
Empiezas a dormir con tu peluche favorito al pasar a la cama grande como una forma de compañía. Con el tiempo, se convierte en una simple almohada y, en algún momento, desaparece de la rutina nocturna. Sin embargo, no siempre ocurre así. Hay personas adultas que continúan durmiendo con peluches, una práctica que puede parecer curiosa o incluso infantil.
No obstante, detrás de este hábito hay razones emocionales y psicológicas que explican su permanencia. Así lo ha explicado el enfermero Jorge Ángel, conocido en TikTok por divulgar contenidos de salud. Además, también ha compartido algunas advertencias sobre esta práctica.

La razón por la que hay adultos que aún duermen con peluches
Tal y como explica el popular enfermero, diversos estudios han señalado que la proximidad de un objeto con valor afectivo durante las horas de sueño puede tener efectos positivos en la salud emocional. Contar con un peluche, un amuleto, una fotografía o cualquier símbolo cargado de significado personal contribuye a reducir el estrés y la ansiedad, al tiempo que mejora la calidad del sueño. Así, la razón se encuentra en el componente psicológico de estos objetos: “Te da calma, te da seguridad”, afirma. Ahora, esto no solo se reduce a los peluches de la infancia, sino que también se aplica a cualquier elemento que evoque recuerdos, afectos o sensación de protección.
Este fenómeno no es nuevo, pero se ha observado con mayor frecuencia en contextos de incertidumbre o aislamiento, como ocurrió durante la pandemia. Según cuenta el enfermero, se trata de una respuesta emocional natural: al aferrarse a objetos con carga simbólica, las personas encuentran un refugio frente a lo desconocido.
Ahora bien, aunque en el caso de los adultos no tenga ningún tipo de consecuencia física, es importante saber que dormir con peluches no es seguro para los bebés. “No deben dormir ni con peluches, ni con mantas, ni ningún objeto que les pueda obstruir las vías respiratorias”, advierte.
Cuál es la forma más segura de que duerma un bebé
En línea con eso último, la Asociación Española de Pediatría (AEP), asegura que la forma más segura para que un bebé duerma es boca arriba, sobre un colchón firme y sin objetos sueltos en la cuna. Esta posición reduce el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL), una de las principales causas de mortalidad en menores de un año. Además, también recomienda que sea siempre cerca de la cama de sus padres.
Por su parte, los especialistas recomiendan que el bebé duerma en la misma habitación que los padres, pero en una cuna independiente, al menos durante los primeros seis meses de vida. Deben evitarse almohadas, peluches, mantas sueltas o protectores acolchados, ya que pueden obstruir las vías respiratorias del lactante.
La cuna debe estar despejada y con el bebé bien sujeto, sin sobre abrigarlo. También se desaconseja el uso de dispositivos antirreflujo, a no ser que lo indique expresamente un pediatra. La temperatura ideal de la habitación debe mantenerse entre los 20 y 22 grados. Además, no se debe fumar en el entorno del bebé.
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