La psicóloga Silvia Severino planteó en un video publicado en su cuenta de TikTok, @silviaseverinopsico, cuatro claves sobre el funcionamiento de las emociones que buscan explicar por qué muchas reacciones impulsivas terminan en arrepentimiento. La especialista describió el fenómeno con una metáfora concreta: “Las emociones intensas suelen tener un pico y luego disminuyen”, una idea que coincide con el modelo de regulación emocional que estudian distintas universidades e instituciones sanitarias españolas.
La publicación aborda un problema habitual, la dificultad para frenar una respuesta cuando el enfado, los celos o la tristeza alcanzan su punto más alto. Severino sostuvo que el error no está en sentir esas emociones, señala actuar en el momento en el que la intensidad es más elevada.
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La técnica que propone se apoya en un concepto que trabajan disciplinas como la neuropsicología y la terapia dialéctica conductual, la existencia de una ventana temporal entre el impulso y la acción. Según explicó la psicóloga, “el autocontrol empieza por identificar el momento de mayor intensidad emocional”, un principio que organismos como la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Navarra vinculan con la capacidad de tolerar el malestar sin reaccionar de forma automática.
Los pasos para gestionar una emoción antes de que domine la respuesta
1. Reconocer que la emoción sigue el patrón de una ola
El primer paso consiste en identificar que toda emoción intensa tiene un recorrido, sube, llega a un pico y después desciende. Severino remarcó que este proceso ocurre siempre, sin excepción, por lo que el pico de enfado o de angustia no representa un estado permanente. Estudios sobre procesamiento emocional de la Universidad Complutense de Madrid coinciden en que las reacciones fisiológicas asociadas a una emoción intensa tienden a reducirse en cuestión de minutos si no se alimentan con pensamientos rumiativos o acciones impulsivas.
2. Diferenciar entre sentir y actuar
El segundo punto que desarrolló la psicóloga plantea que experimentar una emoción no obliga a expresarla de manera inmediata. Es posible sentir celos, rabia o tristeza sin que esa emoción determine una conducta concreta. Esta distinción es central en los modelos de regulación afectiva, que describen la capacidad de modular la intensidad, la duración y la expresión de una emoción sin necesidad de suprimirla.
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3. Aceptar el impulso sin dejarlo actuar
En tercer lugar, Severino utilizó la imagen de “un pequeño monstruo” para referirse al impulso que acompaña a las emociones más intensas. La diferencia entre las personas, según su planteamiento, no radica en no sentir ese impulso. Radica en evitar que determine el trato hacia los demás. Esta idea se relaciona con lo que distintos programas de salud mental españoles denominan validación emocional, reconocer la emoción como legítima sin permitir que guíe automáticamente la conducta.
4. Aplicar una pausa antes de responder
El último paso propone una estrategia concreta, esperar a que la intensidad emocional baje antes de responder o tomar una decisión. Severino sugirió una autoinstrucción específica para ese momento, “si respondo ahora, voy a hacer daño y después voy a tener que pedir disculpas”. Este mecanismo coincide con lo que distintos protocolos clínicos llaman pausa emocional, un intervalo breve que permite que el sistema nervioso reduzca su activación antes de emitir una respuesta. La psicóloga cerró su explicación con una advertencia sobre los efectos que tiene en los vínculos personales actuar durante el pico de una emoción en lugar de esperar a la fase de descenso.
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