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Así se prepara Florida ante el avance del nivel del mar: nuevas viviendas, muros vivos y parques adaptados

Impulsan infraestructura resiliente con barreras costeras impresas en 3D, complejos elevados y espacios públicos capaces de retener lluvia, en un país con 129 millones en condados litorales

Casi el 40% de la población de Estados Unidos vive en condados costeros, lo que amplía el desafío de la resiliencia climática más allá de Florida (REUTERS/Marco Bello/File Photo)
Casi el 40% de la población de Estados Unidos vive en condados costeros, lo que amplía el desafío de la resiliencia climática más allá de Florida (REUTERS/Marco Bello/File Photo)
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Florida empezó a rediseñar parques, viviendas y muros costeros para convivir con el avance del mar y tormentas más frecuentes.

El desafío escala más allá del estado: 129 millones de personas, casi el 40% de la población de Estados Unidos, viven en condados costeros, según The Associated Press.

Huber habló también desde una experiencia personal. Tenía 12 años cuando el huracán Andrew, de categoría cinco, arrancó el techo de la casa de su infancia en 1992, una de las decenas de miles dañadas o destruidas en el sur de Florida.

La familia esperó varios días hasta recibir ayuda, dependió de donaciones de comida durante mes y medio y pasó más de un año viviendo en un remolque.

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“No se trataba solo de la tormenta en sí, sino de las consecuencias de esa tormenta y de cómo empezamos a diseñar para esos aspectos”, dijo a The Associated Press, agencia de noticias estadounidense.

Florida rediseñó parques, viviendas y muros costeros para adaptarse al avance del mar y a tormentas más frecuentes (AP Photo/Lynne Sladky)
Florida rediseñó parques, viviendas y muros costeros para adaptarse al avance del mar y a tormentas más frecuentes (AP Photo/Lynne Sladky)

“Estamos viendo tormentas extremas, escenarios extremos como este que se están volviendo mucho más comunes”.

En Miami Beach, las inundaciones frecuentes y el agravamiento de las marejadas llegaron a un punto en que, cada vez que llovía, la abogada Anya Freeman corrió a su casa para mover el auto porque su calle se llenaba de agua hasta las rodillas y no conseguía seguro contra inundaciones para el vehículo.

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En 2024 dejó el derecho y creó Kind Designs, una empresa que fabricó muros costeros vivos impresos en tres dimensiones.

Muros costeros “vivos”: hábitat marino y barrera contra las olas

Esos muros buscaron ser asequibles y escalables, pero también funcionar como hábitat marino. Se construyeron más rápido, con una mezcla de hormigón no tóxica, y pudieron adaptarse a los ecosistemas de cada sitio: en Miami reprodujeron raíces de manglar; en Nueva York, agrupaciones de percebes.

“Tenemos toda una biblioteca de diseños para distintos hábitats marinos, y el objetivo es atraer a las especies nativas, crear cuevas donde puedan esconderse de los depredadores y también disipar las olas”, dijo Freeman a la agencia.

La empresa sostuvo que su tecnología disipó al menos el 45% de la energía de las olas, lo que mejoró la resistencia al desborde y a la erosión.

En uno de los muros, investigadores de la Florida International University identificaron 51 especies un año después de la instalación, entre ellas ostras y gusanos tubícolas que ayudan a limpiar el agua.

Freeman afirmó que ya instalaron 16 muros de este tipo en Florida para clientes residenciales, comerciales y gubernamentales.

El próximo paso será colocar los primeros en California y Nueva York, además de reforzar bases costeras de la Marina de Estados Unidos.

Kind Designs desarrolló en Miami Beach muros costeros vivos impresos en 3D para disipar olas y crear hábitat marino con diseños adaptados a cada ecosistema (REUTERS/Marco Bello)
Kind Designs desarrolló en Miami Beach muros costeros vivos impresos en 3D para disipar olas y crear hábitat marino con diseños adaptados a cada ecosistema (REUTERS/Marco Bello)

Viviendas elevadas y parques como infraestructura resiliente

Otra respuesta apareció en Vista Breeze, un complejo de vivienda asequible para adultos mayores en Miami Beach diseñado por el estudio Brooks Scarpa Huber.

El proyecto tuvo 119 unidades distribuidas en dos edificios, estuvo elevado 3,05 metros sobre el nivel del mar y fue concebido para soportar marejadas de hasta 6,10 metros.

