Vivo A las Nueve, contó en detalle cómo fue su experiencia mientras cumplía funciones en el Hospital Móvil de Comodoro Rivadavia durante la Guerra de Malvinas, junto a otras 14 enfermeras. Participó activamente en la atención de los soldados heridos, en condiciones adversas, y recibió recientemente la inscripción de “Excombatiente Heroína de la Guerra de Malvinas” en su DNI.
Durante 1982, Reynoso integró un grupo de personal civil de la Fuerza Aérea destinado inicialmente a las islas, aunque finalmente se instaló en un hangar acondicionado por YPF en Comodoro Rivadavia. “Yo había ingresado a la Fuerza Aérea en 1980, en un programa piloto de incorporación de mujeres. En 1982 tenía el grado de cabo principal”, recordó Reynoso. El camino del reconocimiento fue arduo y, según sus palabras, la entrega del documento con la inscripción oficial significó una reparación histórica, pero la búsqueda de justicia y visibilidad continúa.
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La experiencia de Malvinas marcó profundamente a Reynoso y a sus compañeras. “Estoy entera por ahora. Muchas no lo pueden decir, así que estar bien es dar gracias a Dios y a la Virgen de Loreto que puedo estar acá dando testimonio”, afirmó.
El recuerdo imborrable de la guerra
Reynoso destacó la carga emocional que implica rememorar el conflicto. “No paro más y creo que es la razón de mi vida, porque ese es el legado que tenemos los que volvimos”, expresó. Al describir el cotidiano que vivieron, enfatizó: "El horror de una guerra, el dolor de una guerra y el olor de una guerra. Algo que la mochila que tenemos no la vamos a sacar nunca".

En su relato, el “olor” representa la cercanía con la muerte en todas sus formas. “Vivíamos la muerte a diario, con 23 años. Y quienes estaban en nuestras manos eran jóvenes valientes de 18 años. Entonces, nos marcó para siempre”.
La oportunidad de servir surgió de manera inesperada. “Yo estaba en el hospital, era la jefa de enfermería del Hospital Aeronáutico en Pompeya, Buenos Aires. Me llamó mi jefe y me avisó sobre la situación. Yo ni sabía, no tenía radio, escuchaba música, no noticias”, narró Reynoso.
El despliegue en Comodoro Rivadavia y el rol de las enfermeras
Las enfermeras fueron trasladadas a Comodoro Rivadavia y se embarcaron en un desafío inusual para su juventud. Reynoso rememoró: “Nos tuvieron un día y medio en el hospital, y de ahí nos llevaron a Palomar. Nos embarcamos en un avión; recuerdo que los soldados iban sentados en el suelo”. El shock de la guerra cobró dimensión cuando llegaron a Comodoro: “Ahí sí nos dimos cuenta de que no era lo que practicábamos todos los días. El 1° de mayo, a las 4.40 de la madrugada, se iniciaron los bombardeos y empezaron a llegar los heridos.”

Reynoso detalló el operativo de evacuación y atención sanitaria: “Nosotros recibíamos todos los aviones que despegaban de Malvinas, ya sea C-130 configurado como ambulancia o F-28, que llevaban entre sesenta y cinco y setenta camillas, unas arriba de la otra”.
Añadió que la evacuación se realizaba en vuelos secretos de madrugada para evadir la vigilancia. “Volar en camilla era brutal para los heridos”, subrayó, al describir las dificultades para trasladar soldados que a menudo llegaban en estado crítico.
La interacción con los combatientes se quedó grabada en los recuerdos de Reynoso. “Escuchábamos: ‘Mamá, ¿dónde está mi mamá? Llamen a mi mamá’. Eso eran los combatientes que afrontaban la guerra sin haber completado su instrucción militar. La guerra misma fue la instrucción”.
Visibilidad, memoria y desafíos dentro de las fuerzas
Ninguna de las enfermeras de la Fuerza Aérea cruzó a las islas, pero su trabajo resultó vital en la logística sanitaria. “Nosotros en el quirófano podíamos realizar dos operaciones simultáneas, o continuábamos una iniciada en las islas. Ninguna mujer cruzó las islas. Yo hablo de la Fuerza Aérea porque es la fuerza que conozco”, explicó Reynoso.
El proceso de visibilidad no fue sencillo. “Durante muchos años, nosotros batallamos para ser reconocidas como heroínas de guerra”, destacó Reynoso. Las enfermeras enfrentaron no solo el olvido social, sino también trabas dentro de la misma institución. “Éramos la primera promoción de mujeres militares. Cumplimos lo que juramos. Hoy, cada cuatro años, juran por Dios, la patria; pero se olvidan rápido lo que votaron”, expresó.
El vínculo entre las catorce enfermeras de Malvinas perdura en la memoria y el reconocimiento postergado. “La cabo principal Basler, que fue compañera nuestra, se fue a Alemania después de la guerra. Su veteranía le salió diez días después de su muerte. No lo pudo ver”, lamentó Reynoso, refiriéndose a las dificultades para obtener la valoración que les corresponde.

Luchar contra la desmalvinización y contar la propia historia
Para Reynoso, la reconstrucción de la memoria de Malvinas requiere un relato contado en primera persona. “Yo pasé 33 años sin hablar de la guerra, pero escuchaba que nadie nos nombraba. Dije: ‘Yo empiezo a hablar, nadie me lo va a guionar’”. Relató que su libro Crónicas de un olvido nació en guardias nocturnas, escrito en un cuaderno manchado por el paso del tiempo y las difíciles jornadas laborales. “El libro es el inicio”, dijo sobre su búsqueda para que las nuevas generaciones conozcan la historia real de las mujeres que participaron.
La visibilidad llegó lentamente y con dificultades. “Mi lucha empezó en 2009 por la visibilidad de la mujer y la igualdad”, indicó Reynoso. La desmalvinización no solo provenía de la sociedad o el Estado, sino “de los propios compañeros que no nos nombraban”.
Su objetivo es “malvinizar” y unir a la sociedad desde la verdad y el respeto. “Chiquito o grande, lo que hicimos las enfermeras debe estar contado en primera persona y no decir en el día de mañana: sí, hubo mujeres, como las Patricias Argentinas, las niñas de Ayohuma, que deben de haber tenido una identidad”.
A pesar de las adversidades, la responsabilidad persiste: “Llevo con orgullo estas medallas, pero también en mi espalda tengo una responsabilidad de ir a contar la verdad”.
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