Durante las celebraciones navideñas, el ambiente suele asociarse con reuniones familiares, abundancia de comida y momentos de disfrute colectivo. Sin embargo, para quienes viven con trastornos de la conducta alimentaria, este periodo puede convertirse en una etapa de tensión y malestar emocional.
La presión por compartir la mesa, escuchar comentarios sobre el cuerpo o la cantidad de alimento consumido, y la expectativa de mostrar alegría o gratitud en contextos sociales, intensifican el desafío para quienes se enfrentan a estas condiciones.
En este escenario, la voz de Luna Palma, médica residente en psiquiatría y creadora de contenido en TikTok bajo el usuario @dra.luna.palma, cobra relevancia. A través de sus publicaciones, Palma busca brindar herramientas y acompañamiento a quienes atraviesan dificultades alimentarias, especialmente en fechas sensibles como la Navidad.
Su enfoque se apoya en la validación de los sentimientos de ansiedad o incomodidad que pueden surgir frente a la comida y el entorno social, y en recordar que la experiencia de cada persona es legítima, incluso si no encaja con la imagen idealizada de las fiestas.
Autoestima y aceptación social
Palma enfatiza la importancia de separar el valor personal de la conducta alimentaria. Al afirmar que “tu valor no cambia por lo que comes”, la especialista invita a rechazar la creencia de que la comida determina la autoestima o la aceptación social.
Explica que el cuerpo no debe justificarse ante otros, desarmando la costumbre de dar explicaciones por el aspecto físico o las decisiones alimentarias. Además, al señalar que “cuidarte no es rendirte”, pone en primer plano la necesidad de priorizar el bienestar emocional, aunque eso implique poner límites o evitar situaciones que resulten dañinas.
La doctora destaca también el rol de las redes sociales como espacio de apoyo y visibilidad. Alentar a compartir su mensaje responde al deseo de que quienes se sienten solos encuentren contención y comprensión en la comunidad digital.
Según Luna Palma, reconocer el malestar y pedir ayuda no es señal de debilidad, sino un acto de coraje ante una situación compleja. Su propuesta busca, en definitiva, que estas fiestas no sean un motivo de sufrimiento, sino una oportunidad para cuidar la salud mental y acercarse a quienes realmente pueden acompañar el proceso.
Presión social y familiar
La presión social y familiar durante estas fechas puede adoptar múltiples formas. Comentarios acerca del aspecto físico, sugerencias sobre cuánto comer o comparaciones con otros miembros de la familia suelen aparecer en las conversaciones.
Estos estímulos resultan especialmente difíciles para quienes luchan con un TCA, ya que pueden reforzar pensamientos autocríticos y aumentar la ansiedad. Por eso hay que procurar que el entorno familiar y social mantenga una actitud respetuosa y evite juicios sobre los hábitos alimentarios ajenos.
Además, otro aspecto importante es redefinir el cuidado personal. No se trata únicamente de lo que se come o se deja de comer, sino de cómo se afrontan los desafíos emocionales que surgen en el contexto festivo.
La sugerencia de priorizar la salud mental implica permitirse descansar, buscar espacios seguros y recurrir a acompañamiento profesional si resulta necesario. Cada persona transita las fiestas de una manera distinta y todas las experiencias son válidas.
Por último, el llamado a compartir su mensaje cumple una doble función: sensibilizar a quienes no atraviesan estos problemas y brindar a quienes sí los viven la certeza de que no están solos. La psiquiatra apuesta a que la información y el acompañamiento puedan reducir el estigma y fomentar una red de apoyo real y efectiva, tanto en el ámbito digital como en el cotidiano.