
Durante años, Raquel Morillas fue uno de esos rostros de Gran Hermano que siguen recorriendo los platós tras su paso por la popular casa de Guadalix. La que fuera participante de la tercera edición del reality —de la que salieron rostros televisivos como Kiko Hernández— se hizo un hueco en programas de máxima audiencia por su relación con Noemí Ungría, su trágico accidente de coche y su turbulenta separación. Sin embargo, su vida actual es muy distinta.
Cuando han pasado más de dos décadas desde su paso por el reality más exitoso de la televisión, Raquel ha decidido apartarse de los platós y llevar una vida tranquila en Alicante, donde desde 2019 trabaja como vendedora de cupones, un empleo humilde que le permite subsistir sin los lujos y caprichos a los que estuvo acostumbrada en una época en la que, según ella misma ha confesado, derrochaba todo el dinero que ganaba gracias a su popularidad.
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El afán por gastar la llevó a caer en una ludopatía. Así lo relataba a El Español: “En una mañana he llegado a perder 1.000 euros en la ruleta. (...) Iba a los centros recreativos, ahí es donde más dinero perdí. Jugaba al póquer por el móvil, era ‘doña apuestas’, pero gracias a dios estoy recuperada y estoy muy bien”. En uno de esos recreativos conoció a su actual pareja, una mujer de la que se enamoró locamente, por la que dejó a su segunda esposa, con la que llevaba 8 años de relación, y hasta superó su adicción al juego.

En plena pandemia, Raquel le pidió matrimonio a su chica, con quien ahora comparte esta etapa de plenitud y discreción. “Tengo una vida muy tranquila y muy feliz”, confiesa en conversación telefónica con Infobae España.
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La ex gran hermana asegura que su pasado “está más que superado”. “Es algo que no pasa por mi cabeza. Pasó en su momento y ahí se quedó”, añade. No obstante, sigue habiendo gente que la reconoce al encontrársela en su puesto de la ONCE en la puerta de un supermercado de la costa alicantina. Y no todos esos transeúntes han sido igual de simpáticos. “Alguna vez me han dicho ‘para esto has quedado’, pero ya le gustaría a más de uno tener el trabajo que yo tengo”, asevera Morillas.
Aunque sabía que podía enfrentarse a ese tipo de valoraciones desafortunadas, Raquel confiesa que nunca tuvo reparos en dar el paso a convertirse en vendedora de cupones. “La gente juzga, hagas lo que hagas, seas directora de un banco o en el trabajo más rastrero que haya. Es un trabajo superdigno y estoy supercontenta”, afirma la exconcursante del formato de Zeppelin.
En esta ‘nueva vida’, para Raquel Morillas no es una opción volver a participar en un reality o trabajar en televisión. “Mi vida está muy tranquila, vivo en paz y es algo que no puede decir todo el mundo”, sentencia.
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