Lo que dice la ciencia sobre trabajar y escuchar música al mismo tiempo

Las conclusiones de la neurociencia sugieren que no existe una única respuesta sobre el efecto de la música en el trabajo: el beneficio o la distracción dependen tanto del tipo de tarea como del estilo musical

Lo que dice la ciencia sobre trabajar y escuchar música al mismo tiempo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ponerse unos auriculares mientras se trabaja o estudia es relativamente habitual, aunque depende un poco del gremio, de la tarea y de los jefes de cada cual. En muchas oficinas, que los trabajadores se pongan cascos es ya parte de la rutina diaria. Esta costumbre, asociada a la idea de que la música puede ayudar a mejorar el rendimiento, se ha extendido en distintos entornos laborales y educativos. Cabe plantearse, de cualquier forma, si esto es verdaderamente así siempre, si es lo mismo escuchar a Beethoven que a Skrillex o si da un poco igual la música o la falta de ella en términos de productividad y bienestar.

La utilidad de la música depende de la tarea

Por un lado, llevar cascos puede servir para crear una burbuja sonora que aparta los ruidos del entorno y da una sensación de aislamiento, pero esto no es necesariamente positivo en todas las situaciones. La diferencia suele estar en la exigencia de la tarea: mientras que en trabajos mecánicos la música puede ser un acompañante útil, en tareas complejas puede convertirse en un elemento distractor. Así, la gestión del entorno sonoro se convierte en un factor a tener en cuenta para proteger la capacidad de atención.

Según la revista especializada Cerveau & Psycho, el cerebro responde de modo diferente al silencio y a una melodía. La música activa varias áreas cerebrales de forma simultánea, lo que obliga a repartir la atención, que en realidad es un recurso limitado. De este modo, parte de la energía mental se dedica al procesamiento del sonido, restando recursos a la actividad principal y modificando la percepción de eficacia y concentración.

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Escribir o analizar documentos importantes mientras suena una lista de reproducción lleva a que el cerebro alterne entre procesar melodías y texto, lo que ralentiza la ejecución y aumenta el riesgo de cometer errores. Este fenómeno se intensifica con el volumen alto o los ritmos rápidos, generando una sobrecarga cognitiva que dificulta filtrar la información relevante y puede provocar fatiga mental o dolores de cabeza antes de lo previsto.

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Cuando las tareas son repetitivas y de poca demanda cognitiva - como archivar documentos, limpiar un cuarto o responder correos electrónicos -, sin embargo, la música puede resultar especialmente útil. En estos casos, el sonido actúa como un estímulo agradable que ayuda a sobrellevar la rutina y facilita la liberación de dopamina, lo que ayuda a estar de buen humor a lo largo de la jornada.

El trabajo que exige resolver problemas, aprender conceptos nuevos o planificar estrategias requiere toda la capacidad de concentración disponible. A la hora de realizar estas tareas, entonces, la música puede interferir en la organización lógica del pensamiento.

La interferencia es aún mayor si se escucha música con letra. El cerebro, encargado de procesar el lenguaje, no es capaz de gestionar de forma eficiente dos flujos verbales al mismo tiempo, lo que produce una superposición de palabras y resta comprensión. Por el contrario, las pistas instrumentales suaves interfieren menos, ya que no ocupan tanto el circuito del lenguaje.

Queda claro: la música puede tener efectos positivos y negativos en el trabajo, ayudando a mejorar el humor y la creatividad, pero también actuando como fuente de distracción en labores que requieren mucha concentración. Además, puede servir para atenuar ruidos indeseables del entorno, reducir la sensación de estrés y favorecer la memoria, siempre que se adapte a la tarea que se realiza.

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