
La comunicación con otras personas se basa en el intercambio de opiniones, los desacuerdos y los acercamientos. A través de los temas más complejos, en los que generalmente se generan debates porque cada uno tiene su parecer concreto, es posible ampliar la mente, mirar más allá de los pensamientos que se tenían hasta entonces y conocer otras posturas opuestas a las nuestras, algo que siempre es beneficioso para el intelecto.
Estas conversaciones, que pueden versar sobre política, religión o cuestiones morales y éticas, por ejemplo, pueden resultar incómodas, especialmente cuando las ideas de los interlocutores no son las mismas. Sin embargo, permiten salir de la “cámara de eco”, un concepto utilizado en los medios de comunicación y las redes sociales para referirse a los espacios en los que únicamente se mueven las personas que tienen una determinada opinión, lo que hace que esta idea se amplifique y se refuerce, llevando a la persona a considerar en ocasiones que su parecer es el único válido o existente.
Tal y como destaca el psicólogo Éric Fontaine en el sitio Sain et Naturel, que se dedica a la ecología, el bienestar, la psicología y las relaciones y que está asociado con el medio francés Ouest France, durante una de estas conversaciones difíciles habrá personas que demostrarán una apertura mental que les permita escuchar ideas discordantes y aprender de ellas. Sin embargo, otras prefieren cerrarse en banda y no salir de su propia postura. Estas, que demuestran ser poco inteligentes en este tipo de situaciones, suelen utilizar frases recurrentes.
“Lo que sea” o “Lo que tú digas”
Esta manera de finalizar una discusión parece neutral: la persona da por concluido el debate sin que desee continuar intercambiando opiniones. De esta manera, se cierra la posibilidad de continuar reflexionando y de avanzar hacia un entendimiento mutuo.
Además, en ocasiones y dependiendo del tono con el que se utilice, esta frase puede indicar un cierto enfado por la opinión del otro interlocutor o por lo haber conseguido hacerle cambiar de parecer.
“Esto es así”
Las personas que utilizan este tipo de frases evitan el esfuerzo de explicar los motivos por los que consideran que algo es de una determinada manera. No sustentan su opinión con argumento sólidos, sino que prefieren cerrar el debate con contundencia, sin dar pie a réplicas o a que la otra persona pueda indicar por qué las razones dadas no le parecen correctas.
“Yo soy así”
Estas declaraciones de identidad “bloquean el diálogo”, explica Fontaine. De esta manera, no se está abierto a un cambio, por lo que la persona que emite frases de este tipo se encierra en su propia personalidad y no considera que tenga defectos que deban reflexionarse y variarse.

Sin embargo, nuestros comportamientos son moldeables y estas conversaciones pueden permitirnos explorar los entresijos de nuestra propia psique, buscando aspectos que se deseen mejorar, algo para lo que hay que estar receptivo.
“Todo el mundo lo sabe”
Sin hacer referencia a un estudio concreto o una cita de autoridad específica, de esta manera se remite a una masa que presuntamente coincide en la misma idea que el interlocutor que emite la frase. Sin embargo, el psicólogo explica que generalmente estas palabras se refieren a “las pocas personas que piensan como yo”.
Se aleja del rigor que requiere una conversación de estas características y se evita utilizar argumentos sólidos, ya sea porque no existen, porque desconoce cuáles son o porque considera que el debate no es lo suficientemente importante como para explicárselo a la otra persona. Esto refleja un cierto orgullo que funciona mal en este tipo de situaciones, que pueden ser un buen espacio para crecer en cuanto a conocimientos.
“Porque lo digo yo”
Este tipo de sentencia generalmente se producen en las relaciones familiares, un ámbito en el que Éric Fontaine se ha especializado. De esta manera, el psicólogo explica que se pierde la credibilidad y que no hay una intención de acercar posturas y negociar.
“No lo entenderías”
Aunque estas conversaciones difíciles pueden servir para aumentar la claridad y la confianza, con este tipo de frases precisamente se bloquean estas cuestiones. “Suponer que la otra persona no es capaz de seguir la discusión equivale a sabotear el intercambio antes de que comience”, explica Fontaine.
De esta manera, se supone desde el comienzo que la otra persona no cuenta con los conocimientos, el entendimiento o la capacidad mental para captar un argumento complejo y debatirlo si es necesario. Es una postura que rompe el diálogo y que demuestra que una persona cree estar por encima de los demás.
“Es estúpido”
“Los insultos a menudo son señal de un pensamiento descuidado”. Este tipo de frases, aunque se dirigen concretamente sobre una opinión con la que no se está de acuerdo, actúa sobre la persona que ha emitido la postura. Se está atacando el pensamiento de alguien, incidiendo en que no lo ha podido decir alguien con una inteligencia reseñable.
Aunque no se esté de acuerdo con algo, la forma correcta de rebatirlo es a través de argumentos y explicando los motivos por los que se considera que la opinión contraria no es correcta.
“No me importa”
Este tipo de frases suelen indicar precisamente todo lo contrario de lo que se pretende: que realmente sí le importa, pero que quiere cerrar el debate para no profundizar en el tema. Es “una forma de impotencia o evasión y cortar cualquier contribución, incluso cuando a uno le hubiera gustado participar más”.
“Acordemos estar en desacuerdo”
Pese a que esta es una frase que puede utilizarse cuando el debate ya no da más de sí y se ha comprobado que cada persona tiene una idea distinta que no va a cambiarse, utilizarlo demasiado pronto es “un atajo para evitar la incomodidad de realizar un esfuerzo extra”. El psicólogo explica que la clave está en preguntarse si la conversación ha llegado a un punto muerto o se está produciendo una rendición demasiado temprana.
“Piensas demasiado en ello”
Cuando esta frase se produce en una conversación difícil o un debate, puede indicar que la persona no quiere realizar el análisis profundo que se requiere. De esta manera, se elude el trabajo intelectual, se bloquea la conversación y no se permite un intercambio comunicativo que podría ser beneficioso para ambas partes.
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