Tres cosas que deberías dejar de hacer si quieres ser más feliz, según un psiquiatra

El doctor Javier Quintero señala que ciertas dinámicas sostenidas en el tiempo dificultan el bienestar personal

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Algunas conductas dificultan alcanzar el bienestar personal. (Magnific)

La felicidad es uno de los grandes objetivos contemporáneos, por lo que se ha instaurado toda una filosofía con respecto a alcanzarla. Sin embargo, en medio de esa búsqueda constante, muchas veces se olvida que no existe una fórmula universal ni un manual de instrucciones capaz de garantizar una vida plena.

Aun así, sí hay ciertas dinámicas y hábitos que pueden acercar a las personas a un estado de mayor equilibrio emocional. La forma en la que se afrontan los problemas, el tiempo que se dedica a las preocupaciones o la relación que cada uno mantiene consigo mismo terminan influyendo directamente en la percepción del bienestar. En ocasiones, más que incorporar nuevas rutinas, el cambio pasa por dejar atrás comportamientos que desgastan mentalmente.

En este contexto, el médico psiquiatra Javier Quintero (@drjquintero) ha señalado tres actitudes que, según explica, conviene abandonar cuanto antes si se quiere alcanzar una vida más tranquila y satisfactoria. No se trata de recetas milagrosas ni de fórmulas rápidas, sino de patrones emocionales muy extendidos que, mantenidos en el tiempo, dificultan el bienestar personal.

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El doctor Javier Quintero recomienda algunas pautas para ser más feliz. (Freepik)

Tres conductas que dificultan la felicidad

La primera de esas conductas tiene que ver con la relación que muchas personas mantienen con su pasado. Para Quintero, quedarse atrapado en los errores, las decisiones equivocadas o las situaciones ya vividas impide avanzar emocionalmente. “Deja de reevaluar constantemente el pasado. No puedes cambiarlo, puedes aprender de él, pero seguir viviendo allí no te permite evolucionar hacia esa felicidad que te mereces”, afirma el especialista.

La tendencia a revisar una y otra vez conversaciones, decisiones o experiencias pasadas es frecuente, especialmente en momentos de incertidumbre o frustración. Sin embargo, los expertos en salud mental advierten desde hace años de que la rumiación constante puede generar ansiedad, culpa y sensación de bloqueo. El problema no está en recordar, sino en instalarse permanentemente en aquello que ya no puede modificarse.

El segundo aspecto señalado por el psiquiatra apunta justo en la dirección contraria: el exceso de preocupación por lo que todavía no ha ocurrido. Vivir pendiente de escenarios hipotéticos, anticipar problemas o imaginar continuamente desenlaces negativos puede convertirse en una fuente de desgaste emocional constante.

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“Deja de preocuparte en exceso por el futuro. Sabemos que hasta el 85 % de las cosas que hoy nos preocupan simplemente no van a ocurrir. Y mientras tanto, estás gastando tu energía en algo que ni ha sucedido ni probablemente vaya a suceder”, sostiene Quintero.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

La incertidumbre forma parte inevitable de la vida cotidiana, pero cuando el pensamiento se instala únicamente en el futuro aparecen el estrés y la sensación de amenaza permanente. La mente se adelanta entonces a situaciones inexistentes y termina reaccionando como si esos problemas ya fueran reales. Esa dinámica, además de consumir energía emocional, dificulta disfrutar del presente y reduce la capacidad de afrontar los conflictos reales cuando llegan.

La tercera idea planteada por el especialista tiene relación con la manera en la que muchas personas depositan su bienestar en otros. Relaciones afectivas, reconocimiento externo o validación social terminan convirtiéndose, en ocasiones, en la principal fuente de satisfacción personal. Para Quintero, ese enfoque genera una dependencia emocional que puede resultar dañina.

“Deja de buscar la felicidad en los demás. Nadie puede ser feliz por ti. La felicidad empieza en ti”, explica el psiquiatra. La frase resume una idea cada vez más repetida en el ámbito de la salud mental: el bienestar emocional no puede sostenerse únicamente sobre factores externos. Aunque las relaciones personales influyen en la calidad de vida, la estabilidad emocional depende también de la capacidad de cada individuo para construir espacios propios de tranquilidad, autoestima y autocuidado.