
Las previsiones del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) alertan sobre la llegada de una masa de aire africano con altas concentraciones de polvo a la zona centro de la península ibérica. La Comunidad de Madrid ha lanzado una advertencia preventiva a la población ante la presencia de este fenómeno entre el sábado 28 y el lunes 30 de junio, señalando posibles riesgos para la salud, sobre todo en personas vulnerables.
La Consejería de Medio Ambiente, Agricultura e Interior de la región ha detallado, de acuerdo con datos científicos, que las concentraciones de polvo previstas alcanzarán niveles que oscilan entre 5 y 200 microgramos por metro cúbico en superficie durante los días señalados. Este episodio, aunque no representa un peligro grave, sí podría afectar a quienes presentan afecciones respiratorias, motivo por el cual las autoridades recomiendan limitar el ejercicio físico al aire libre durante ese periodo, especialmente en el caso de los grupos de riesgo.
La recomendación sanitaria principal se dirige a las personas con dificultades respiratorias, que deben evitar actividades intensas al aire libre como medida preventiva. Además, la administración madrileña insta a la población a optar por el transporte público y reducir el uso de vehículos privados, buscando así disminuir la emisión de partículas y la concentración de contaminantes en el ambiente durante la presencia de la masa de aire africano.
La recomendación oficial incluye tanto medidas individuales como colectivas para limitar la exposición al polvo africano, haciendo hincapié en la importancia de proteger a los sectores más susceptibles frente a episodios de contaminación atmosférica.
Medidas generales para protegerse del calor extremo
Frente a temperaturas extremas, la adopción de ciertas precauciones puede marcar la diferencia entre el confort y el riesgo para la salud. Es fundamental permanecer en lugares frescos y ventilados durante las horas de mayor insolación, evitando en la medida de lo posible salir a la calle entre las 12 y las 17 horas, cuando el sol incide con mayor intensidad. En caso de que resulte imprescindible salir, se recomienda vestir prendas ligeras, de colores claros y tejidos transpirables, así como utilizar sombrero, gafas de sol y protector solar para minimizar los efectos nocivos de la radiación.
En el hogar, es aconsejable mantener las persianas bajadas y cerrar las ventanas expuestas al sol directo durante el día, mientras que durante la noche o las primeras horas de la mañana puede aprovecharse para ventilar y refrescar las estancias. El uso de ventiladores o equipos de aire acondicionado facilita que la temperatura interior se mantenga en niveles tolerables. Darse duchas o baños de agua templada contribuye a la regulación de la temperatura corporal.

La actividad física en exteriores debe relegarse a las primeras horas del día o al atardecer, para evitar la exposición directa al calor y la deshidratación. Los esfuerzos físicos intensos, como ejercitarse al aire libre o realizar labores pesadas, incrementan el riesgo de agotamiento térmico, por lo que conviene posponerlos o adaptarlos a las condiciones ambientales.
Recomendaciones para la hidratación y alimentación
El consumo regular de líquidos es básico para evitar la deshidratación durante una ola de calor. Se sugiere beber agua aunque no se sienta sed y evitar el consumo excesivo de bebidas con cafeína, alcohol o azúcar, ya que pueden acelerar la pérdida de líquidos. Las infusiones frías, jugos de frutas naturales y caldos vegetales son alternativas que ayudan a reponer minerales y mantener el equilibrio hidroelectrolítico.
En cuanto a la alimentación, se recomienda optar por platos frescos y ligeros, como ensaladas, vegetales, frutas ricas en agua —por ejemplo, sandía, melón o pepino— y evitar comidas copiosas o muy calientes que aumentan la sensación de malestar térmico. Mantener horarios regulares de alimentación y fraccionar las ingestiones alimenticias también favorece el bienestar general en días de intenso calor.
Cuidar la conservación de los alimentos resulta igualmente importante para prevenir intoxicaciones, dado que las altas temperaturas favorecen el deterioro de muchos productos. Es preferible almacenar debidamente los alimentos en refrigeración y consumirlos en el menor tiempo posible tras su manipulación.
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