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La planta ideal para poner en pisos pequeños que dará un toque de color a tu salón y puede estar en flor todo el año

Tiene origen africano, entre 15 y 20 centímetros de altura y un abanico cromático en el que puedes elegir

Una violeta africana con flores moradas en maceta sobre un alféizar de madera junto a un frasco, libros y una regadera de cobre.
Una violeta africana en maceta reposa sobre el alféizar de una ventana iluminada junto a unos libros y un frasco con esquejes. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Tener plantas de gran tamaño en casa no siempre es muy cómodo. Cuando sus hojas comienzan a ocupar cada vez más espacio, puede dar la sensación de que tu salón es mucho más pequeño de lo que en realidad es. Por este motivo, muchos apuestan directamente por especies que no crecen en exceso y que, a su vez, mantienen colores vivos.

Entre todas las opciones disponibles para decorar estancias con espacio limitado, hay una planta clásica que destaca por su porte bajo y una virtud excepcional: florecer durante prácticamente todo el año si recibe el cuidado apropiado. Se trata de la violeta africana (Saintpaulia ionantha), una especie de interior tan agradecida como sencilla de cultivar. Esta planta no es propiamente una violeta, aunque su forma de roseta y el llamativo color de sus flores puedan parecerlo.

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Como su propio nombre indica, tiene origen africano; es nativa de un área de bosque tropical nuboso situado entre Kenia y Tanzania, como señala Verde es vida. Su introducción en Europa se produjo en 1892, año en el que el barón Walter von Saint Paul-Illaire —representante colonial en Tanganica— envió semillas de esta especie hallada en las montañas Usambara a su padre en Alemania. En 1893, el botánico Hermann Wendland la describió y la bautizó como Saintpaulia en su honor, complementándola con el término ionantha, que en griego significa “flor violeta”.

Pétalos de una violeta africana (Wikimedia Commons)
Pétalos de una violeta africana (Wikimedia Commons)

Al ser plantas compactas, de entre 15 y 20 centímetros de altura, resultan perfectas para añadir una nota de color a rincones luminosos de pisos pequeños. Pero sin duda, su principal virtud es que puede estar en floración todo el año. Esta magnífica característica permite a sus dueños disfrutar de una eterna primavera dentro de casa, incluso en los meses más fríos del invierno.

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Entre 14 y 16 horas de luz al día

Aunque sus aterciopeladas flores eran originalmente violetas, lilas o blancas, la hibridación actual ofrece un abanico cromático que abarca rosas, fucsias, púrpuras y tonos borravino, a menudo acompañados de estambres amarillos en el centro o de bordes ondulados y blancos, como puntualizan desde Verdecora. Pero si quieres que mantenga sus vívidos colores todo el año, es necesario recrear las condiciones ambientales de su hábitat tropical.

La Universidad de Minnesota Extension detalla que el lugar ideal debe ser fresco y luminoso. Por lo que las ventanas orientadas al norte, noroeste o noreste funcionan muy bien. Además, para florecer, requieren de 14 a 16 horas de luz diarias (ya sea natural o complementada con fluorescentes o luces LED) y de 8 a 10 horas de oscuridad. Y la temperatura ambiente óptima se sitúa entre los 15 y los 27 grados Celsius, con una humedad del 40% al 60%.

Una planta de violeta africana con múltiples flores moradas y blancas, hojas verdes aterciopeladas y tallos. La maceta está sobre una superficie de madera.
Una violeta africana de flores moradas y bordes blancos se encuentra en su maceta sobre un alféizar de madera, con un fondo verde y luminoso en el exterior. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para mantener esta humedad en interiores secos, se aconseja agrupar las plantas o colocarlas sobre un plato con guijarros y agua, siempre evitando que la base de la maceta toque directamente el líquido. Ten en cuenta que el control del riego es el pilar más crítico para su supervivencia, por lo que el exceso de agua es su peor enemigo, ya que la pudrición de las raíces por encharcamiento es la causa de muerte más habitual.

Debido a ello, la institución estadounidense aconseja emplear agua destilada, de lluvia o de ósmosis inversa a temperatura ambiente, evitando el agua clorada o descalcificada. Existen tres métodos eficaces de riego: desde arriba directamente sobre el sustrato con un pico estrecho para no mojar las hojas (evitando así manchas foliares); desde el fondo por inmersión de la maceta en agua durante unos minutos, retirando el exceso; o mediante una mecha de nailon conectada a un depósito inferior.

Además, el sustrato debe ser sin tierra, poroso y bien drenado, con un pH de 6.2 a 6.5, recomendando mezclas de turba y perlita. Finalmente, un fertilizante suave específico potenciará un crecimiento vigoroso y un ramillete constante de flores.

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