
El año 2026 sorprendió a Chenoa con un giro inesperado en sus planes. Tenía pensado pasar el fin de año en Mallorca con su familia, desconectando tras un “año 2025 muy fuerte”, pero el destino le tenía preparada otra jugada. En cuestión de días, se vio presentando las campanadas en televisión junto a Estopa, dos compañeros a los que conoce desde hace más de dos décadas. “Yo contaba con irme con mis padres”, reconoce, aún divertida por cómo cambió todo a última hora.
La propuesta para presentar las campanadas llegó deprisa y casi sin tiempo para procesarla. “Primero me quedé un poco… ¿Qué me estás contando? Y luego digo que sí, es lo que hago siempre”, cuenta. El reencuentro con Estopa fue uno de los puntos altos de la noche, ya que la relación entre ellos se mantiene intacta tras tantos años de escenarios y complicidades.

El proceso de preparación resultó a contrarreloj, con anécdotas propias de una noche tan especial. El vestido, creación de Alejandro de Miguel, se probó por primera vez solo un día antes. “Es la primera vez que le pruebo un vestido de una presentadora el día antes de las campanadas”, le confesó el diseñador, quien se emocionó al verla lista para el directo. Entre bromas, Chenoa reconoce que los excesos de polvorones no ayudaron demasiado al ajuste final, pero el equipo del modisto hizo magia.
A la hora de enfrentarse a la retransmisión, Chenoa confiesa que buscaba, ante todo, cercanía. “Cuando empecé a leer y vi que la gente decía ‘es como estar en casa’, y dije: ‘Ah, bien’”, recuerda. Y aunque sí le echó un ojo al feedback de las redes, admite que últimamente lee poco en redes sociales porque “me dan un poquito de miedo las lecturas de redes sociales”, pero en esta ocasión la reacción fue tan positiva como espontánea. El objetivo era acompañar a quienes estaban solos esa noche, sin más pretensión que la de compartir una charla informal: “A veces es simplemente acompañar a la gente que tiene sus historias, sus mochilas”.

En estos últimos años, Chenoa se ha convertido en una de las caras más activas de la televisión. No le da miedo el ritmo, ni la exposición: “Si no tengo trabajo, lo provoco”, asegura, y añade que, aunque a veces la gente se sorprenda, sigue yendo a castings como cualquier otra persona: “Voy al casting igual. El casting es muy duro, pero yo voy”.

El año pasado fue especialmente bueno para ella, y no duda en admitirlo: “Ha sido de los mejores de mi vida”, dice. Cumplir los 50 y disfrutar de una etapa tan plena es algo que valora mucho. Lejos de acomodarse, sigue sumando proyectos. Para este año, mantiene su presencia en The Floor, un programa que la tiene ilusionada porque los concursantes llegan cada vez más preparados, lo que hace que el ritmo sea “frenético”. Además, espera que Dog House tenga nueva temporada, tras haber alcanzado cuarenta adopciones en la anterior: “Hay que tener otras cuarenta más”, afirma, y destaca que en España aún queda camino por recorrer en la protección animal.
La música no se queda atrás en su agenda. “Ya tengo algunos conciertos cerrados, con lo cual genial”, adelanta, contenta de poder compaginar los escenarios con la televisión. No descarta volver al estudio de grabación cuando se presente la ocasión y mantiene abierta la puerta a Tu cara me suena. Sobre OT, explica que este año “descansa”, pero no cierra ninguna puerta de cara al futuro.
Chenoa vive cada reto con entrega total y se enorgullece de ser la única mujer, junto a la presentadora de Dinamarca, que ha presentado The Floor entre los treinta países donde se emite. “Este reto me gusta a mí”, señala, encantada de abrir camino en un formato habitualmente masculino. No teme probar formatos distintos, desde concursos de cocina hasta cameos en series, siempre con sentido del humor: “Yo ya lo hice. ¿Qué no he hecho yo? He cantado, he cocinado, he hecho de todo”.
En su vida personal, Chenoa busca la calma y la rutina sencilla. Prefiere los paseos con su perra, la compra en el mercadillo y la tranquilidad de casa a cualquier plan sofisticado. “La gente se piensa que vivo en Segovia… ¡Pero no la tengo!”, se ríe, desmontando mitos sobre su vida privada.
Después de veinticinco años de carrera, Chenoa hace balance y se queda con la experiencia y las ganas intactas de seguir adelante: “Todo irá bien. Al final, caerte también viene bien. Y levantarte y saber que no vas a gustar siempre”, reflexiona. “No puedo pedir más, más allá de lo que me va llegando y si lo puedo hacer bien y a la gente le gusta, ¿qué más quieres?”, resume.
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