
En el corazón de los Pirineos de Andorra, donde la naturaleza se viste de abismos y cumbres infinitas, los viajeros encuentran algo más que paisajes de postal: una invitación al asombro y a la aventura. Entre valles de prados alpinos, bosques de pinos y el murmullo de ríos y lagos, la parroquia de Canillo se ha consolidado como uno de los destinos imprescindibles del Principado, tanto en invierno como en verano. En este entorno donde la modernidad convive con la tradición y la calidad de vida, una estructura desafía a todo aquel que se acerca: el Puente Tibetano de Canillo, el segundo puente colgante peatonal más largo del mundo.
Inaugurado a mediados de 2022, el Puente Tibetano de Canillo se ha convertido en un referente del turismo activo y de montaña en los Pirineos. Su diseño minimalista y su ubicación, en pleno Valle del Riu a 1.875 metros de altitud, lo convierten en una experiencia única para quienes buscan emociones fuertes y panorámicas espectaculares. La estructura, de 603 metros de longitud y apenas un metro de ancho, se extiende sobre un vacío de 158 metros de caída vertical hasta el fondo del valle, situándose solo por detrás del Sky Bridge 721 de la República Checa en el ranking mundial.
Atravesar este puente no es solo un ejercicio de equilibrio o valentía: es contemplar, paso a paso, uno de los paisajes más sobrecogedores de Andorra. Al fondo, el cauce del río parece una línea diminuta, y el horizonte se pierde entre cumbres y bosques que cambian de color con las estaciones. Los visitantes, tras superar los nervios iniciales, pueden admirar la ingeniería de esta pasarela metálica que se mimetiza con el entorno y ofrece una perspectiva inédita de la montaña.
Acceso, horarios y experiencias complementarias

La visita al Puente Tibetano de Canillo está perfectamente organizada para preservar la seguridad y el entorno natural. El acceso se realiza exclusivamente en autobús desde el centro del pueblo de Canillo o desde el parking del Mirador del Roc del Quer, quedando prohibido aparcar en la carretera de acceso. La entrada, que puede adquirirse en la web oficial o en la Oficina de Turismo de Canillo, incluye el desplazamiento en bus hasta la parada más cercana al puente.
Desde allí, una caminata de 900 metros permite disfrutar de vistas privilegiadas del valle central y las montañas donde se asientan las pistas de esquí de Grandvalira. El cruce del puente, que suele durar unos diez minutos, desemboca en la base del Coll de la Cauba, a 1.884 metros de altitud.
A su vez, el horario de apertura a partir de noviembre es solo los fines de semana y condicionado por la meteorología, con salidas de bus cada 30 minutos desde las 9:30 h y últimos accesos entre las 13:00 y las 14:30 h dependiendo del tipo de entrada adquirida. El precio general es de 16 euros (13 euros para menores) e incluye también el acceso al Mirador del Roc del Quer.
Mirador Roc del Quer y el pueblo de Canillo
El Mirador del Roc del Quer es la otra gran atracción del entorno, y puede visitarse de manera independiente o en combinación con el puente. Para quienes solo deseen acceder al mirador, es necesario llegar en vehículo propio. La pasarela, de 20 metros de largo —12 de ellos suspendidos sobre el vacío a 1.913 metros de altitud—, ofrece unas vistas espectaculares del valle, la carretera CG-2 y la silueta de Canillo. La famosa escultura de un hombre sentado en el extremo de la plataforma se ha convertido en una de las imágenes más icónicas de Andorra.
Por su parte, la parroquia de Canillo es mucho más que su famoso puente. Sus pueblos de montaña, como Soldeu, El Tarter, Incles o Meritxell, son puertas de entrada a Grandvalira, el mayor dominio esquiable de los Pirineos, y ofrecen durante todo el año una amplia gama de actividades: senderismo, rutas en bicicleta, visitas culturales y gastronomía de altura. La mezcla de modernidad y respeto por la arquitectura tradicional, visible en las casas de piedra y madera, y un entorno natural protegido convierten a Canillo en un destino que combina calidad, tranquilidad y aventura.
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