El precio de la vivienda también frena a los funcionarios: casi la mitad solo se trasladaría si le suben el sueldo

Una encuesta a 400 empleados públicos apunta que el coste de vivir en otra ciudad ya condiciona plazas, ascensos y cambios de destino dentro de la Administración.

Google icon
Funcionarios de la Agencia Tributaria trabajando en sus oficinas. (Europa Press)

Tener un empleo público, con un sueldo asegurado, tampoco parece suficiente para poder cambiar de casa en España. El precio de la vivienda se ha convertido en un obstáculo también para los funcionarios que quieren aceptar una plaza, un ascenso o un traslado fuera de su provincia. Casi la mitad, el 43,5%, solo aceptaría cambiar de destino si el nuevo puesto viniera acompañado de una subida salarial o de un incentivo específico para compensar el coste de vivir en otra ciudad. Esta es una de las conclusiones del estudio Perspectiva y Retos del Empleado Público en España, elaborado por Supera Oposiciones, escuela especializada del grupo educativo thePower Education.

El dato apunta a una consecuencia de la crisis residencial que había pasado inadvertida hasta ahora: el precio de la vivienda no solo condiciona la emancipación o la compra de una casa. También empieza a pesar sobre carreras profesionales que, en principio, se desarrollan dentro de un marco laboral estable. Una mejora de puesto puede dejar de ser atractiva si exige asumir un alquiler más caro, comprar en otra ciudad o afrontar un coste de vida superior.

La encuesta, realizada a 400 empleados públicos en España en mayo de 2026, señala que el 31,5% afirma haber rechazado o pospuesto aceptar una plaza o un ascenso por no poder hacer frente al coste de la vivienda en el destino asignado. La barrera aparece incluso entre quienes sí están dispuestos a moverse, ya que solo el 48,8% asegura que aceptaría mudarse fuera de su provincia para acelerar su carrera profesional.

PUBLICIDAD

Cuando ascender implica perder poder adquisitivo

El problema no es solo conseguir una plaza mejor, sino poder vivir donde está esa plaza. En un contexto de precios elevados, un traslado puede implicar una mudanza, gastos iniciales, un nuevo contrato de alquiler o una vivienda más cara que la del lugar de origen. Si la mejora profesional no compensa esa diferencia, el ascenso puede traducirse en una pérdida de poder adquisitivo.

Ese es el punto que diferencia a esta encuesta de otros debates sobre función pública. La estabilidad del empleo público sigue siendo una ventaja frente a otros trabajos, pero no elimina el impacto del mercado inmobiliario. El sueldo puede ser seguro, pero no necesariamente suficiente para asumir cualquier destino.

El estudio también recoge que un 23,8% de los empleados de la Administración afirma que el coste de la vida condiciona totalmente cualquier decisión que implique trasladarse.

PUBLICIDAD

La vivienda se convierte así en una variable laboral. No aparece únicamente al final del mes, en forma de cuota o renta, sino antes: en la decisión de presentarse a determinadas plazas, aceptar un cambio de destino o renunciar a una promoción si el traslado no compensa.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha asegurado que el acuerdo firmado este jueves entre el Gobierno, UGT y CSIF, que incluye una subida salarial para los funcionarios del 11% entre 2025-2028, es un "muy buen acuerdo" y ha agradecido a las organizaciones sindicales firmantes su trabajo y paciencia para lograr un acuerdo para 3,5 millones de trabajadores. (Fuente: La Moncloa)

Volver a casa y evitar las grandes ciudades

La presión inmobiliaria también cambia las preferencias de destino. Según la encuesta, para el 56% de los empleados públicos, poder regresar a su lugar de origen o trasladarse a provincias medianas o entornos menos masificados es un factor determinante al elegir plaza.

Esta preferencia no responde solo a motivos personales. Las ciudades medianas pueden ofrecer una relación más asumible entre salario, vivienda y calidad de vida, especialmente frente a grandes núcleos urbanos donde el precio de los pisos absorbe una parte importante de los ingresos mensuales.

La elección de ciudades menos masificadas conecta con otro dato del estudio: el 73% de los encuestados apoya la creación de sedes estatales fuera de la capital. Se trata de una medida vinculada a la idea de descentralización administrativa, pero también a una cuestión material: repartir oportunidades laborales en territorios donde vivir puede resultar más accesible.

El teletrabajo como solución parcial

La digitalización y el teletrabajo aparecen como otra posible vía para reducir el peso de los traslados físicos. El 52,5% de los empleados públicos considera que estas herramientas están reduciendo la brecha de oportunidades entre los servicios centrales y las delegaciones provinciales, según la encuesta.

No todas las plazas permiten trabajar a distancia ni todos los organismos tienen el mismo margen para aplicarlo, pero el dato refleja una demanda clara: que progresar dentro de la Administración no obligue siempre a cambiar de ciudad ni a asumir un mercado residencial más caro.

En este contexto, el precio de la vivienda en España ya atraviesa casi todos los aspectos de la vida de la mayoría de la población. No solo expulsa vecinos de sus barrios, ni obstaculiza la creación de hogares, sino que también condiciona hasta dónde se puede avanzar profesionalmente.