La crianza está llena de momentos que enfrentan a los padres a una realidad clara: no hay un manual de instrucciones. A medida que los niños crecen, aparecen situaciones nuevas —en el colegio, en el parque o en cualquier entorno social— que obligan a las familias a reaccionar sin tener realmente claro si sus decisiones son las correctas. Saber cuándo intervenir y cuándo dejar espacio para que los hijos aprendan por sí mismos suele convertirse en un delicado equilibrio.
Uno de los retos más complejos surge cuando los niños comienzan a relacionarse con sus iguales. En esas primeras dinámicas sociales aparecen amistades, afinidades y también conflictos. Para muchos padres, observar estas interacciones desde fuera genera una mezcla de orgullo, preocupación e incluso impotencia cuando las cosas no salen bien.
En ese proceso, la exclusión social se convierte en una de las experiencias que más angustia provoca en las familias. Ver a un hijo quedarse solo en el patio o no ser elegido para un juego puede resultar profundamente doloroso. Sin embargo, según explican los especialistas en desarrollo infantil, la forma en la que los adultos reaccionan ante estas situaciones puede marcar una gran diferencia en cómo los niños aprenden a afrontarlas.
El neuropsicólogo Álvaro Bilbao (@soyalvarobilbao en TikTok) señala que se trata de una vivencia muy común en la infancia y que, en muchos casos, también remueve emociones profundas en los propios adultos. “Puede que no lo sepas, pero la situación más angustiosa para muchos padres es cuando su hijo se siente excluido. Y este es el paso a paso de cómo ayudar si te cuenta que nadie le eligió para jugar a la pelota o se quedó solo en el patio”, explica en uno de sus vídeos en redes sociales.
Cómo acompañar a los hijos que se sienten excluidos
Ante ese escenario, el primer impulso suele ser proteger al niño del dolor. Sin embargo, Bilbao advierte de que restar importancia a lo ocurrido puede tener el efecto contrario al que buscan los padres. “No intentes protegerle minimizando la situación. Es tentador decir ‘no pasa nada’, ‘ellos se lo pierden’ o ‘tú eres increíble’. Y es normal que el corazón se te encoja o que quieras estrangular a todos esos niños que no eligieron a tu tesoro”, señala.
El especialista subraya que la intensidad emocional que sienten los padres también tiene que ver con su propia historia personal. “Es un dolor muy real que suele conectar con todas esas veces en las que tú te sentiste excluido o excluida cuando eras pequeño”. Aun así, recuerda que en la infancia las relaciones entre iguales empiezan a cobrar un peso fundamental. “La realidad es que a partir de los cinco años los iguales importan muchísimo. Si le restas importancia, no se sienten más fuertes, se sienten más solos”.
Para el neuropsicólogo, entender que estas experiencias forman parte del crecimiento puede ayudar a los padres a acompañar mejor a sus hijos. “Recuerda que forma parte del desarrollo. Que le dejen fuera no significa que haya algo mal en tu hijo. Todos los niños están aprendiendo a relacionarse, a leer señales, a encontrar su grupo. Incluso en entornos sanos hay momentos de exclusión”, explica.
Otro error frecuente es intentar resolver el problema inmediatamente. “No corras a solucionarlo. Ir directo a ‘voy a hablar con la profesora’ puede aliviarte a ti, pero le hace sentir que es un problema que no puede solucionar por sí mismo y se sentirá más impotente la próxima vez”, advierte Bilbao.
En lugar de actuar de forma precipitada, el especialista propone empezar por la conexión emocional con el niño. “Así que empieza por conectar. Pregunta cómo te hizo sentir. Si está dolido, respóndele: ‘Claro, es normal sentirse triste. Tener amigos es importante. Gracias por contármelo’”, recomienda.
Después, añade, conviene ayudarle a reflexionar sobre cómo gestionó la situación. “Continúa intentando comprender cómo lo afrontó. Pregúntale: ‘¿Qué hiciste después?’ Y observa los recursos que ya utilizó, validando su forma de afrontarlo porque hizo lo mejor que pudo con los recursos que tenía”.
El último paso consiste en fomentar que el niño desarrolle sus propias herramientas sociales, lo que resulta “crucial”. “Ayúdale a cambiar el enfoque de ser elegido por los demás a aprender a elegir bien”, explica. Para ello, Bilbao sugiere preguntas que orienten la reflexión del niño sobre sus relaciones. “Puedes preguntarle ‘quién te hace sentir bien en el cole’, ‘quién parece amable’, ‘quién se parece más a ti’ o ‘a quién le gustan las mismas cosas que a ti’”, señala.
Este cambio de perspectiva puede transformar la forma en la que los niños entienden la amistad. “Esto suele ser un auténtico game changer, porque le ayudas a entender que tener buenos amigos no es ser popular, sino aprender a reconocer en otros la calidez y la bondad”, concluye.
El especialista insiste en que la actitud de los padres es clave en este aprendizaje. “Si te mantienes firme, cercano y sereno, le estarás enseñando que confías en que pueda atravesar las situaciones difíciles y que cuando se sienta angustiada o abrumado, puede confiar en ti, porque sabes escucharle y siempre estarás a su lado”.