Vivir junto al mar es, para muchos, una meta. Las vistas abiertas al horizonte, la luz natural que inunda los espacios durante gran parte del día y la cercanía a la playa convierten estas viviendas en algunas de las más deseadas del mercado inmobiliario. A ello se suma una sensación de bienestar asociada al entorno costero, donde la brisa marina y el paisaje forman parte de la vida cotidiana.
Sin embargo, quienes buscan una casa frente al mar no solo deben fijarse en la ubicación. El entorno marítimo ofrece numerosas ventajas, pero también plantea desafíos que afectan directamente a la conservación de los edificios. El arquitecto Juan Goñi (@juangoniarquitecto en TikTok) recuerda que “estar al lado del mar no es solo tener las mejores vistas”, ya que las condiciones ambientales influyen de manera constante sobre los materiales que componen una vivienda.
La clave, según el experto, está en comprender que una casa situada en primera línea de costa requiere soluciones específicas desde el momento de su construcción. Materiales adecuados, sistemas de protección frente a la humedad y un mantenimiento periódico son algunos de los elementos que permiten disfrutar de las ventajas del mar sin que ello se traduzca en problemas prematuros para la vivienda.
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Óxido, humedad y deterioro
La combinación de humedad, salinidad, viento y radiación solar acelera el desgaste de los edificios. “Al lado del mar una casa envejece diez años en uno”, explica Goñi. “Un ambiente húmedo y salino está agrediendo a todos los elementos”. Esto afecta especialmente a herrajes, carpinterías y componentes metálicos, que sufren procesos de corrosión más rápidos que en otras ubicaciones alejadas de la costa.
Los efectos pueden apreciarse tanto en el exterior como en el interior de las viviendas. Barandillas, cerramientos, bisagras, tornillería o estructuras metálicas expuestas son algunos de los elementos más vulnerables. Con el paso del tiempo, la acumulación de sal favorece la aparición de óxido y deteriora acabados y revestimientos si no se aplican las medidas adecuadas.
Por ello, la fase de diseño resulta determinante. Goñi insiste en que “hay que tener mucho cuidado y pensar muy bien las soluciones que se ponen al lado del mar”. No se trata únicamente de elegir materiales resistentes, sino también de diseñar correctamente cada detalle constructivo para evitar que la humedad encuentre vías de entrada.
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La entrada de agua es, precisamente, uno de los factores que más acelera el deterioro. Según el arquitecto, “un elemento al lado del mar puede deteriorarse diez veces más rápido si le entra agua”. Esta circunstancia obliga a extremar las precauciones en cubiertas, fachadas, juntas, encuentros entre materiales y sistemas de impermeabilización, ya que cualquier fallo puede multiplicar los problemas con el paso de los años.
La elección de materiales también desempeña un papel fundamental. Carpinterías de calidad, tratamientos anticorrosión, metales especialmente preparados para ambientes marinos y revestimientos resistentes a la humedad ayudan a prolongar la vida útil de la vivienda. Pero incluso las mejores soluciones necesitan mantenimiento. Revisiones periódicas, limpieza de elementos expuestos a la sal y actuaciones preventivas permiten detectar problemas antes de que se conviertan en reparaciones costosas.
“Hay que pensar las soluciones también diez veces más, tanto los materiales como las soluciones constructivas”, concluye Goñi. Una reflexión que resume la filosofía necesaria para construir junto al mar: aprovechar las ventajas de un entorno privilegiado sin ignorar las exigencias que impone.
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