
La transición hacia la movilidad eléctrica es uno de los objetivos climáticos fundamentales para lograr los objetivos de sostenibilidad que tanto España como la Unión Europea se han fijado en los próximos años. Según un informe reciente de EY y Eurelectric, la cifra total de vehículos eléctricos para 2030 superará los 75 millones, culminando un proceso de crecimiento acelerado. No obstante, su ritmo de crecimiento no es homogéneo a nivel europeo, ya que por ejemplo España se encuentra lejos aún de la media. Los datos muestran que, en 2023, las ventas de vehículos eléctricos representaron únicamente un 12% de las ventas totales. Además, en el acumulado del año actual, la cuota se sitúa en el 9,4% (menos que el año pasado), muy lejos del 20% de media que presenta la Unión Europea.
May López, directora de Desarrollo de la plataforma Empresas por la Movilidad Sostenible y profesora de la OBS Business School, ha presentado el IV Informe sobre la Movilidad Eléctrica en España, que analiza la evolución y el estado actual de los vehículos eléctricos en el país. El informe ofrece un diagnóstico detallado de la industria, identifica desafíos y propone soluciones para alcanzar los objetivos nacionales e internacionales en materia de sostenibilidad y reducción de emisiones. El informe destaca que el impulso de la movilidad eléctrica es crucial para lograr los objetivos de neutralidad climática establecidos por el Pacto Verde Europeo.
Este pacto tiene como meta hacer de Europa el primer continente climáticamente neutro para 2050, lo que implica reducir las emisiones de CO2 derivadas del transporte en un 90%. Además, la movilidad eléctrica es una pieza clave dentro del Plan de Acción de Contaminación Cero, especialmente en áreas urbanas donde la contaminación del aire es un problema crítico. En el informe se destacan tres áreas clave que requieren mejoras: la infraestructura de recarga, los precios y el almacenamiento y batería de los vehículos eléctricos.

Infraestructura de recarga: un reto operativo y de expansión
La infraestructura de recarga sigue siendo uno de los principales desafíos para la adopción masiva del vehículo eléctrico en España. Aunque el país ha superado los 30.000 puntos de recarga, según el informe de May López, la falta de operatividad de muchos de estos puntos, la escasez de estaciones de carga rápida y la limitada interoperabilidad entre distintos sistemas dificultan la experiencia de los usuarios.
Al cierre de 2023, el parque de vehículos eléctricos ascendía a 445.000, con alrededor de 30,350 puntos de recarga pública disponibles, de los cuales 9,954 eran de carga rápida. Si bien el ratio se mejoró con respecto a 2022 un 25%, en España el plazo de instalación de una electrolinera es entre tres y cuatro veces más largo que en otros países europeos como Francia, Bélgica, Italia, Suiza y Austria, variando de 24 a 36 meses.
El informe también subraya la necesidad de mejorar la infraestructura en zonas rurales y en áreas con alta demanda, así como agilizar los trámites administrativos. Se propone crear programas públicos municipales que incentiven la instalación de puntos de recarga y fomenten la interoperabilidad, facilitando el acceso de los conductores a la red de recarga sin importar el operador.
El precio: ¿cuándo será competitivo?
Uno de los grandes obstáculos que enfrenta el coche eléctrico es su precio de venta, considerablemente más alto que el de los vehículos de combustión interna. La razón principal de esta diferencia es el elevado coste de las baterías, que representan una parte significativa del valor total. Aunque la industria automovilística está trabajando para reducir el coste de las baterías, se estima que el punto de paridad de precios con los coches de combustión se alcanzará cuando las baterías logren un coste de 100 $/kWh. La mejora de los procesos de producción y la búsqueda de nuevas químicas y arquitecturas están acercando este umbral, pero aún queda camino por recorrer.
En España, el precio medio que los consumidores están dispuestos a pagar por un coche eléctrico ha aumentado un 7% en el último año, situándose en 30.515 euros, según un estudio del Observatorio Cetelem. A pesar de este incremento, los coches híbridos siguen siendo la opción preferida por los españoles, con un 44% de intención de compra, frente a un 16% de los coches eléctricos. A medida que los costes de las baterías bajen y los incentivos gubernamentales continúen, el coche eléctrico podría volverse más accesible, aunque se estima que aún puede tardar varios años en ser tan competitivo como sus equivalentes de combustión.
En este sentido, May López enfatiza en su informe la importancia de mantener e incrementar las ayudas a la compra, que deben ser más simples y efectivas en el momento de la adquisición del vehículo. En su opinión, los consumidores necesitan incentivos claros que hagan que la transición a la movilidad eléctrica sea atractiva desde el punto de vista económico. En este contexto, la fiscalidad juega un papel crucial. El informe propone una revisión de los impuestos sobre los vehículos, incentivando la compra de vehículos eléctricos y penalizando aquellos que más contaminan. Además, la intervención de los entes gubernamentales para aumentar las deducciones fiscales y las ayudas a la compra podría acelerar la adopción de estos vehículos y reducir la edad media del parque automovilístico español, que actualmente supera los 14 años.
Almacenamiento y baterías: un desafío tecnológico en evolución
El almacenamiento de energía y la autonomía de los vehículos eléctricos siguen siendo un reto técnico que preocupa a los consumidores. Las baterías, que representan uno de los componentes más costosos del vehículo, todavía no alcanzan la capacidad ni el tiempo de carga ideal para competir completamente con los vehículos de combustión. Además, según el informe de May López, la autonomía es una de las principales razones por las que los consumidores dudan en optar por un vehículo eléctrico.
Actualmente, los consumidores demandan una mayor capacidad de recorrido. Según un estudio de McKinsey & Co, la autonomía media que los usuarios consideran aceptable ha pasado de 435 a 469 kilómetros en el último año. Esta cifra refleja una preocupación generalizada sobre la limitación de distancia que los vehículos eléctricos pueden cubrir con una sola carga, especialmente para aquellos que realizan trayectos largos o no tienen acceso frecuente a puntos de recarga rápidos.
De media, los coches eléctricos pueden recorrer sin recargar alrededor de 250 kilómetros de media en España, con baterías de entre 30 y 50 kWh de capacidad. Para un consumo urbano, se muestra como una opción sensata, pero para trayectos largos dista mucho de competir en este momento con los vehículos de combustión.
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