El aire acondicionado puede triplicar el recibo de la luz: cambiar de hábitos de consumo y de tarifa reduce el gasto un 68%

Más de ocho millones de hogares españoles utilizan sistemas de climatización este verano en un escenario marcado por el encarecimiento del gas y el fin de las rebajas fiscales, lo que añade presión a la factura de la electricidad

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El Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE) recomienda mantener el termostato del aire acondicionado en torno a los 26 grados. (Foto: Agencia Andina)

Las sucesivas olas de calor que sufre España este verano están provocando un mayor uso del aire acondicionado, lo que ha disparado la factura de la luz en muchos hogares y su preocupación por llegar a fin de mes. A la mayor demanda de energía se suma un contexto internacional que mantiene elevados los precios del gas y la desaparición de algunas medidas fiscales que habían amortiguado el coste de la electricidad durante los últimos meses.

Las previsiones meteorológicas estiman que el calor excesivo continuará. Según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), el verano se perfila como uno de los más cálidos de los últimos años, con temperaturas hasta un 70% más altas de lo normal en algunas zonas del país. En ese escenario, el aire acondicionado dejará de ser un recurso ocasional para convertirse en una necesidad en buena parte de los hogares.

En España hay más de 8,10 millones de viviendas equipadas con sistemas de aire acondicionado, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) e Idealista. El funcionamiento de estos equipos supondrá un desembolso adicional cercano a los 198 millones de euros durante los meses de verano. Sin embargo, especialistas en ahorro energético sostienen que una parte importante de ese sobrecoste puede evitarse con un uso más eficiente y una contratación adecuada de la tarifa eléctrica.

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De 24 euros de media hasta 62 por el mal uso

Los cálculos realizados por Kelisto muestran que el gasto medio asociado al aire acondicionado ronda los 24 euros durante el verano cuando el equipo funciona unas cuatro horas diarias y se utiliza de forma eficiente. Pero esa cifra puede multiplicarse rápidamente si cambian determinados hábitos.

El principal factor que incide en el gasto es el uso del aparato. Un equipo antiguo, con una clasificación energética poco eficiente o con los filtros sin limpiar, consume más electricidad. A ello se añaden prácticas erróneas muy habituales, como fijar temperaturas demasiado bajas —por debajo de los 23 grados— o mantener abiertas puertas y ventanas mientras el sistema permanece en funcionamiento. En estas circunstancias, el coste puede ascender hasta los 62 euros, prácticamente el triple que en un uso racional.

El tiempo de funcionamiento también resulta determinante. Duplicar las horas de uso, pasando de cuatro a ocho diarias, eleva el gasto hasta cerca de los 49 euros. Esta circunstancia explica por qué las familias residentes en comunidades especialmente cálidas, como Andalucía o la Comunidad Valenciana, soportan durante el verano un mayor incremento de su factura eléctrica.

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El contexto internacional encarece el recibo

Al aumento del consumo se suma la evolución del mercado energético. El precio del gas natural, uno de los combustibles utilizados para producir electricidad, continúa condicionado por la tensión geopolítica registrada en Oriente Medio.

“La situación internacional que se ha estado dando en los últimos meses, con el conflicto entre EE. UU. e Israel con Irán como agente principal, ha vuelto a encender las alarmas en el precio del gas, que llegó a superar precios de 60 euros el megavatio-hora durante el mes de marzo”, reconoce Virginia Cordero, portavoz de Energía de Kelisto.

Aunque la reapertura del Estrecho de Ormuz y la posterior desescalada del conflicto han contribuido a moderar parcialmente los precios, el combustible continúa siendo hasta un 16% más caro que hace un año.

A ello se añade el retorno de la fiscalidad habitual sobre la electricidad. Desde junio han dejado de aplicarse algunas rebajas extraordinarias, como el IVA reducido al 10% o la disminución temporal del Impuesto Especial sobre la Electricidad, una circunstancia que, según Kelisto, ha elevado la factura media alrededor de un 15% entre mayo y junio.

