La desigualdad social y la contaminación pueden envejecer el cerebro más rápido que la demencia

Un estudio internacional destaca que el entorno social y económico puede pesar más que los hábitos personales en la salud cerebral

Una investigadora señala áreas resaltadas en un escaneo cerebral por resonancia magnética. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio internacional muestra que factores como la contaminación, la desigualdad socioeconómica o el acceso a servicios básicos juegan un papel determinante en la salud y el envejecimiento cerebral. La investigación, que ha sido coordinada a nivel internacional por Agustín Ibáñez, investigador del Global Brain Health Institute (GBHI) en el Trinity College de Dublín, abarca datos de más de 18.000 personas en 34 países y muestra cómo la edad biológica del cerebro puede acelerarse o retrasarse según el entorno físico, social y político.

El estudio introduce el concepto de “exposoma”, que se refiere a todo lo que una persona experimenta en su entorno a nivel ambiental, social y contextual a lo largo de su vida. Los resultados han mostrado que este “exposoma” actúa de forma conjunta, mediante la interacción de múltiples factores que se potencian entre sí, de manera similar a lo que ocurre con enfermedades que coexisten y que se agravan mutuamente, y ese conjunto de influencias determina el envejecimiento cerebral tanto en personas sanas como en aquellas con enfermedades neurodegenerativas.

De esta forma, el trabajo cuantificó 73 variables ambientales, entre las que se incluyen la contaminación atmosférica, la variabilidad climática, la disponibilidad de espacios verdes, la calidad del agua, la desigualdad socioeconómica y distintos aspectos de los contextos políticos y democráticos.

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Memoria, emociones y funciones automáticas

Al analizar estos factores en conjunto, los investigadores descubrieron que su impacto sobre la edad biológica del cerebro es hasta 15 veces mayor que el de cualquier factor considerado por separado. Según Sebastián Moguilner, coautor del estudio e investigador en la Universidad de Harvard, este enfoque, que combina diferentes técnicas de neuroimagen y modelos matemáticos avanzados, permite revelar cómo las condiciones ambientales afectan la conectividad del cerebro.

En concreto, las exposiciones físicas combinadas -como la contaminación, las temperaturas extremas o la escasez de zonas verdes- afectan, sobre todo, a regiones clave implicadas en la memoria, la regulación emocional y las funciones autonómicas del organismo, y se relacionan con mecanismos como la neuroinflamación, el estrés oxidativo, la disfunción vascular o la reducción del soporte neurotrófico.

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Crear medidas de prevención más efectivas

En cuanto a los factores sociales, como la pobreza, la desigualdad o la falta de apoyo, el estudio demuestra que pueden influir directamente en las zonas del cerebro responsables del pensamiento, las emociones y las relaciones sociales. Los investigadores advierten que estos desafíos sociales aceleran el envejecimiento cerebral incluso más que enfermedades como la demencia o el deterioro cognitivo.

Los investigadores señalan que estos resultados pueden orientar nuevas medidas de prevención, salud pública y políticas sociales. Hasta ahora, la mayoría de las estrategias para cuidar la salud cerebral se han centrado en los hábitos individuales, como la dieta, el ejercicio o los ejercicios mentales, o en tratar las enfermedades cuando ya aparecen los síntomas y, aunque estas acciones son valiosas, “abordan solo una parte del problema”, aseguran, pues el entorno y las condiciones sociales también desempeñan un papel clave en el envejecimiento del cerebro.

(Con información de la agencia EFE)

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