Xavier García
Santiago de Compostela, 26 mar (EFE).- La directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh) y codirectora de las excavaciones de Atapuerca, María Martinón, considera que la cooperación define más al ser humano que la violencia y es la que le ha dado "el éxito como especie".
Martinón, que ayer miércoles ingresó en la Real Academia Galega de las Ciencias (RAGC), explica en una entrevista con EFE que al analizar el registro fósil "no se puede negar que hay un componente violento" en el comportamiento humano, pero "no es lo que nos caracteriza".
"Las especies del linaje humano están llenas de ejemplos de individuos que han sobrevivido con incapacidades, con dificultades, que han tenido supervivencia prolongada con algunas lesiones muy serias, lo que significa que han sido cuidados por otros", apunta la investigadora gallega.
Los signos de enfermedad que los paleontólogos encuentran entre los fósiles de yacimientos como el de Atapuerca "ponen en evidencia que no dejamos a los enfermos, ni a los ancianos, ni a las personas que puedan ser diferentes atrás" y nos muestran "múltiples ejemplos de esa solidaridad y cuidado hacia el vulnerable", afirma.
A su juicio, el Homo sapiens tiene también la violencia, pero es la "cooperación, el comportamiento protosocial y la preocupación por el otro lo que realmente nos da el éxito como especie".
"Lo que hace el éxito de una especie tan diversa, con individuos tan diferentes en capacidades, en comportamiento, en formas de ser y en carácter, es la vivencia en grupo, que es lo que nos define y nos hace fuertes", recalca.
En el contexto actual de un mundo sumido en guerras y violencia, Martinón cree que el estudio de la medicina y de la evolución pueden ofrecer "un retrato más claro sobre la especie que somos a nivel de comportamiento".
Precisa que hay diferentes tipos de violencia: la reactiva, en caliente, cuando nos enfadamos en la convivencia, que es "baja en los humanos", en comparación con otros primates.
Luego está la "violencia proactiva, premeditada o sofisticada", de la que nuestros niveles son "relativamente altos" y aquí el problema, en su opinión, es que la tecnología está "eliminando un factor de freno fundamental en nuestro comportamiento, que es la empatía".
"El haber perfeccionado las formas de hacer daño, de matar a distancia, con las armas de destrucción masiva o los drones, hace que sea más fácil hacer daño porque perdemos ese control de la empatía de ver el dolor que estamos creando", explica.
Respecto a si en ese sentido estamos evolucionando o involucionamos, cree que "la evolución humana y la selección natural no ha favorecido una forma universal de ser mejor o peor".
"El gran éxito de nuestra especie es la flexibilidad y la plasticidad, somos una especie en la que caben mucha diversidad de humanos. Ese crisol, esa variedad de diferentes naturalezas al final es buena", afirma.
"En nuestra naturaleza conviven las dos tensiones: el individualismo con el comportamiento social. La clave está en la regulación de esas dos estancias, quién mueve esa bisagra que tenemos en nuestro interior que puede hacer que se pase de un lado al otro", señala.
Una bisagra que, a su modo de ver, se engrasa "con el conocimiento y con la educación", ya que no somos "una especie abandonada a los instintos en su comportamiento" y tenemos "una capacidad de regulación, de crítica, de análisis, de reflexión". EFE
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