Las tarifas libres tampoco quedan al margen

El incremento de costes no afecta únicamente a quienes están acogidos al mercado regulado. Las compañías comercializadoras del mercado libre también pueden revisar los precios de sus contratos, especialmente en nuevas contrataciones o cuando las condiciones firmadas permiten modificaciones.

“Todo esto se une a la habitual alta demanda de energía durante los meses de verano, provocando que los hogares españoles puedan ver incrementado su recibo, no solo si cuentan con una tarifa dentro del mercado regulado. Las compañías del mercado libre también pueden aumentar sus tarifas, tanto a nuevos usuarios como a clientes en vigor cuando se lo permitan las cláusulas del contrato”, explica Cordero.

Para mantener la factura a raya, los expertos aconsejan que si es necesario hay que cambiar de tarifa. Explican que la diferencia entre la más cara y la más barata en junio de 2026, en lo que respecta al gasto en climatización, fue del 39,90%, pasando de un coste de 33 euros durante el verano por un uso razonable y moderado del aparato a uno de apenas 20 euros, con el mismo uso, los mismos hábitos y la misma instalación.

Cómo combaten la ola de calor quienes trabajan bajo el sol

“El cambio de tarifa es sencillo, totalmente gratuito, ya que la inmensa mayoría de compañías no aplican cargos ni periodos de permanencia, y automático, evitando así los cortes de luz. Si el aire acondicionado va a ser nuestro mejor amigo en estos meses, contar con la tarifa más barata puede suponer un alivio extra cuando el consumo se dispare”, subraya Cordero.

Pequeños cambios que reducen el recibo

Los expertos coinciden en que la eficiencia en el consumo de electricidad depende tanto del aparato de aire acondicionado como de la forma de utilizarlo. El Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE) recomienda mantener el termostato en torno a los 26 grados para garantizar el confort sin disparar el consumo. Quienes prefieran una temperatura más baja pueden situarlo entre los 23 y los 25 grados, evitando así que el equipo funcione de forma continuada a máxima potencia.

Desde Kelisto indican que uno de los errores más habituales que cometen los ciudadanos al llegar a casa después de una jornada de calor es poner el aire a una temperatura muy baja. “Gasta mucho más llegar a casa acalorado y poner durante una hora el aire acondicionado a 19 grados que ponerlo a 24 durante tres horas. La segunda opción enfriará la estancia en un lapso de tiempo similar y te ahorrará disgustos a final de mes”, señalan.

El mantenimiento también resulta decisivo. Limpiar periódicamente los filtros, revisar el estado del equipo y evitar que la unidad interior reciba radiación solar directa contribuyen a mejorar el rendimiento y reducir el consumo eléctrico.

Los expertos recomiendan limpiar periódicamente los filtros del aire acondicionado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ventilar mejor y aislar la vivienda

Más allá del aire acondicionado, existen otras medidas que ayudan a mantener una temperatura confortable en el interior de las viviendas. Ventilar durante las primeras horas de la mañana o de la madrugada, bajar las persianas en las horas centrales del día y mejorar el aislamiento de puertas y ventanas permite reducir de forma significativa las necesidades de refrigeración.

Según el IDAE, hasta un 30% de la demanda de climatización de una vivienda está relacionada con un aislamiento deficiente. En muchos casos, actuaciones sencillas como sellar rendijas o mejorar el cierre de las ventanas pueden traducirse en un ahorro apreciable sin necesidad de realizar grandes reformas.

Los ventiladores constituyen también un complemento eficaz. Su consumo eléctrico es muy inferior al del aire acondicionado —entre uno y tres euros al mes— y pueden reducir la sensación térmica entre tres y cinco grados. Combinados con un uso racional de la climatización, representan una alternativa para aliviar el calor sin que el recibo de la luz se convierta en otro motivo de preocupación durante un verano que se anuncia especialmente exigente.