El rincón de La Rioja con bonitos pueblos donde se elabora un queso de cabra con 700 años de historia

Esta región atesora uno de los productos gastronómicos más singulares de España y cuenta con DOP

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Cameros, en La Rioja (Turismo
Cameros, en La Rioja (Turismo La Rioja).

En el corazón de La Rioja, la tierra del vino y de los paisajes increíbles, existen pueblos que conservan intacta la esencia de la sierra y un modo de vida sereno, alejado del bullicio. Entre valles y montañas, casonas de piedra y ríos cristalinos, estos rincones invitan al viajero a descubrir una gastronomía ancestral y un patrimonio cultural tan auténtico como sorprendente. La región, conocida por su riqueza monumental y sus productos únicos, guarda en sus pueblos serranos algunos de los secretos mejor guardados de la península.

Uno de estos tesoros es Cameros, una región donde el tiempo se mide al ritmo de las estaciones y la historia se saborea en cada bocado de su célebre queso de cabra. Aquí, rodeado de naturaleza y tradiciones centenarias, el visitante encuentra un destino que reivindica los sabores de siempre y el orgullo de una receta que ha sobrevivido más de siete siglos.

Un queso con siete siglos de historia

Enclavado entre montañas, Cameros es sinónimo de queso de cabra con Denominación de Origen Protegida, elaborado según recetas transmitidas de generación en generación. La vida en este pequeño pueblo fluye pausada, marcada por los ritmos de la naturaleza y una gastronomía ligada al pastoreo y al trabajo artesanal. El invierno invita a disfrutar del silencio y de los productos locales, especialmente de un queso que forma parte del paisaje tanto como los bancales de huertas o las aguas del río Iregua.

La historia del Queso Camerano se remonta a hace 700 años. Su elaboración, exclusiva con leche de cabra de la zona, es el reflejo de una tradición pastoril que ha resistido el paso de los siglos y el empuje de la industria. En la actualidad, dos queserías —Lácteos Martínez (marca Los Cameros) y Quesos Celia— y apenas una decena de ganaderos mantienen vivo un proceso que estuvo al borde de desaparecer.

Cameros, en La Rioja (Turismo
Cameros, en La Rioja (Turismo La Rioja).

Esta delicia se disfruta en versiones frescas, semicuradas y curadas. El semicurado, de textura firme y sabor equilibrado, es el más apreciado, mientras que el curado —madurado durante más de 75 días— ha sido galardonado en certámenes internacionales. Durante el invierno, el queso fresco, elaborado con leche más grasa y rica, se convierte en el acompañante ideal de un pan rústico y un vaso de zurracapote.

De este modo, en 2012, la Denominación de Origen Protegida Queso Camerano fue ratificada, exigiendo que la leche utilizada proceda exclusivamente de la sierra de Cameros. La recogida en aldeas como Jalón de Cameros y su traslado para la transformación en Haro garantizan la autenticidad y el carácter del producto. Frente a la producción masiva, aquí prima la calidad, el origen y el esfuerzo del pequeño productor, que ve en cada pieza una herencia que merece ser protegida.

Cuna de historia y arte

Pero Cameros es mucho más que queso. El visitante que recorre Torrecilla en Cameros, principal localidad de la zona, descubre un pasado ilustre y una riqueza artística inesperada. Aquí nació el político Práxedes Mateo-Sagasta, cuyo legado se conserva en un pequeño museo municipal. La iglesia de San Martín sorprende al viajero con su retablo plateresco, un tríptico flamenco y una nave que esconde verdaderos tesoros. Pero la verdadera esencia del pueblo se respira en sus plazas tranquilas y en la mesa, donde platos de migas, calderetas y pimientos asados conviven con el queso que ha dado fama internacional a la comarca.

En la Península Ibérica se esconden algunos lugares únicos y llenos de historia.

Además, la comarca ofrece rutas de senderismo por robledales, hayedos y cumbres como el Cerro Plandero. El cercano Parque Natural Sierra de Cebollera invita a recorrer caminos señalizados, descubrir cascadas y respirar el aire puro de la montaña durante todo el año. Los alojamientos rurales, con fachadas de piedra y hospitalidad cercana, permiten al visitante sumergirse en un entorno donde la vida gira en torno al río, la montaña y el tiempo bien vivido.