La ira suele ocupar uno de los últimos puestos en el ranking de emociones socialmente aceptadas. Mientras la tristeza despierta comprensión, la ansiedad genera preocupación y la alegría recibe aprobación inmediata, el enfado continúa asociado a la pérdida de control, al conflicto y, en muchos casos, a la mala educación. Durante años se ha transmitido la idea de que una persona equilibrada es aquella capaz de mantener siempre la calma, incluso cuando algo le resulta injusto o doloroso.
Esta visión ha llevado a que cada vez más personas sientan miedo de expresar su enfado, no necesariamente porque no lo experimenten, sino porque temen la reacción que pueda provocar en quienes les rodean. Mostrar ira puede interpretarse como una amenaza, una agresión o una señal de inmadurez emocional. Como consecuencia, muchas personas optan por reprimirla, silenciarla o transformarla en otras emociones consideradas más aceptables.
Detrás de este temor existe también un aprendizaje social. Desde la infancia se suele premiar la complacencia y penalizar la confrontación, especialmente en determinados contextos familiares, educativos o laborales. El mensaje que muchas personas reciben es que enfadarse está mal. Sin embargo, algunos especialistas en salud mental advierten de que negar esta emoción puede tener consecuencias para el bienestar psicológico y para la construcción de una autoestima saludable.
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La psicóloga Ángela Fernández (@angelaprs.psicologia en TikTok) aborda precisamente esta cuestión a través de una reflexión que desafía algunas de las creencias más extendidas sobre la ira. “El otro día le dije a una paciente que tiene que aprender a enfadarse más. Me miró como probablemente me estés mirando tú ahora mismo. ¿Enfadarme más? Pero si enfadarse está feo. Sí, enfadarse más”, explica.
Para la especialista, el problema no reside en la emoción en sí, sino en la forma en que la sociedad se relaciona con ella. “Hemos demonizado socialmente la ira porque no tenemos herramientas para gestionarla, expresarla o canalizarla de una manera adecuada. Pero la ira no es el problema. La ira es una emoción básica necesaria y además muy protectora”.
La importancia del enfado en las relaciones y la autoestima
Lejos de ser una respuesta negativa, Fernández sostiene que esta emoción cumple una función adaptativa esencial. “Como el resto de emociones, trae un mensaje consigo y un propósito de adaptabilidad al medio”, señala. En este sentido, considera que la ira actúa como una señal que alerta sobre situaciones que generan malestar o vulneran necesidades personales.
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Su papel, sin embargo, va más allá de la simple identificación de aquello que incomoda. “Es que la ira no solo está para mostrarnos lo que no nos gusta o dónde debemos poner un límite. Gracias a la ira construimos nuestra identidad. Nos ayuda a conocer y expresar nuestros valores y nuestros principios”, afirma.
La psicóloga observa con frecuencia en consulta una desconexión de esta emoción. “Personas que conectan muy bien con la tristeza, con la ansiedad, con la culpa, pero muy poco con la ira. Eso también tiene un coste”, advierte. Según explica, cuando el enfado queda sistemáticamente reprimido, resulta más difícil identificar límites personales y defender aquello que se considera importante.
Fernández insiste en diferenciar la emoción de las conductas que pueden derivarse de ella. “Lo negativo no es enfadarte, es cómo expresamos ese enfado. Es aprender a poner límites sin destruir ni destruirte”. Desde su perspectiva, expresar ira de forma saludable no implica actuar impulsivamente ni convertir el enfado en una herramienta de ataque hacia los demás.
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Por ello, rechaza la idea de que reivindicar esta emoción equivalga a fomentar una actitud permanentemente hostil. “Y con esto no estoy diciendo que tengamos que ir por la vida enfadados siempre como una metralleta emocional. Enfadarse tampoco es sinónimo de reactividad, es permitirte conectar con esa emoción, porque también está en ti por algo y también tiene mensajes valiosos que darte”.
“No todo se puede sanar o tratar desde la tristeza. Hay veces que se tiene que tratar desde la ira, porque necesitas conectar contigo, conocer tus límites y exponerlos. Y eso es un gran trabajo de autoestima”.