El hormigón incorporó un polvo cristalino impermeable que impidió la penetración del agua y prolongó la vida útil de la estructura. Las barras de refuerzo, recubiertas de zinc, quedaron protegidas frente al óxido y la corrosión.

“Son algunos de los pasos más simples y más fáciles, y no cuestan tanto”, dijo Huber, arquitecto principal del proyecto, citado por The Associated Press, agencia de noticias estadounidense. “Pero van a hacer que nuestros edificios sean más resilientes desde el principio”.

El complejo también fue pensado para reducir el calor. Los edificios quedaron orientados hacia el sudeste para aprovechar las brisas dominantes y enfriarse de forma pasiva.

Además, sumaron salas comunitarias, patios y terrazas para fomentar la convivencia, con ascensores discretos y escaleras visibles para incentivar su uso.

A unos 48 kilómetros al norte, el antiguo estacionamiento que ocupó el predio de DC Alexander Park, en Fort Lauderdale, fue transformado en un espacio público que a la vez cumplió funciones de infraestructura frente a inundaciones.

La empresa afirmó que sus muros costeros redujeron al menos el 45% de la energía de las olas y que uno de ellos albergó 51 especies un año después de su instalación (REUTERS/Octavio Jones/File Photo)
La empresa afirmó que sus muros costeros redujeron al menos el 45% de la energía de las olas y que uno de ellos albergó 51 especies un año después de su instalación (REUTERS/Octavio Jones/File Photo)

El parque incluyó un mirador artístico de 7,6 metros (25 pies) y, en su perímetro, un bosque marítimo nativo que absorbió lluvia y entradas de agua salada mientras ofreció recreación y refugio para especies.

Esas soluciones se apoyaron en la investigación de Huber sobre la adaptación de ciudades costeras al aumento del nivel del mar, plasmada en su manual de diseño de 2024, Salty Urbanism.

Para él, Miami fue un campo de prueba de ideas que luego podrían servir a otras ciudades costeras del mundo ante escenarios de aumento del mar de 1,5 o 2,7 metros (cinco o nueve pies).

La barrera: financiamiento, regulación y escala

La expansión de estas obras enfrentó límites de financiamiento, regulación y apoyo comunitario. Hace alrededor de una década, el diseñador urbano Aaron DeMayo, fundador de Future Vision Studios, comenzó a desarrollar The Coastline, una propuesta de plan maestro regional de resiliencia para proteger el sur de Florida de las marejadas y de la subida del nivel del mar.

DeMayo reconoció que el costo sería elevado, pero sostuvo que la urgencia justificaba una solución de esa escala: “Tenemos una cantidad enorme de propiedades en zonas bajas y propiedades que podrían verse afectadas por la marejada ciclónica”, dijo a The Associated Press, agencia de noticias estadounidense.

“Lo que presentamos aquí va a tener un retorno de inversión muy grande porque estamos protegiendo cientos de millas de propiedades frente al agua, así como las que están detrás”.

En la Universidad de Miami, el director del Centro de Diseño Urbano y Comunitario, Thomas Klein, trabajó sobre otro problema: la falta de ayuda para que las comunidades de menores ingresos puedan costear proyectos resilientes al clima.

El centro, fundado después del huracán de 1992 que dañó la casa de Huber, preparó un fondo de diseño comunitario para convocar propuestas, identificar junto con los vecinos cuáles tendrían mayor impacto y desarrollar los proyectos con apoyo de expertos universitarios.

Klein planteó que la escasez de recursos obligó a construir infraestructura con varias funciones al mismo tiempo. Su ejemplo fue una calle que no solo moviera autos: que también contemplara ciclistas, incorporara un carril de autobús rápido, gestionara las aguas pluviales y redujera el efecto de isla de calor.

Para este otoño, además, lanzarán una iniciativa para diseñar “parques esponja” en el sur de Florida con infraestructura verde y otras soluciones capaces de absorber lluvia y manejar el agua de tormenta.

El director añadió que Florida tuvo un entorno regulatorio difícil, pero consideró que las respuestas que surgieron allí fueron “singularmente replicables” en otros estados porque obligaron a trabajar dentro de un abanico más estrecho de herramientas para materializar soluciones de resiliencia urbana.

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