Salchichón: propiedades, beneficios y contraindicaciones

El consumo de este embutido debe ser muy limitada debido a su alto contenido en grasas

Una tabla con salchichón (Shutterstock España)

El salchichón es uno de los embutidos más consumidos en España y más populares en la despensa de los hogares. Desde los bocadillos para el colegio, meriendas o tablas de embutidos que adornan las mesas, el salchichón es un producto ligado a la tradición y a una cultura de aprovechamiento máximo del cerdo.

Sin embargo, es importante conocer las propiedades nutricionales con las que cuenta este embutido. Aunque cuenta con algunos beneficios, su consumo debe ser limitado, como revelan los informes de la Fundación Española de Nutrición (FEN). Desde el punto de vista de su composición, el salchichón se caracteriza por un elevado contenido en grasa, que constituye su componente mayoritario, incluso por encima del agua.

Esta grasa es fundamentalmente saturada y monoinsaturada, un perfil habitual en los embutidos curados. Aunque las grasas monoinsaturadas se asocian a ciertos beneficios cardiovasculares, el predominio de grasas saturadas obliga a extremar la moderación en su consumo. En cuanto al colesterol, sus valores se sitúan en niveles similares a los de otros productos cárnicos y derivados, sin destacar especialmente dentro de este grupo.

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Ahora bien, el salchichón no es solo grasa. Se trata de un alimento con un alto contenido en proteínas de elevado valor biológico, gracias a su adecuada composición en aminoácidos esenciales, cuenta la FEN. Estas proteínas desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de la masa muscular, la reparación de tejidos y el correcto funcionamiento del organismo. Además, su contenido en hidratos de carbono es mínimo y carece de relevancia nutricional, lo que lo convierte en un producto prácticamente exento de azúcares.

El salchichón, un embutido que no es solo grasa

Uno de los aspectos menos conocidos, pero nutricionalmente más interesantes del salchichón, es su aporte en micronutrientes. Según la FEN, este embutido es una buena fuente de minerales como fósforo, selenio, hierro y zinc. El fósforo contribuye a la salud de huesos y dientes, el hierro participa en la formación de glóbulos rojos, el zinc refuerza el sistema inmunitario y el selenio actúa como antioxidante, protegiendo a las células del daño oxidativo.

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A ello se suma su riqueza en vitaminas del grupo B, especialmente niacina (vitamina B3), tiamina (B1), riboflavina (B2) y vitamina B12, todas ellas esenciales para el metabolismo energético y el buen funcionamiento del sistema nervioso. La niacina destaca especialmente por su contribución al mantenimiento de la piel y las mucosas en condiciones normales. De hecho, una ración habitual de salchichón, como la que se utiliza en un bocadillo, puede cubrir aproximadamente el 25 % de las ingestas recomendadas de niacina en hombres de entre 20 y 39 años con actividad física moderada, y hasta el 33 % en mujeres del mismo grupo.

Pese a estos aportes positivos, el consumo de salchichón debe realizarse con cautela. Su elevado contenido en grasa y sodio, este último derivado del proceso de salado y curación, hace que no sea recomendable un consumo frecuente. Un exceso de sodio puede favorecer la hipertensión arterial y aumentar el riesgo cardiovascular, especialmente en personas con enfermedades previas o con sensibilidad a la sal.

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