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La neurociencia lo confirma: algo puede gustarte cuando lo ves muchas veces

Nuestro cerebro puede modificar la percepción que tenemos de lo que nos resulta familiar

Persona viendo la televisión. (Magnific)

Los gustos son, sin duda, una cuestión muy personal. Aunque muchas veces no sepamos por qué preferimos algo, lo cierto es que no a todo el mundo le tiene que gustar una cosa. Sin embargo, nuestro cerebro puede acabar desarrollando cierta preferencia por aquello que ve de forma repetida, incluso cuando al principio no nos llamaba especialmente la atención.

Esto es algo que ha confirmado la neurociencia, tal y como explica Loren. La experta ha sido clara en uno de los últimos vídeos que ha publicado en su cuenta de TikTok (@neuroloren). “¿Sabías que algo puede empezar a gustarte simplemente porque lo ves muchas veces?“, introduce a modo de pregunta durante los primeros segundos.

Por qué se produce este fenómeno

Cuando nos encontramos repetidamente con el mismo estímulo, nuestro cerebro se va familiarizando con eso gracias a sus mecanismos. Es decir, que lo que al principio es algo nuevo deja de serlo. Una vez ocurre esto, nuestra predisposición cambia con respecto a esa cosa, ya sea un objeto, una canción o una persona, y puede hacer que la valoremos de una forma más positiva.

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Este fenómeno se conoce como efecto de mera exposición y fue estudiado de forma sistemática por el psicólogo Robert Zajonc. Su investigación concluyó que, ver algo de manera repetida, aunque no existe una recompensa asociada al estímulo, suele hacer que la persona tenga una mayor preferencia por ello.

Robert Zajonc, psicólogo clave para la teoría de la mera exposición.

Una de las explicaciones propuestas está relacionada con la fluidez de procesamiento, es decir, con la facilidad con la que nuestro cerebro puede procesar algo que ya conoce. Cuando un estímulo se vuelve familiar, su procesamiento puede resultar más sencillo y esa sensación puede contribuir a una valoración más positiva.

Este efecto puede ser temporal

Sin embargo, esto no significa que cuanto más veamos algo más nos gustará indefinidamente. Un análisis publicado en 2017 en la revista Psychological Bulletin y recogido en PubMed analizó 268 estimaciones procedentes de 81 artículos en los que se estudia cómo funciona la exposición repetida.

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Los resultados mostraron que, en muchos casos, la mera exposición sigue una curva en forma de U invertida. Es decir, al principio, ver algo repetidas veces suele mejorar nuestra valoración, pero esta tendencia no es infinita. Cuando la exposición se vuelve excesiva, el efecto es el contrario.

Este fenómeno puede entenderse fácilmente con las canciones que triunfan durante el verano. Al principio, cuanto más las escuchamos, más familiares nos resultan y más pueden llegar a gustarnos. Sin embargo, cuando empiezan a sonar constantemente en la radio, la televisión, los anuncios y las fiestas, la exposición se vuelve excesiva y puede acabar provocando el efecto contrario: terminamos cansándonos de ellas.

Sin embargo, esto no se trata de una regla universal, ya que no todas las personas reaccionan igual ante la sobreexposición. En algunos casos, hay personas que pueden escuchar la misma canción, jugar al mismo juego o ver la misma película en bucle y no cansarse.

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