En los últimos años, la incidencia de una enfermedad ocular se ha disparado en China. La causa era desconocida y científicos del país se propusieron descubrir la explicación del aumento de casos de hipertensión ocular persistente con uveítis viral anterior (POH-VAU). Y así encontraron una relación peculiar entre la incidencia de la patología con el pescado y el marisco.
El nodavirus de mortalidad encubierta (CMNV) es un tipo de virus que, hasta ahora, solo se había hallado presente en especies marinas. El estudio de estos investigadores, publicado en la prestigiosa revista Nature, vincula de forma concluyente el CMNV con el consumo de mariscos y pescados.
Los investigadores lograron documentar la transmisión del virus desde mariscos y peces a personas, que generaba síntomas como presiones intraoculares extremas e inflamación ocular duradera. La secuenciación genética del virus hallado en tejido ocular humano presenta una coincidencia del 98,96 % con la variante de CMNV típica de organismos acuáticos.
Los especialistas han confirmado, tras examinar a 70 afectados entre enero de 2022 y abril de 2025, que el contacto frecuente y sin protección con animales marinos crudos, así como la ingestión de marisco sin cocinar, constituyen el principal factor de exposición identificado. El virus se ha comprobado mediante técnicas de microscopía electrónica y anticuerpos específicos, tras descartar otras causas habituales como el herpes o el virus de la varicela.
La uveítis infecciosa es una inflamación del tracto uveal, la capa media del ojo, causada por la respuesta del organismo ante un agente infeccioso. Sus manifestaciones clínicas incluyen fotofobia, dolor ocular, enrojecimiento, miodesopsias, visión borrosa e incluso pérdida de la visión, variando según la localización anatómica y la severidad del cuadro.
Manipular marisco crudo sin guantes, un factor de riesgo
El grupo de investigación chino ha centrado su estudio en personas diagnosticadas con hipertensión ocular persistente con uveítis viral anterior (POH-VAU), una dolencia cuya incidencia en la población china ha mostrado un incremento sostenido en los últimos años sin causa clara. Tras observar partículas virales del tamaño de 25 nanómetros en muestras extraídas durante intervenciones oftalmológicas, y no encontrarlas en voluntarios sanos, han recurrido a la utilización de anticuerpos marcados en oro para confirmar que se trataba de CMNV.
Para asegurar la relación causal del virus con la patología, el equipo ha multiplicado CMNV en cultivos celulares e infectado a ratones de laboratorio, reproduciendo en ellos los mismos síntomas experimentados por los pacientes. El estudio ha revelado que casi tres de cada cuatro afectados manipulaban marisco crudo sin guantes o consumían animales acuáticos crudos. Esta práctica se repite como el único nexo consistente en los historiales de exposición de los setenta pacientes investigados.
Los investigadores chinos han sintetizado que esta es la primera vez que se demuestra la vinculación entre un virus propio de animales marinos y una enfermedad ocular específica en humanos. A su vez, la revisión científica señala que, aunque la investigación se ha centrado en pacientes en China, la distribución global del virus CMNV obliga a tomar en consideración nuevos riesgos epidemiológicos asociados al manejo y consumo de productos marinos.