
¿Con o sin IVA? Si son 100 euros, si no, 150. Ah, pues sin IVA, claro. ¿Puedo con tarjeta? No, tiene que ser en efectivo. Esta conversación la hemos vivido todos los españoles en algún momento. Con el fontanero, el cerrajero... En los casos más pequeños, o incluso a la hora de comprar un inmueble, hay quien como si de una película se tratara todavía paga en B con un maletín lleno de billetes. Y la suma de todas estas situaciones, desde las más diminutas a las más grandes, supone hasta un 24% de la economía española.
Es la tercera cifra más alta de los países de la Unión Europea, solo por detrás de Grecia (36%) e Italia (31%). Así lo determina un estudio recién publicado en la Revista de la Asociación Económica Europea titulado Repensando la economía informal y el efecto Hugo que ofrece una nueva perspectiva sobre la magnitud de la informalidad económica entre los Veintisiete. Este porcentaje es considerablemente más alto que en países como Francia o Alemania. Veamos por qué ocurre esto y cómo se ha llegado a esta conclusión.

La investigación, realizada por los economistas Francesco Pappadà y Kenneth S. Rogoff, introduce una novedosa metodología para medir la economía informal, denominada EVADE (Evading Value Added Duty Economy). Esta metodología se basa en el cumplimiento del Impuesto al Valor Añadido (IVA) y proporciona una estimación más precisa y transparente del tamaño de la economía sumergida en comparación con otros métodos convencionales que utilizan modelos complejos. A través de la observación de las brechas en los ingresos fiscales, especialmente del IVA, los autores han podido identificar y cuantificar la parte de la economía que escapa a la tributación oficial.
En periodos de crisis la economía sumergida aumenta
El estudio se basa en datos del periodo 1999-2020. En este tiempo, la volatilidad de la economía sumergida en España fue alta, con picos durante las recesiones y descensos durante las recuperaciones. Y es que, una de las conclusiones más relevantes de este estudio es la observación de un fenómeno denominado el Efecto Hugo, que demuestra que la economía sumergida tiende a aumentar durante las recesiones y a disminuir durante los periodos de crecimiento económico.
Este comportamiento refleja cómo, en tiempos de crisis, la formalización del trabajo y de la producción se ve limitada, lo que empuja a las personas y las empresas hacia la informalidad, mientras que en los periodos de bonanza, la informalidad tiende a reducirse.
El estudio confirma que un aumento del 1% en el crecimiento del PIB provoca una disminución de aproximadamente 0,60 puntos en la proporción de economía sumergida en los países analizados. Esto resalta la sensibilidad de la informalidad ante las fluctuaciones económicas y subraya la relevancia de considerar estos factores en la elaboración de políticas fiscales y laborales.
Comparación entre países de la Unión Europea
El informe muestra una amplia variabilidad en el tamaño de la economía sumergida entre los países de la UE. Mientras que en países como Grecia e Italia la economía informal es significativamente mayor, en países del núcleo europeo como Alemania (13%) o Francia (14%), la informalidad es considerablemente más baja. Sin embargo, el estudio destaca que, aunque los niveles absolutos de informalidad en estos países son menores, la volatilidad de la economía sumergida, medida por la fluctuación de su tamaño a lo largo del tiempo, es mucho mayor en los países con mayor informalidad, como España, Grecia e Italia. Esto pone de manifiesto la relación entre el ciclo económico y el tamaño de la economía sumergida, especialmente en los países más vulnerables a los cambios económicos.

Y esto tiene unas consecuencias, especialmente para las políticas fiscales y sociales. La evasión fiscal asociada a la informalidad reduce significativamente los ingresos del Estado, lo que a su vez limita la capacidad del gobierno para financiar servicios públicos esenciales, aumentar el gasto social o reducir la deuda soberana. En el caso de España, teniendo en cuenta que pierde un 24% del PIB por la economía sumergida, si lograra reducirla se podría mejorar la sostenibilidad fiscal y reducir la presión sobre el sistema tributario formal.
Para abordar este problema, los expertos sugieren que los gobiernos de los países con alta informalidad, como España, deben centrarse en mejorar la administración fiscal y hacer más eficiente el sistema de recaudación de impuestos, especialmente el IVA. Implementar políticas de digitalización y trazabilidad de pagos, como las transacciones sin efectivo, también puede ser una herramienta eficaz para reducir la evasión fiscal, ya que las transacciones digitales son más fáciles de monitorear por las autoridades fiscales.
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