
El presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero llegó al final de su mandato en 2011 con un objetivo que había perseguido desde el primer día que puso un pie en la Moncloa: poner fin a ETA. A pesar del atentado en la T4 de Barajas, que en 2006 truncó el alto el fuego y se cobró la vida de dos personas, el entonces presidente del Gobierno mantuvo la convicción de que el diálogo era el único camino posible. “Los canales con ETA no se habían cerrado del todo”, narra la voz en off del capítulo tres de La última llamada, la serie documental de Movistar Plus+ sobre el mandato de los cuatro últimos presidentes del Gobierno en democracia, desde que Felipe González empezó su mandato en 1982 hasta el fin de Mariano Rajoy en 2018. “El presidente cree que puede poner fin a la violencia”, se asegura.
Una de las mayores creencias de Zapatero fue que podía mantener el diálogo con ETA. Esa convicción le vino de familia. “La figura de mi abuelo es el hecho capital político de mi trayectoria, sin duda alguna”, confiesa Zapatero. “Es el hecho fundacional que me ha inspirado, que me ha motivado”.
Su abuelo, el capitán republicano Juan Rodríguez Lozano, fue fusilado el 18 de agosto de 1936. Zapatero tenía 14 años cuando su padre le mostró el testamento que el militar escribió la noche antes de ser ejecutado. “Es muy impactante”, recuerda el expresidente. “Arranca diciendo: ‘Muero inocente y perdono. Pido a mis familiares y descendientes que perdonen’. Eso ha estado muy presente en mí. Me generó, sobre todo, una especie de desafío en favor de la no violencia”.
Desafío en favor de la no violencia
Aquel mensaje, heredado de una guerra civil y de un gesto de perdón frente al odio, se convirtió en el motor íntimo del proceso de paz. “Sabíamos cómo estaban las cosas”, relata Zapatero. “Con cierta frecuencia, cada dos meses, ellos enviaban mensajes. Querían llegar, querían negociar.”
Miguel Sebastián, entonces ministro de Industria, lo resume con una mezcla de orgullo y asombro: “Ahí sí que demostró que es, afortunadamente, cabezota. A pesar de todo lo que ocurrió con la T4, él siguió con el proceso hacia adelante.” Jesús Eguiguren, presidente del Partido Socialista de Euskadi entre 2002 y 2014, fue el enlace con el entorno de la banda. “Yo me seguía reuniendo con Arnaldo [Otegi]y él me iba contando los resultados de las asambleas, por tanto el camino ya era casi irreversible.
Finalmente, la decisión se tomó en París. “Esto quizá no se sabe mucho”, admite Zapatero. “En una reunión con la cúpula de ETA. Allí se decidió el final de la violencia”. El 20 de octubre de 2011 la organización emitió su comunicado anunciado el cese definitivo de su actividad armada.
Zapatero quiso vivir aquel momento solo. “Quise sentirlo en intimidad, porque solo había decidido arriesgar todo por ese final. Me emocioné, con algunas lágrimas que no son frecuentes en mí. Llamé a mi padre, llamé a mi hermano.” Su hermano, Juan Ángel Rodríguez Zapatero, recuerda la llamada: “‘Ya me puedo morir tranquilo”, le dijo al anunciar lo conseguido.
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