
Se puede decir que Barcelona es la capital mundial del Modernismo. Así, a lo largo de sus calles se pueden encontrar infinidad de muestras de esta arquitectura que evidencian la gran importancia cultural e histórica que albergan. Algunos de los monumentos son reconocidos mundialmente gracias a su alto valor artístico, como es el caso de la Sagrada Familia o la Casa Batlló. Sin embargo, otros son más desconocidos, pero guardan un atractivo único que los convierte en ejemplos impresionantes de este estilo.
Además, Antoni Gaudí es el mayor exponente de este movimiento artístico, pero junto a él, otros artistas también levantaron impresionantes monumentos. Uno de ellos es la iglesia de Sant Pacià, realizada por Joan Torras i Guardiola, maestro de Gaudí en la Escuela de Arquitectura de Barcelona. El templo no se encuentra en el Eixample ni junto a los grandes bulevares que conducen al Park Güell o a la Sagrada Familia.
Está en el distrito de Sant Andreu, una zona históricamente obrera del norte de Barcelona, donde en el siglo XIX se levantaban fábricas textiles y cooperativas populares. Allí, entre calles tranquilas y plazas arboladas, se alza este templo neogótico cuya existencia podría pasar desapercibida si no fuera por un detalle: en su interior guarda uno de los primeros trabajos de Antoni Gaudí.
Los murales de Gaudí

La iglesia de Sant Pacià fue construida entre 1876 y 1881 por encargo del obispo Josep Maria de Urquinaona a Joan Torras i Guardiola. Sin embargo, en 1890, las monjas de Jesús-María vendieron la iglesia de Sant Pacià a la Congregación de los Hermanos Maristas, quienes la utilizaron como noviciado y escuela para chicos. No obstante, en 1909, el templo sufrió un incendio durante la revuelta popular anticlerical conocida como la Semana Trágica, lo que llevó a su venta a otro propietario.
Posteriormente, el edificio fue utilizado como almacén de grano y legumbres hasta 1923, cuando el Obispado de Barcelona adquirió el inmueble y lo consagró a Sant Pacià, convirtiéndolo en parroquia en 1930. La iglesia, de estilo neogótico, posee una nave única, bóvedas ojivales y altos ventanales. En 1985, se añadieron a su decoración interior las pinturas murales de Eudald Serrasolses y una escultura del Cristo Resucitado, obra del escultor Juan María Medina Ayllón. Además, los mosaicos originales de Gaudí fueron restaurados en 1988 por Lluís Bru.
Estos mosaicos son sin duda el elemento más característico del templo. Diseñados por el artista catalán y posteriormente realizados por el marmolista Luigi Pellerin en mármol y arenisca de diversos colores, esta composición presenta motivos florales y geométricos, además de incluir las letras alfa y omega, símbolos del principio y el fin, junto con las iniciales J y M, que hacen referencia a la congregación religiosa. Este trabajo adorna tanto el pasillo central como el crucero del templo. Según informan desde el Ayuntamiento de Barcelona, el estilo de estos mosaicos “tiene muy poco que ver con la etapa modernista de Gaudí”.
Una joya escondida en el barrio de Sant Andreu
A diferencia de otros enclaves modernistas de Barcelona, la iglesia de Sant Pacià no aparece en la mayoría de los itinerarios turísticos ni suele estar incluida en las rutas gaudinianas. No obstante, en los últimos años ha comenzado a despertar el interés de visitantes y estudiosos. La parroquia ha abierto el templo a visitas guiadas y algunos recorridos culturales por el barrio ya la incluyen como parada destacada.
Para los vecinos de Sant Andreu, la iglesia sigue siendo un lugar de culto habitual y un símbolo de identidad local. Su fachada de ladrillo visto y sus vitrales de tonos suaves contrastan con la grandiosidad de otros templos barceloneses, pero guardan una dignidad serena, acorde con el entorno. En el interior, bajo las bóvedas neogóticas, el eco de Gaudí permanece silencioso pero persistente.
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