Alfredo Molina, veterinario: “El abandono no siempre es dejar a un animal en la calle”

El experto informa sobre el abandono invisible de las mascotas, que aparece cuando las personas dejan de prestar atención a sus emociones o necesidades médicas

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Un perrito de mirada triste.
Un perrito de mirada triste. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El abandono animal a veces no adopta la forma más evidente. No siempre es dejar a un perro en la carretera o entregar un gato a una protectora. Existe otra realidad menos visible y más frecuente que también compromete el bienestar de los animales. Se trata de un abandono silencioso que ocurre dentro del hogar y que suele pasar desapercibido. Se manifiesta cuando se ignoran los síntomas o cuando se normaliza el malestar del animal.

Esta reflexión parte del mensaje compartido por el divulgador canino y veterinario Alfredo Molina, quien pone el foco en una responsabilidad cotidiana que muchos tutores no identifican como abandono. Según explica, no atender a una mascota cuando necesita ayuda médica o emocional también es una forma de desamparo. No implica mala intención, pero sí genera sufrimiento. “El abandono no siempre es dejar a un animal en la calle”, declara el experto.

Vivimos con animales que no pueden expresar el dolor con palabras. Perros y gatos comunican malestar a través de cambios de conducta, falta de apetito o apatía. Cuando esas señales se minimizan o se aplazan decisiones, el problema avanza. En muchos casos, una simple revisión veterinaria habría evitado dolor innecesario o complicaciones mayores.

En su columna en Infobae en Vivo, el periodista Leo Montero cuestionó la falta de compromiso de la sociedad y del Estado frente al abandono de animales. Enfatizó que la ayuda parcial no resuelve el problema y reclamó políticas públicas efectivas para la castración y el rescate

El veterinario insiste en que el verdadero compromiso con una mascota no se limita a cubrir lo básico. No es solo comida, agua y un techo. Implica observación y respuesta. Implica atención activa incluso cuando resulta costoso o requiere tiempo. Las mascotas dependen por completo de quienes las cuidan para acceder a una vida digna.

Las pequeñas decisiones que también cuentan

El abandono silencioso se construye con actos cotidianos. Se da cuando se normaliza que un animal tenga algún problema físico. Por ejemplo, que un perro cojee. “Hace poco vi a un perro cojeando por la calle, semanas después ya estaba peor. Ya había atrofia muscular por no usar esa patita”. Otros casos similares a estos serían la otitis crónica o los bultos que aparecen en el cuerpo. “Eso no es mala suerte, es abandono”, declara Molina lanzando un mensaje de cuidado animal y compromiso.

El abandono silencioso aparece cuando se asume que la apatía es cosa de la edad. Asimismo, se refuerza cuando se evita acudir al veterinario por miedo al diagnóstico. Cada una de esas decisiones, por mínima que parezca, tiene impacto directo en la salud del animal.

Un gato abandonado silenciosamente por
Un gato abandonado silenciosamente por su dueño en el entorno doméstico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Muchos problemas veterinarios comienzan de forma leve. Dolores dentales, infecciones o dolores articulares suelen mostrar señales discretas al inicio. Detectarlos a tiempo marca la diferencia entre un tratamiento sencillo y un proceso largo. Ignorar esas alertas no es neutral. Supone permitir que el animal viva con dolor.

Alfredo Molina recalca que cuidar también es observar, poniendo atención al comportamiento y actuando cuando algo cambie en la conducta del animal. En consecuencia, esta idea interpela desde el concepto de amor responsable. Amar a un animal no siempre es gratificante, ya que a veces implica decisiones difíciles. Implica acudir al veterinario aunque no sea un buen momento o asumir costes. “Lo que no puedes hacer es condenar a tu perro a sufrir cada día escondido detrás de tus excusas”, opina el especialista.

El veterinario recuerda que los animales no tienen alternativas. No pueden elegir, ni tampoco explicar sus síntomas. Por eso, minimizar su malestar rompe el vínculo de confianza que sostienen de forma incondicional.

Hablar de abandono como algo exclusivo de situaciones extremas limita el debate, mientras que amplificar el concepto permite prevenir sufrimiento. También ayuda a tomar conciencia de que cuidar es una acción continua, no un gesto puntual surgido de un capricho individualista. Atender a una mascota es un compromiso diario.