Cada año, vemos a una nueva edición de concursantes de MasterChef cortar, pelar, guisar, sofreír y esferificar a través de la pantalla. Pero entre eso y hacer que un restaurante funcione hay un paso inmenso. Bien lo sabe Teresa Jiménez-La Blanca, exconcursante del reality gastronómico y cocinera en su propio restaurante. Se llama Dicharachero (C. de Luchana, 13), se encuentra en el barrio de Chamberí y lleva cuatro años demostrando que el éxito televisivo puede ser compatible con la hostelería.
La ex-MasterChef fundó este restaurante junto al empresario Javier Escribano, un amigo de toda la vida que conserva desde los veranos de su infancia en La Herradura (Almuñécar). El nombre elegido no es casualidad; es el reflejo de la personalidad de sus creadores y del ambiente que quieren que se respire, tanto en su sala como en su terraza. “Quería ponerle Charlatán, pero es verdad que es más peyorativo”, recuerda entre risas Escribano.
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Entramos en un local precedido por una amplia vidriera, que da paso a dos espacios con mesas altas y bajas, de ambiente animado y luces tenues. Su público es tan variado como acepta un local de estas características; desde grupos de amigos hasta vecinos del barrio de Chamberí de toda la vida o familias que coinciden a la hora del almuerzo. Muchos vienen por su menú del día, disponible a mediodía de martes a jueves por 16,90 €.
Para Javier Escribano, con trayectoria previa en el sector hostelero y del mundo corporativo, esta apuesta suponía su sueño de ser relaciones públicas de su propio sitio de encuentro. “Como siempre estoy socializando, yo quería crear un sitio que fuera un punto de unión de mis amigos”, explica el empresario.
Teresa, por su parte, se puso desde el principio al mando de los fogones, mostrando su faceta de cocinera inquieta y demostrando una trayectoria que abarca desde las aulas de la prestigiosa Escuela Hofmann de Barcelona hasta su paso por MasterChef. “Ella tenía pensado abrir algo así desde antes del programa, pero le daba miedo el tema de la gestión. Yo estudié Derecho y ADE, así que nos complementamos bien”, cuenta Javier.
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La cocinera se encarga de diseñar la carta, que va cambiando según sus antojos personales, sus ideas y ‘brotes’ de curiosidad culinaria o incluso sus viajes. “Queríamos un sitio donde puedas pedir varios platos al centro, probar sabores originales y salir satisfecho sin sentir que has pagado un precio desorbitado”, explica Teresa, destacando la relación calidad-precio de una propuesta que ronda los 35 €-38 € de ticket medio.
De las croquetas a la pavé de patata
El menú de Dicharachero ofrece aperitivos, platos para compartir, platos individuales y exquisitos postres. “Entre las especialidades está la Santísima Pavé”, explica Javier, un milhojas de patata crujiente que va coronado con combinaciones como el tartar de atún rojo con mayonesa de kimchi, la versión Galleguiña, con pulpo, pimentón y mayonesa de azafrán, o La Pelirroja, con sobrasada, miel y nieve de queso Comté.
En la carta aparecen también fusiones como sus crepes, rellenas de combinaciones como el steak tartar o el magret de pato; sus croquetas de chuletón, boletus o rabo de toro; y sus carnes, con el escalope de ternera con huevo poche y salsa tartufata, uno de sus best sellers.
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Javier reconoce que el paso de su socia por el programa televisivo ha sido importante para darse a conocer, pero niega que sea lo que ha hecho sobrevivir al negocio. “Al principio venía mucha gente por ella, pero tampoco queríamos construir ese concepto. Queríamos que fuera un sitio en el que comas bien”. Tras catorce ediciones llenas de cocineros anónimos, Teresa ha conseguido construirse un nombre a su manera. “Aquello sirve para el tirón inicial, pero no llena el restaurante”, concluye Javier.
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