
En 2025, cerca de 150.000 personas más abandonaron California de las que decidieron mudarse a este estado. La principal causa de este éxodo migratorio no es la falta de trabajo ni el clima, sino la imposibilidad de afrontar el costo de vida, en particular el acceso a la vivienda. Así lo revela el informe “Priced Out: Relocation Amidst California’s Affordability Crisis”, elaborado a partir de bases de datos anónimas por el Instituto de Investigación California Policy Lab de la Universidad de California.
El costo de vida, protagonista de la salida masiva
El informe señala que el precio de la vivienda en California, incluso en los barrios menos costosos, supera al de casi cualquier otra región de Estados Unidos. A esta presión se suman incrementos notables en productos y servicios básicos: el 11% en los alimentos, el 40% en la gasolina y el 61% en los servicios públicos, en comparación con la media nacional. Así, aunque los migrantes perciben ingresos promedio 8% inferiores en los destinos a los que se trasladan, esta caída salarial se ve compensada por una disminución considerable en los gastos diarios.
En relación con el monto de los ahorros, los ex californianos reducen su gasto mensual en vivienda en alrededor de USD 672 al mudarse, situándose en aproximadamente USD 1.706 por mes, frente a los USD 2.376 promedio en los vecindarios que dejan atrás. Para quienes migran hacia California, el efecto es opuesto: el gasto en vivienda aumenta un 38% respecto a sus barrios de origen.
Al evaluar la mejora patrimonial, el estudio sostiene que siete años tras emigrar, los ex californianos presentan una probabilidad 48% mayor de ser propietarios de una vivienda que quienes permanecieron en el estado, incluso tras ajustar por edad. Este repunte se explica, en parte, porque el precio medio de compra en las áreas de destino es USD 396.000 inferior respecto a California.
En consecuencia, Evan White, director ejecutivo del laboratorio y coautor del estudio, señaló en un comunicado de prensa que “el precio del sueño californiano se ha disparado y muchas familias se están mudando a lugares más asequibles. El impacto de estos cambios es enorme. Los barrios a los que se mudan son la mitad de caros y tienen muchas más probabilidades de ser propietarios de una vivienda en pocos años".
Los destinos de los ex californianos
Entre las áreas de destino, Nevada destaca como el principal receptor per cápita de migrantes provenientes de California, con un saldo neto anual de 81 llegadas por cada 10.000 habitantes entre 2016 y 2025. Idaho, Oregón y Arizona siguen en la lista como los destinos más frecuentes.
No obstante, la mayoría de los californianos que se mudan optan por destinos cercanos, manteniendo la tendencia de realizar traslados relativamente cortos: tres de cada cinco migrantes permanecen dentro de su condado de origen y, aun contemplando las mudanzas de mayor distancia, el recorrido medio cayó un 14% tras la pandemia hasta quedarse en 358 millas (576 kilómetros).
El fenómeno es más pronunciado entre quienes se desplazan desde zonas de altos ingresos, donde la distancia promedio asciende a 449 millas (723 kilómetros), el doble que quienes parten desde zonas de bajos ingresos.

Un nuevo perfil migratorio: de barrios ricos, pero con fragilidad financiera
Aunque podría suponerse que quienes abandonan California pertenecen a estratos castigados por la pobreza, la porción de migrantes que proviene de vecindarios acomodados creció un 19% en la última década. Según los datos del California Policy Lab, la proporción de familias que parte desde barrios de altos ingresos aumentó 6,4 puntos porcentuales después del COVID-19, y el vecindario promedio de origen de estos migrantes es hoy 8,7% más afluente que antes de la crisis sanitaria.
No obstante, se trata de individuos en posición financiera más débil que sus vecinos californianos: quienes emigran muestran 17 puntos menos de puntaje crediticio, USD 5.500 más de deuda estudiantil y una tasa 16% superior de utilización de tarjetas de crédito, además de ser 11 puntos porcentuales menos propensos a ser propietarios respecto a sus pares del mismo barrio antes de mudarse.

Descenso de la movilidad y consolidación de una nueva normalidad migratoria
Pese a que la emigración de californianos persiste, el ritmo de mudanzas dentro del estado ha disminuido de forma generalizada. El análisis de datos muestra que las tasas de movilidad cayeron un 10% durante la pandemia y se mantienen bajas, lo que representa unas 343.000 mudanzas menos al año en comparación con los niveles previos al COVID-19.
Paralelamente, la migración desde otros estados hacia California se redujo de manera significativa: actualmente, 42 estados envían menos personas que hace una década, siendo el descenso más pronunciado en estados del oeste como Wyoming y Alaska.
Aunque el saldo migratorio negativo es menos marcado que en el pico de la pandemia, los especialistas advierten que la situación podría haberse estabilizado en una “nueva normalidad”, según el canal local Fox 40. Esta etapa se caracteriza por la persistencia de la brecha entre salidas y llegadas, así como por la transición de políticas reactivas hacia estrategias de largo plazo.
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