Ciudad Real, 13 feb (EFE).- Un estudio científico ha advertido de que la malaria aviar, una enfermedad transmitida por insectos, podría convertirse en el futuro en un problema para las aves carroñeras en España, país que alberga más del 90 % de los buitres europeos.
La investigación, liderada por el Grupo de Ecología y Gestión de Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), centro mixto de investigación de la Universidad de Castilla-La Mancha y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se basa en el análisis de 383 muestras de sangre de buitres y milanos recogidas en el noreste y centro peninsular mediante técnicas moleculares avanzadas, según han dado a conocer los autores del estudio en las redes sociales consultadas este viernes por EFE.
Los resultados muestran que el 3,4 % de las aves examinadas estaban infectadas por parásitos causantes de malaria aviar y aunque la prevalencia es baja, los investigadores han señalado la elevada diversidad genética detectada y la identificación de diez nuevas interacciones entre parásitos y hospedadores que no habían sido documentadas hasta ahora.
La enfermedad fue detectada en seis especies clave para el equilibrio ecológico, como son el buitre leonado, buitre negro, quebrantahuesos, alimoche, milano real y milano negro.
Estas aves desempeñan un papel esencial al eliminar cadáveres del medio natural, lo que contribuye a frenar la propagación de enfermedades y a reciclar nutrientes.
Los milanos, considerados carroñeros facultativos porque combinan carroña y presas vivas, presentaron las mayores tasas de infección, de forma que el milano negro alcanzó un 8,3 %, el porcentaje más alto del estudio.
Entre los buitres, el buitre negro mostró mayor prevalencia que el quebrantahuesos y el buitre leonado.
Entre los hallazgos destaca la detección de Plasmodium relictum en un milano real adulto. Este parásito está considerado una de las especies invasoras más dañinas del mundo por su capacidad para provocar mortalidad masiva en aves que no han desarrollado inmunidad.
El estudio apunta a que el riesgo de infección no depende tanto de la dieta como de factores ecológicos y de comportamiento, por lo que las especies que nidifican en árboles, como los milanos y el buitre negro, podrían estar más expuestas a los insectos vectores que aquellas que crían en acantilados rocosos.
También advierte de que puntos de concentración de alimento, como vertederos o muladares, pueden favorecer la transmisión al reunir grandes grupos de aves y atraer a mosquitos y otros dípteros.
La migración añade un elemento adicional de riesgo, ya que especies como el alimoche o el milano negro viajan a África y pueden entrar en contacto con una mayor diversidad de parásitos, lo que abre la puerta a la introducción de nuevas infecciones en Europa.
Los investigadores señalan además que el cambio climático podría modificar el escenario epidemiológico, pues el aumento de las temperaturas facilita la expansión de insectos transmisores hacia zonas de mayor altitud y latitud, como áreas montañosas que hasta ahora actuaban como barrera natural.
Aunque la situación actual no se considera alarmante, los autores instan a incorporar la vigilancia sanitaria y el seguimiento de parásitos en los planes de conservación de estas especies protegidas para anticipar posibles impactos en sus poblaciones. EFE
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