Diez minutos, un “ataque aleatorio” y el asesinato más joven con cuchillo: un niño de 15 años es condenado por matar a otro de 12

El asesino también agredió a varias mujeres mayores antes y después del crimen

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Un niño de 15 años
Un niño de 15 años es condenado por matar a otro de 12. (Policía de West Midlands)

El 21 de enero de 2025, Leo Ross, un niño de 12 años, caminaba los diez minutos que separaban su escuela secundaria Christ Church CE en Yardley Wood (Inglaterra) de su casa. Hablaba por teléfono con un amigo y habían acordado encontrarse cerca de un árbol en Trittiford Mill Park. Su amigo llegó al punto de encuentro, pero Leo nunca apareció.

Un adolescente de 14 años se cruzó en su camino. No se conocían y no hubo provocación. El menor apuñaló a Leo en el estómago varias veces y lo dejó morir. Tras el ataque, arrojó el cuchillo a unos arbustos junto a un arroyo cercano. Luego, en un acto calculado, regresó al lugar en bicicleta, fingiendo casualidad, y pidió a un transeúnte que llamara a la policía. A los oficiales aseguró que simplemente se había topado con un cadáver desconocido, antes de regresar a casa hasta que fue arrestado.

El asesinato de Leo no fue un hecho aislado. Los días 19 y 20 de enero, el adolescente atacó a tres mujeres mayores en el mismo parque. Las empujó al suelo y las golpeó. A una de ellas, incluso con su propio bastón. Todas sufrieron heridas graves. Al día siguiente del asesinato, el 22 de enero, atacó a otra mujer de 82 años e intentó ahogarla.

El juicio y la salud mental del acusado

El juicio se retrasó durante más de un años para permitir evaluaciones psiquiátricas del adolescente. En enero de 2026, ya con 15 años, se declaró culpable del asesinato de Leo y también admitió dos cargos de causar lesiones corporales graves con intención, uno de agresión que ocasionó lesiones corporales reales y posesión de un arma blanca.

El abogado defensor, Alistair Webster, explicó que el joven tenía “formidables problemas de salud mental”, con antecedentes de autolesiones, pensamientos e intentos de suicidio, comportamiento de recolectar y almacenar su propia sangre, además de escuchar voces. Es más, le habían diagnosticado trastorno de conducta infantil y TDAH.

El juez reconoció estos problemas, pero subrayó: “Usted sabía y era consciente de las consecuencias de sus actos. Pensaba con serenidad y racionalidad”. “El salvajismo necesario para infligir tales lesiones a una anciana indefensa es difícil de comprender”. Estos ataques le causaban “el placer de observar las consecuencias”, añadió.

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La sentencia: “Un acto trágico y aleatorio”

Este martes, el Tribunal de la Corona de Birmingham dictó la sentencia: cadena perpetua con un mínimo de 13 años de prisión. No será liberado hasta que una Junta de Libertad Condicional determine que es seguro hacerlo. El inspector Joe Davenport calificó el crimen como “un acto de violencia trágico y aleatorio que mató a un niño inocente” y explicó que “no había ninguna indicación de que Leo y su asesino se conocieran”. La muerte de Leo puede ser la más joven con un arma blanca.

La familia de Leo, devastada, se dirigió al tribunal. Rachel Fisher, su madre, dijo entre lágrimas: “Esto nunca debió haber sucedido. La vida de Leo apenas debería estar comenzando. He perdido todo lo que tenía y habría tenido con él, mi primogénito”. Su padre, Christopher Ross, habló directamente al acusado: “Mira hacia arriba, hombre... tú mataste a mi hijo. Todos querían a Leo. Todos decían lo especial que era. Era el niño más amable que jamás podrías conocer”.

Fuera del tribunal, la familia sostenía una fotografía de Leo mientras Davenport leía su declaración: “Ninguna sentencia podrá jamás reparar ni compensar la pérdida de Leo ni devolverlo a nosotros. Nuestra familia vivirá con este dolor para siempre”. Rachel Fisher calificó los 13 años mínimos como “una broma total y absoluta” y dijo que “seguiría sucediendo una y otra vez hasta que se haga algo al respecto”.